Los proyectos del Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía no estarán operativos hasta 2036 o 2040

Los proyectos del Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía no estarán operativos hasta 2036 o 2040
El Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía identifica decenas de aprovechamientos reversibles sobre embalses estatales, pero sigue en fase de estudios dos años después de su lanzamiento. Los primeros concursos no se esperan hasta 2027 y las obras se irían más allá de 2032, muy lejos de las necesidades del sistema eléctrico.

El Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía, el PNAHE, fue concebido por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico como una de las piezas clave para integrar grandes volúmenes de generación renovable mediante centrales hidroeléctricas reversibles apoyadas en embalses de titularidad estatal. Sin embargo, el despliegue real del programa se encuentra todavía en una fase embrionaria, muy alejada de los calendarios que exige el sistema eléctrico. La iniciativa no ha pasado aún de la etapa de planificación técnica y ambiental, sin que exista ningún proyecto adjudicado o en construcción derivado directamente del PNAHE.

La base del programa es ambiciosa desde el punto de vista técnico. La propia documentación ministerial apunta a un inventario inicial de 31 proyectos de bombeo puro y 8 de bombeo mixto distribuidos por distintas cuencas hidrográficas, todos ellos diseñados para aprovechar infraestructuras ya existentes como depósitos superiores o inferiores. En términos de sistema, esto implica la posibilidad de añadir varios gigavatios de potencia gestionable y decenas de gigavatios hora de almacenamiento, en un contexto en el que España apenas supera hoy los 6 GW de bombeo instalados y aspira a alcanzar los 10 GW antes de 2030.

Sin embargo, el desarrollo administrativo del programa está marcando el ritmo real. El contrato para redactar, priorizar y someter a evaluación ambiental estratégica el PNAHE, adjudicado a una unión temporal de ingenierías, contempla un plazo de ejecución de 24 meses. Esto significa que, en la práctica, el programa no estará completamente definido antes de mediados o finales de 2027, momento a partir del cual deberían comenzar los primeros concursos de concesión para explotar estos saltos reversibles. Ese desfase inicial condiciona toda la cadena de desarrollo posterior.

A partir de ahí, los plazos se dilatan de forma significativa. Las previsiones sectoriales sitúan las primeras licitaciones en el entorno del último trimestre de 2027 y las adjudicaciones en los años siguientes, con un calendario que empuja el inicio de las obras hacia la década de 2030. En función de la complejidad de cada emplazamiento (excavación de cavernas, túneles hidráulicos, nuevas conducciones forzadas, adaptación de presas existentes), los tiempos de construcción pueden oscilar entre cinco y ocho años, lo que sitúa la entrada en operación de los primeros proyectos del PNAHE entre 2032 y 2036, e incluso más allá de 2040 en los casos más complejos.

Cartera de proyectos

La cartera de proyectos, aunque todavía no publicada de forma sistemática y completa, sí deja entrever su escala y diversidad. En la cuenca del Duero, por ejemplo, se han identificado al menos dos aprovechamientos reversibles dentro del programa, uno de bombeo puro y otro mixto, con una potencia conjunta en torno a 230 MW y una capacidad de almacenamiento cercana a los 2,8 GWh. Son instalaciones de tamaño medio, concebidas para dar soporte diario al sistema mediante ciclos de carga y descarga de varias horas.

Uno de los casos más ilustrativos que ha trascendido es el del embalse de Navamuño, en Salamanca, incluido en los borradores como proyecto prioritario. Las cifras que se manejan apuntan a una central de bombeo puro de unos 280 MW de potencia, con una energía almacenable en torno a 2,2 GWh y un volumen de embalse superior cercano a los 2,9 hectómetros cúbicos. Se trataría de una instalación diseñada para ofrecer del orden de ocho horas de generación continua a plena carga, en línea con los estándares de almacenamiento intradiario que demanda un sistema con alta penetración renovable. Pero, pese a su carácter prioritario, su estado es todavía preliminar, sin proyecto constructivo aprobado, sin declaración de impacto ambiental y sin calendario cierto de licitación.

En el mismo esquema conceptual se inscriben otros desarrollos potenciales en grandes sistemas hidráulicos, especialmente en el eje del Tajo. Allí se concentra buena parte del interés técnico del programa por la existencia de grandes embalses en cascada. Proyectos como el de Alcántara II, impulsado al margen del PNAHE pero representativo de su lógica, permiten entender la magnitud de lo que se pretende. Esta central reversible, con unos 440 MW de potencia y una capacidad de almacenamiento que ronda los 16 GWh, se apoya en los embalses de Alcántara y Cedillo y requiere una compleja infraestructura subterránea de túneles, cavernas y sistemas de conexión a red de alta tensión. Su tramitación ambiental ha sido larga y compleja, lo que anticipa las dificultades que afrontarán los proyectos del programa estatal.

Infraestructuras ya existentes

Algo más avanzados están los desarrollos sobre infraestructuras ya existentes con concesiones en vigor, como el caso de Valdecañas, donde una iniciativa empresarial ha logrado iniciar la puesta en servicio de uno de sus grupos de bombeo tras obtener las autorizaciones correspondientes. Con una potencia en el entorno de los 225-275 MW según fases y configuraciones, este proyecto demuestra que cuando se parte de activos ya operativos y de marcos concesionales consolidados, los plazos pueden acortarse significativamente. Pero también evidencia que ese no es el punto de partida del PNAHE, que debe ordenar desde cero el uso energético de numerosos embalses públicos.

El problema de fondo es la divergencia entre la necesidad del sistema y la velocidad de la administración. El despliegue masivo de renovables está generando ya episodios recurrentes de vertido de energía y tensiones en la gestión de la red, especialmente en determinadas franjas horarias. El almacenamiento hidráulico es, desde el punto de vista técnico, una de las pocas soluciones capaces de aportar potencia firme, inercia y capacidad de regulación a gran escala. Sin embargo, el principal instrumento público diseñado para impulsarlo avanza con los tiempos propios de la planificación hidrológica y ambiental, no con los de una transición energética acelerada.

En este contexto, el PNAHE corre el riesgo de convertirse en un programa estructuralmente desfasado respecto a los objetivos del propio sistema eléctrico. Sobre el papel, España dispone de una red de embalses capaz de albergar decenas de centrales reversibles y multiplicar su capacidad de almacenamiento. En la práctica, la falta de proyectos maduros, la complejidad regulatoria y los largos plazos de tramitación hacen que ese potencial siga siendo, por ahora, una promesa a largo plazo más que una solución inmediata. La paradoja es evidente: mientras el sistema necesita almacenamiento en esta década, las “presas-batería” del Estado no empezarán a aportar energía, en el mejor de los casos, hasta bien entrada la siguiente.

Redacción

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