Sánchez refuerza su “vía china” al margen de Bruselas en busca de inversiones y equilibrio comercial

Sánchez refuerza su “vía china” al margen de Bruselas en busca de inversiones y equilibrio comercial
El presidente del Gobierno culmina en Pekín su cuarta visita en apenas dos años con el objetivo de atraer inversión y corregir el abultado déficit comercial con China. Sin embargo, el movimiento vuelve a tensionar la estrategia común de la Unión Europea frente a la potencia asiática.

Pedro Sánchez ha cerrado este miércoles en Pekín su cuarta visita oficial a China desde 2023, un ritmo sin precedentes entre los líderes europeos que confirma un giro sostenido en la política exterior española. Bajo el argumento de diversificar alianzas sin romper la lealtad a la Unión Europea, el Gobierno busca consolidar una relación económica más estrecha con la segunda economía mundial en un momento de creciente competencia geopolítica.

El viaje se produce con cifras que explican tanto el interés como la urgencia: China exporta a España bienes por valor de unos 45.000 millones de euros anuales, mientras que las ventas españolas apenas alcanzan los 7.000 millones. El resultado es un desequilibrio comercial cercano a los 38.000 millones de euros, reflejo de una tendencia estructural que se repite en toda Europa y que Bruselas lleva años intentando corregir sin demasiado éxito.

La apuesta de Sánchez pasa por atraer inversión china “de calidad” que contribuya a reindustrializar España, especialmente en sectores como el automóvil eléctrico, las energías renovables o la tecnología. En este contexto se enmarca la negociación de un denominado Acuerdo de Inversión de Alta Calidad, que incluiría cláusulas de transferencia tecnológica, contratación de proveedores locales y creación de empleo. La posible implantación del fabricante chino BYD en Tarragona es el ejemplo paradigmático de este enfoque: no basta con la inversión, se exige impacto industrial.

Sin embargo, esta estrategia bilateral no está exenta de riesgos. La Unión Europea intenta articular una respuesta común frente a China basada en la llamada “autonomía estratégica”, con instrumentos como la reciente Ley de Aceleración Industrial, destinada a proteger sectores clave y reducir dependencias. Cada iniciativa nacional que se negocia directamente con Pekín debilita esa posición conjunta, precisamente en un momento en el que Bruselas busca mayor cohesión.

El problema es, en buena medida, estructural. Mientras la Comisión Europea aspira a negociar en bloque, China prefiere tratar con los Estados miembros por separado, aprovechando sus distintas necesidades económicas. España, como otras grandes economías europeas, ha optado por no esperar a una solución comunitaria que puede tardar años en materializarse. Pero ese pragmatismo tiene un coste político evidente: fragmenta la capacidad negociadora europea y refuerza la posición de Pekín.

El contexto global añade presión. China mantiene una enorme capacidad industrial excedentaria que vuelca en los mercados internacionales a precios muy competitivos, lo que amenaza a sectores estratégicos europeos como el acero, las baterías o los vehículos eléctricos. Al mismo tiempo, controla buena parte de las materias primas críticas y tierras raras, esenciales para la transición energética. España, consciente de esa dependencia, busca garantizar su acceso sin quedar atrapada en una relación asimétrica.

Desde el Gobierno se defiende que esta aproximación no contradice la línea europea, sino que la complementa. Pero la realidad es más ambigua. La insistencia en acuerdos bilaterales refleja, en el fondo, la falta de una política común eficaz y la presión de los intereses nacionales a corto plazo. En ese equilibrio inestable, Sánchez ha optado por moverse rápido, aunque ello implique adelantarse, o desmarcarse, de Bruselas.

La imagen simbólica del viaje, con el presidente español invitado al exclusivo estanque de peces koi reservado por la dirigencia china a visitas selectas, ilustra bien la dimensión política del acercamiento. Pekín ofrece reconocimiento y acceso; a cambio, espera interlocutores dispuestos a mantener canales abiertos incluso en un contexto de tensiones crecientes con Occidente.

La cuestión de fondo es si esta estrategia dará resultados tangibles o si se quedará en declaraciones de intenciones. Todo dependerá de la letra pequeña de los acuerdos que se firmen y de su capacidad para corregir desequilibrios reales. Si España logra atraer inversión con transferencia tecnológica y mejorar su acceso al mercado chino, habrá ganado una posición relevante. Si no, el riesgo es haber debilitado la posición europea sin obtener beneficios significativos.

En última instancia, la “vía china” de Sánchez refleja un dilema compartido por toda Europa: cómo relacionarse con una potencia imprescindible sin aumentar la dependencia. La diferencia es que, en este caso, España ha decidido recorrer ese camino por su cuenta.

Virginia Moreno Valverde

Virginia Moreno Valverde

Tengo experiencia en el ámbito del periodismo, tanto escrito como audiovisual, así como en el campo de la comunicación institucional y empresarial. Actualmente colaboro como contertulia en diferentes programas radiofónicos y escribo en diferentes soportes. También me encargo del gabinete de prensa y la comunicación institucional de diferentes entidades, labores que incluyen desde la consultoría de comunicación, la gestión de redes sociales, newsletter y web, la coordinación de eventos, la gestión, convocatorias de medios y relación con prensa.

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