La CHD continúa en su línea, bajo la tutela de la dirección general del agua, y Aagesen no la corrige: 500 años de patrimonio hidráulico en riesgo
La Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil apoya la modernización del regadío y está al lado de la Comunidad de Regantes de Presa de la Tierra. Pero modernizar no puede significar borrar acequias, molinos y cauces históricos, perder biodiversidad ni dejar sin solución a las huertas que tradicionalmente recibían agua.
Hay obras de ingeniería que, después de siglos de servicio, dejan de ser únicamente infraestructuras para convertirse en patrimonio. Ese es el caso del Sistema Hidráulico Histórico de la Presa de la Tierra, en la Ribera del Órbigo. Y conviene subrayar desde el principio la palabra sistema.
No estamos hablando únicamente de una presa ni de unas viejas acequias que puedan sustituirse sin más por tuberías modernas. Estamos ante una red compleja de presas, derivaciones, regueros, molinos, caz y socaz, partidores, compuertas, saltos, fábricas y huertas que durante siglos ha configurado el paisaje, la agricultura y la economía de estos pueblos. Su historia está documentada desde 1524 y la Universidad de León ha conmemorado recientemente su V Centenario. Son quinientos años de ingeniería hidráulica.
La posición de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil es clara: apoyamos la modernización del regadío y apoyamos a la Comunidad de Regantes de Presa de la Tierra. El campo necesita eficiencia, ahorro de agua, telecontrol y competitividad. Los regantes no son enemigos del patrimonio. Durante generaciones han mantenido este sistema y han permitido que llegue hasta nosotros. Pero modernizar no puede significar borrar.
Casi 93 kilómetros de acequias
La resolución ambiental del proyecto contempla la retirada de 92.513,72 metros de acequias que quedarían en desuso. Casi 93 kilómetros. Conviene precisar responsabilidades. La modernización no es promovida por la Dirección General del Agua. El promotor es SEIASA, dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y el órgano sustantivo del proyecto pertenece igualmente a Agricultura.
Pero existe otro dato igualmente importante: la retirada de esos casi 93 kilómetros se incorporó a la documentación del proyecto en respuesta a una consideración formulada por la Confederación Hidrográfica del Duero. Por tanto, la pregunta que debe responder la Confederación es muy sencilla: ¿Qué se pretende retirar y qué valoración histórica, ambiental y patrimonial se ha realizado antes de hacerlo?
Nadie propone conservar indiscriminadamente 93 kilómetros. Habrá tramos modernos de hormigón y conducciones carentes de interés patrimonial cuya retirada resulte razonable. Pero otros siguen trazados centenarios, alimentaron molinos, atraviesan pueblos y llevaron agua a huertas durante generaciones. Primero hay que inventariar. Después estudiar.Después proteger lo que lo merezca. Y solo entonces decidir qué puede desaparecer.
Molinos, energía e historia hidráulica
El Catastro de Ensenada, en el siglo XVIII, demuestra que Presa de la Tierra era mucho más que un sistema agrícola. En Benavides aparecen cuatro molinos harineros, tres de ellos expresamente situados sobre la Presa de la Tierra. En Hospital de Órbigo existían cuatro casas de molinos con tres ruedas cada una. La documentación señala incluso que determinados molinos dejaban de trabajar algunos meses porque el agua se destinaba entonces al riego.
Hace casi tres siglos ya se sabía compatibilizar agricultura y aprovechamiento energético. En San Feliz aparecen otros molinos movidos por acequias; Veguellina llegó a disponer de cuatro instalaciones que sumaban nueve ruedas; y las Ordenanzas de 1945 continuaban reconociendo derechos de agua a molinos y fábricas.
Incluso hoy las tarifas oficiales de la Confederación para el Canal de Presa de la Tierra mantienen una categoría específica para “Molinos”. Y la propia documentación de ITACyL identifica numerosos molinos, fábricas y cauces vinculados históricamente al aprovechamiento del agua. Todo ello confirma que no estamos ante simples conducciones obsoletas, sino ante un auténtico patrimonio hidráulico, construido, utilizado y transformado durante siglos.
Un molino no son cuatro paredes
Un molino hidráulico no es solo un edificio. Es su toma, el caz que conduce el agua, las compuertas, el salto, la maquinaria y el socaz por el que el agua regresa. Conservar cuatro paredes y destruir la acequia que explica su funcionamiento no es conservar verdaderamente el patrimonio.
La Presa de la Tierra, Presa Hospital, Presa de la Tabla, Presa Pajillera, Presa Varbacana, Presa de Veguellina, Presa de El Salvador y las restantes derivaciones forman, junto con molinos y obras de fábrica, un verdadero sistema hidráulico histórico. Proteger el molino y eliminar el cauce sería como conservar una estación histórica levantando todas las vías.
También está en juego la biodiversidad
Existe además un elemento del que se habla poco. Las acequias y pequeños cauces tradicionales no son únicamente conducciones de agua. Después de décadas o siglos de funcionamiento pueden convertirse también en corredores ecológicos. El propio informe ambiental del proyecto reconoce la existencia de vegetación de ribera asociada a cauces y zonas encharcadas.
Estos pequeños sistemas acuáticos pueden ofrecer hábitat a vegetación, anfibios, macroinvertebrados, peces, aves y otras especies. Por tanto, secar permanentemente determinados cauces históricos puede suponer también una pérdida de biodiversidad, además de afectar al paisaje y a la vegetación asociada. No afirmamos que todos los tramos tengan idéntico valor ecológico. Precisamente pedimos lo contrario: que se estudie antes de eliminar.
Las huertas necesitan agua
El problema, además, no es solo patrimonial ni ambiental. Existen huertas y fincas que han dejado de recibir el agua por los cauces tradicionales y sus propietarios reclaman continuar regando. La posición de la Asociación es clara: hay que determinar qué huertas tienen derecho a continuar regándose y garantizarles efectivamente el agua necesaria.
No hablamos de un caudal ornamental. Hablamos de agua para regar. Habrá que determinar derechos, superficies, épocas y caudales, pero una modernización destinada a utilizar mejor el agua no debería acabar dejando sin ella aprovechamientos tradicionales que legalmente deban mantenerse. Además, ese mismo caudal puede contribuir a conservar cauces históricos, vegetación, biodiversidad, molinos y paisaje. Eso es precisamente ingeniería: compatibilizar necesidades.
Dos máximas responsables hidráulicas y ninguna ingeniera de Caminos
Y aquí creemos necesario plantear una reflexión. La actual responsable de la Dirección General del Agua es licenciada en Derecho y pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. También la presidenta de la Confederación Hidrográfica del Duero es licenciada en Derecho y cuenta con formación en Ciencias Jurídicas de las Administraciones Públicas.
Ninguna de las dos es ingeniera de Caminos, Canales y Puertos. Naturalmente, ser jurista no incapacita a nadie para gestionar una Administración hidráulica. Pero tampoco parece irrelevante que dos puestos de máxima responsabilidad sobre unos sistemas hidráulicos extraordinariamente complejos carezcan de formación específica en ingeniería hidráulica.
Porque en situaciones como esta echamos en falta esa mirada de ingeniería que, antes de eliminar, pregunta:
¿Puede rehabilitarse?
¿Puede mantenerse parcialmente?
¿Puede compatibilizarse con el nuevo regadío?
¿Puede seguir llevando agua a determinadas huertas?
¿Puede conservarse el molino y su sistema?
¿Qué consecuencias tendrá dejar seco el cauce para el patrimonio y la biodiversidad?
La ingeniería no consiste únicamente en construir. También consiste en conservar, adaptar y encontrar soluciones.
La vicepresidenta tercera Sara Aagesen debe intervenir
La responsabilidad política no termina en la Confederación ni en la Dirección General. La Confederación Hidrográfica del Duero está adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Dirección General del Agua. Y la máxima responsabilidad política corresponde a la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen.
No corresponde a Sara Aagesen dirigir la modernización promovida por Agricultura y SEIASA. Pero sí le corresponde la política hidráulica estatal, la orientación de la Dirección General del Agua y la tutela política de las Confederaciones. Y creemos que debe intervenir y corregir esta orientación allí donde corresponda. Máxime cuando la propia Estrategia Nacional de Restauración de Ríos exige valorar, antes de eliminar determinadas infraestructuras, sus efectos económicos, sociales, ambientales, culturales y paisajísticos.
Puente Mesa: que sirva de advertencia
Tenemos un precedente reciente. En enero de 2026 la Confederación Hidrográfica del Duero derribó el azud de Puente Mesa, entre Veganzones y Cabezuela, en Segovia.
La actuación está siendo investigada judicialmente para determinar, entre otras cuestiones, si pudo producir daños al medio ambiente o al patrimonio histórico. No corresponde anticipar la decisión judicial. Pero sí extraer una enseñanza: cuando la excavadora ha terminado, ya es demasiado tarde para descubrir después que aquello tenía valor. No repitamos ese error en el Órbigo.
La Junta de Castilla y León debe actuar
La última responsabilidad es distinta y corresponde a la Junta de Castilla y León: proteger el patrimonio cultural. Por ello, la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil pide a la Junta que incoe el expediente para declarar Bien de Interés Cultural todo el Sistema Hidráulico Histórico de la Presa de la Tierra, preferentemente como Paisaje Cultural.
No solo la presa principal. También acequias y presas secundarias, regueros, molinos, caz y socaz, partidores, compuertas, saltos, antiguas fábricas, huertas y paisaje asociados. Proteger no significa paralizar. Significa saber qué tenemos antes de decidir qué destruimos.
Con los regantes y con su historia
Terminamos donde empezamos. La Asociación está al lado de la Comunidad de Regantes de Presa de la Tierra. Apoyamos la modernización. Apoyamos el ahorro de agua. Apoyamos una agricultura competitiva.
Pero también defendemos que se garantice el agua de las huertas que legalmente deban seguir regándose, que no se pierda innecesariamente biodiversidad y que no desaparezca sin estudio un patrimonio hidráulico de quinientos años.
Agricultura y SEIASA deben revisar las consecuencias del proyecto allí donde sea necesario. La Confederación debe explicar y reconsiderar aquello que proceda. La Dirección General del Agua debe revisar su política. Sara Aagesen, como vicepresidenta tercera, debe intervenir. Y la Junta de Castilla y León debe proteger.
Modernicemos el regadío, pero hagámoslo con los regantes y sin borrar quinientos años de historia, patrimonio hidráulico y biodiversidad de la Ribera del Órbigo.
