Madrid reactiva tras los incendios la ampliación de la M-501 con un túnel bitubo y 416 millones

Madrid reactiva tras los incendios la ampliación de la M-501 con un túnel bitubo y 416 millones
La Comunidad de Madrid estudiará la prolongación de la autovía de los Pantanos desde Navas del Rey hasta el límite autonómico, pasando por Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias. La actuación, recuperada en plena reconstrucción de la Sierra Oeste, intervendría sobre unos 30 kilómetros e incluiría un túnel bitubo de 2,5 kilómetros. El proyecto retoma una aspiración planteada desde los años noventa y afronta considerables retos geotécnicos, ambientales y jurídicos.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha anunciado el inicio de los estudios para prolongar el desdoblamiento de la M-501 desde Navas del Rey, donde termina actualmente la autovía, hasta el límite con la provincia de Ávila. La estimación preliminar del Gobierno regional asciende a 416 millones de euros y divide la actuación en dos grandes tramos: una nueva conexión entre Navas del Rey y Pelayos de la Presa y la continuación durante aproximadamente 22 kilómetros por San Martín de Valdeiglesias hasta Castilla y León.

El anuncio llega pocas semanas después del gran incendio que afectó este verano a unas 27.000 hectáreas de la Sierra Oeste y a 17 municipios, incluidos los tres atravesados por el corredor. La infraestructura se ha presentado dentro del programa político y económico de recuperación de la comarca, junto con ayudas a empresas, restauración de montes y reparación de carreteras. El incendio no es, sin embargo, el origen del proyecto, estudiado intermitentemente durante tres décadas, pero sí parece haber actuado como acelerador político al reforzar el debate sobre la conectividad, la evacuación de poblaciones y el acceso de los servicios de emergencia.

Conviene también precisar el alcance administrativo de la decisión. La Comunidad no ha aprobado un proyecto de construcción ni ha elegido definitivamente el trazado. Tampoco existe por ahora una declaración de impacto ambiental, una dotación presupuestaria completa o un calendario de obras. Lo anunciado es el comienzo de un estudio que deberá determinar si la infraestructura resulta técnica, económica y ambientalmente viable. Los 416 millones son, por tanto, una primera valoración, no un presupuesto cerrado de licitación. La Comunidad sitúa la intensidad de tráfico por encima de los 15.000 vehículos diarios en algunos tramos de calzada única, con puntas superiores durante el verano y los fines de semana.

Principal corredor del oeste de Madrid

La M-501 constituye el principal corredor del oeste madrileño. Comunica la capital con Brunete, Chapinería, Navas del Rey, Pelayos y San Martín, y continúa como CL-501 hacia el valle del Tiétar. Su función es doble: canaliza los desplazamientos cotidianos de una población creciente y concentra un tráfico recreativo muy estacional, ligado a los embalses de San Juan y Picadas y a las segundas residencias. Los incendios han puesto de relieve una tercera función: la carretera es una infraestructura crítica para evacuar núcleos y urbanizaciones y para introducir medios de extinción. Al mismo tiempo, uno de los focos de julio comenzó al arder un vehículo en el arcén de la propia M-501, lo que recuerda que una mayor intensidad de circulación también incrementa los riesgos de ignición en la interfaz urbano-forestal.

La conversión en autovía de este eje se estudia desde mediados de los años noventa, cuando ya se planteaba prolongar el desdoblamiento hacia San Martín y construir una alternativa al sinuoso puerto de San Juan. En 1997 se aprobó técnicamente un proyecto de trazado de mayor alcance, pero la declaración de impacto ambiental de 1998 solo consideró aceptable su sector oriental. La parte occidental fue rechazada por su incidencia sobre espacios de elevado valor ecológico y hábitats vinculados, entre otras especies, al águila imperial ibérica y al lince ibérico.

Entre el final de aquella década y los primeros años del siglo XXI, la carretera se transformó progresivamente en autovía desde Madrid hasta Quijorna. Entre 2005 y 2008 se ejecutaron los aproximadamente 18 kilómetros entre Quijorna y Navas del Rey, el último gran desdoblamiento construido. Aquella obra se convirtió en un precedente jurídico que condicionará cualquier ampliación futura.

Precedentes jurídicos

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló en 2008 los acuerdos de aprobación del tramo Quijorna-Navas, decisión confirmada por el Tribunal Supremo en 2011. Ese mismo año, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró que España había incumplido las directivas sobre evaluación ambiental y conservación de hábitats, entre otros motivos por no estudiar adecuadamente los efectos indirectos y acumulativos de los diferentes proyectos en que se había dividido la actuación. La sentencia europea constituye una advertencia contra la fragmentación artificial de una infraestructura para tramitar separadamente sus impactos. La situación de la autovía construida se regularizó posteriormente mediante una evaluación ambiental a posteriori, acompañada de pasos de fauna, restauraciones vegetales, medidas de protección del agua y programas de vigilancia. La nueva ampliación no podrá acogerse a ese precedente para abreviar trámites: deberá ser evaluada antes de su aprobación.

La prolongación reapareció en sucesivos programas políticos. Esperanza Aguirre la prometió en 2009 y volvió a defenderla en 2011, condicionada al presupuesto y a la autorización ambiental. Los ayuntamientos de la comarca reclamaron la infraestructura en 2016 y Díaz Ayuso asumió el compromiso durante la campaña autonómica de 2019. Ese año, un estudio elaborado por Sener para Seopan analizó un desdoblamiento de 20 kilómetros entre Navas del Rey y el límite regional, con una inversión de 120 millones de euros y unos gastos de conservación y explotación de 1,8 millones anuales. El informe calculaba una relación beneficio-coste de 3,88 y atribuía 345 millones de euros de beneficio social al ahorro agregado de tiempo.

Aquella propuesta no es directamente comparable con la actuación de 416 millones anunciada ahora. Además de utilizar precios anteriores a la inflación reciente de la construcción, estudiaba un corredor más corto y no desarrollaba con el mismo alcance la solución subterránea ahora planteada. El nuevo esquema sumaría alrededor de 30 kilómetros y tendría como elemento singular un túnel bitubo de aproximadamente 2,5 kilómetros. Si esa longitud se refiere, como es habitual, a cada tubo, habría que excavar cerca de cinco kilómetros de galería principal, además de las conexiones transversales y las instalaciones auxiliares.

Justificar el cambio de opinión

Resulta significativo que el proyecto se reactive después de haber sido expresamente descartado. En marzo de 2024, el Gobierno regional contestó en la Asamblea que no preveía duplicar la M-501 entre Navas y Pelayos ni acometer un tratamiento integral del corredor. Alegó las afecciones sobre las zonas especiales de conservación de las cuencas de los ríos Guadarrama, Alberche y Cofio y sobre la zona de especial protección para las aves de los encinares del Alberche y el Cofio. Añadió que los estudios de capacidad solo habían detectado problemas de nivel de servicio en dos puntos. El nuevo expediente deberá justificar qué ha cambiado desde entonces: la demanda, la seguridad vial, la resiliencia frente a incendios, la recuperación económica o una combinación de estos factores.

El trazado preliminar se iniciaría en el final de la autovía existente, al oeste de Navas. La primera fase buscaría una conexión más directa con Pelayos, evitando el recorrido actual por el puerto de San Juan. Las informaciones disponibles describen unos 5,4 kilómetros en superficie y un túnel bitubo de 2,5 kilómetros, aunque se desconocen la posición de los portales, las pendientes, los radios, los enlaces y las estructuras. Desde Pelayos partiría una segunda fase de aproximadamente 22 kilómetros que pasaría por San Martín y terminaría en el límite autonómico, donde enlazaría con la CL-501. El recorrido actual entre Navas y San Martín suma unos 17,8 kilómetros: 11,8 hasta Pelayos y otros seis hasta San Martín. Una variante más recta a través del puerto reduciría la longitud y eliminaría buena parte de las irregularidades geométricas, pero no existe una previsión oficial del ahorro de tiempo.

Una estimación técnica permite situarlo entre cinco y ocho minutos en condiciones de circulación fluida. El cálculo supone que la carretera actual se recorre con una velocidad media efectiva de entre 65 y 75 kilómetros por hora, debido a curvas, accesos y limitaciones locales, y que la futura autovía permitiría medias de entre 90 y 100 kilómetros por hora. Durante los fines de semana de verano el ahorro podría ser mayor, pero cuantificarlo exige un modelo con matrices origen-destino, curvas horarias y demanda inducida. El beneficio principal probablemente sería la mayor regularidad del viaje y la reducción del riesgo de adelantamientos y colisiones frontales.

Perforación del puerto de San Juan

La perforación del puerto de San Juan sería el elemento constructivo determinante. Antes de escoger el método de excavación se necesitarían sondeos, cartografía geológica, ensayos geomecánicos y un modelo hidrogeológico capaz de anticipar entradas de agua y posibles conexiones con cauces próximos a los embalses. En función del macizo rocoso podrían emplearse perforación y voladura, excavación secuencial con sostenimiento inmediato o equipos de ataque puntual. La utilización de una tuneladora difícilmente podría justificarse sin conocer la uniformidad del terreno y la geometría definitiva.

Los tubos necesitarían galerías de evacuación, ventilación, iluminación de emergencia, detección de incendios, comunicaciones, videovigilancia, drenaje, energía redundante y conexión con un centro de control. El proyecto deberá resolver el acceso de bomberos, la evacuación de usuarios y la gestión del material excavado. Los portales serán especialmente sensibles por la estabilidad de los desmontes, la recogida de escorrentías y su impacto visual.

El incendio no simplifica estos problemas. La pérdida de cubierta vegetal aumenta la erosión y la velocidad de escorrentía, por lo que los modelos hidrológicos tendrán que contemplar arrastres de cenizas, sedimentos, troncos y bloques hacia los embalses de San Juan y Picadas. Los desmontes, caminos de obra y depósitos de materiales podrían agravar esa situación. Al mismo tiempo, los corredores no quemados se convierten en refugios esenciales para la fauna y en vías para la recolonización del territorio, lo que incrementa la importancia de evitar su fragmentación.

Los incendios no reducen la protección ambiental

Que el paisaje aparezca ahora calcinado tampoco reduce su protección jurídica. La evaluación ambiental no podrá considerar como referencia únicamente el estado posterior al fuego: deberá reconstruir las condiciones anteriores mediante inventarios históricos, ortofotografías, imágenes de satélite y datos sobre hábitats y especies, y valorar la evolución esperable de la regeneración. Los espacios de la Red Natura 2000 mantienen sus límites y sus objetivos de conservación aunque su vegetación haya sido dañada.

Además, el artículo 50 de la Ley de Montes prohíbe durante al menos 30 años el cambio de uso forestal de los terrenos incendiados y las actividades incompatibles con su recuperación. Las excepciones exigen que el cambio estuviera previsto antes del incendio en un instrumento de planeamiento suficientemente avanzado o que una ley reconozca razones imperiosas de interés público de primer orden y establezca compensaciones forestales equivalentes. La existencia de antiguas promesas no basta necesariamente para acreditar esa planificación previa, sobre todo cuando en 2024 la Comunidad sostenía que el desdoblamiento no estaba previsto. La afección deberá comprobarse parcela por parcela una vez exista un trazado.

Mantener el tráfico durante las obras será otro condicionante. En el primer tramo podría conservarse la M-501 actual mientras se ejecutan fuera de su plataforma el nuevo trazado y los túneles. Donde se duplique la carretera existente, la secuencia previsible consistiría en construir primero la nueva calzada, trasladar provisionalmente a ella los dos sentidos y rehabilitar después la plataforma actual para utilizarla como segunda calzada. Los enlaces, pasos sobre cauces y empalmes exigirían desvíos protegidos, trabajos nocturnos y algunos cortes breves. También habría que mantener permanentemente una ruta para los servicios de emergencia.

Presupuesto y amenazas de sobrecoste

Los 416 millones equivalen a cerca de 14 millones por kilómetro, aunque el túnel, sus instalaciones, los portales y las estructuras absorberán una parte desproporcionada. Las principales amenazas de sobrecoste serán la geología no prevista, las entradas de agua, los tratamientos del terreno, las expropiaciones, la reposición de servicios y las compensaciones ambientales. A ello se sumará el coste de ciclo de vida de la ventilación, iluminación, vigilancia y sistemas contra incendios.

La tramitación ambiental será probablemente el camino crítico. El estudio deberá comparar el desdoblamiento completo con soluciones como una carretera 2+1, variantes locales, rectificaciones de curvas, mejora de enlaces o gestión inteligente del tráfico. Tendrá que analizar conjuntamente la autovía, la restauración forestal, los nuevos accesos y las infraestructuras de prevención de incendios. También deberá integrar pasos de fauna, cerramientos, restauración de taludes y drenajes adaptados como corredores ecológicos desde el comienzo del diseño.

El final de la autovía en la frontera regional plantea otra cuestión. Si Castilla y León no adapta la CL-501, los cuatro carriles madrileños desembocarán en una carretera convencional, trasladando el cuello de botella hacia el oeste. La coordinación deberá abarcar el enlace, las previsiones de tráfico y los protocolos de conservación, evacuación y extinción de incendios.

No existe un plazo oficial. El estudio de alternativas y las campañas de campo podrían requerir entre 12 y 18 meses; la evaluación ambiental y la información pública, entre 18 y 30 meses; y la redacción del proyecto, las expropiaciones y la contratación, uno o dos años adicionales. La construcción del túnel difícilmente bajaría de tres o cuatro años. Incluso sin recursos judiciales ni problemas geotécnicos, completar el corredor en menos de seis u ocho años sería exigente, y la ejecución sucesiva de las dos fases podría llevar el horizonte más allá de ocho o diez años.

El incendio ha proporcionado así un contexto político nuevo para una infraestructura antigua, pero no ha despejado su camino ambiental. Puede reforzar la justificación de una vía de evacuación más segura y de mejores accesos para emergencias, aunque también hace más vulnerable el territorio que deberá atravesar. Antes que perforar el túnel, el primer gran trabajo de ingeniería será encontrar una alternativa capaz de superar simultáneamente cuatro pruebas: demanda acreditada, geología asumible, utilidad real ante emergencias y compatibilidad con la regeneración de la Sierra Oeste.

Redacción

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