Torres Quevedo, el ingeniero que adelantó el siglo XXI 

Torres Quevedo, el ingeniero que adelantó el siglo XXI 
La muestra, ofrece un novedoso recorrido visual que envuelve al visitante con infografías, planos, cianotipos, pantallas de televisión, fotografías, vídeos, maquetas, publicaciones originales, etc, interrelacionadas e integradas en un concepto común: la genialidad de el más prodigioso inventor de su tiempo.

Leonardo Torres Quevedo (Santa Cruz de Iguña, Cantabria, 1852-Madrid, 1936) puede considerarse el ‘ingeniero total’. Patentó el transbordador, el primer teleférico concebido para el transporte de personas, materializado en el Monte Ulía (San Sebastián) y el río Niágara (Canadá). Diseñó y construyó sus máquinas algébricas para la resolución de ecuaciones polinómicas. Presentó la patente de sus dirigibles autorrígidos, con soluciones vigentes en el siglo XXI, y del telekino, primer mando a distancia completo de la historia y precedente de los actuales drones. Y, sobre todo, con sus Ensayos sobre Automática, sus ajedrecistas y su aritmómetro electromecánico se adelantó en varias décadas tanto a los teóricos de la computación como a los constructores de los primeros ordenadores del siglo XX.

En un mundo como el del siglo XXI, dominado por la Informática y la Inteligencia Artificial, parece obligado empezar recordando y reivindicando a Torres Quevedo como el pionero de la Computación. En la exposición se detalla cómo, a finales del siglo XIX, con su Memoria sobre las máquinas algébricas y los diferentes modelos de demostración que construyó con tecnología mecánica, especialmente el husillo sin fin original que se exhibe, cedido por la Real Academia de Ciencias de Madrid, se convirtió en la figura mundial en la mecanización del cálculo. También cómo, entrado el siglo XX, ofreció a la humanidad los primeros autómatas que consiguieron “imitar” el pensamiento humano.

La solución al problema del vuelo se trata en la sección dedicada a sus dirigibles, esos globos autorrígidos, trilobulados por la viga interior de sección triangular de la que colgaba, sin deformarlo, la barquilla con sus motores y aeronautas que, ensayados en Madrid y en Guadalajara, se comercializarían desde Francia y el Reino Unido estableciendo los fundamentos para todos los dirigibles que se construyen en el siglo XXI. Se ilustran con las maquetas del Torres Quevedo 1 (obra de Christine Denöel) cedida por el Espacio Leonardo Torres Quevedo de La Serna de Iguña, y del Astra-Torres nº 1 (obra de Guillermo Garijo) cedida por la Fundación Enaire.

Como no puede ser de otra manera, el transbordador, ese medio de transporte con cabinas suspendidas por caminos aéreos para el transporte de personas con total seguridad, ocupa un lugar central en la exposición con maquetas tanto del transbordador del Monte Ulía, primer teleférico para personas abierto al público en el mundo (obra de Carlos Ortega, de Irikilabs del Centro Tabakalera de San Sebastián), como del transbordador del Niágara (realizada por Roberto Alberdi), el primer teleférico para personas que sigue sobrevolando el río Niágara después de más de cien años.

La cuarta sección es, quizá, la más original, pues nos descubre la obra de un genio que conocíamos como ingeniero de caminos, industrial, aeronáutico, de telecomunicaciones o informático, pero no como ingeniero naval, una aportación también pionera materializada en su proyecto de buque campamento, la propuesta de unión de náutica y aeronáutica en un navío, en la binave, el origen de los catamaranes modernos, y, muy especialmente, en el bote Vizcaya, primer barco teledirigido de la historia, como puede comprobarse en las maquetas de las tres embarcaciones (obra de Marcos Pérez Domingo) cedidas por AMONAVAL Laredo.

Una especial atención se presta en esta sección al telekino, la creación que pone en relación las diferentes invenciones: un autómata electromecánico que, concebido inicialmente sólo como mando a distancia para teledirigir las pruebas de los dirigibles sin arriesgar vidas humanas, se convertiría, por un lado, en el origen de los drones; por otro, en el punto de partida de su Automática; y, singularmente, en elemento integrante de las primeras embarcaciones eléctricas teledirigidas de la historia.

La exposición, organizada por la Autoridad Portuaria de Santander con el diseño expositivo de Arauna Studio y comisariada por Francisco A. González Redondo, podrá visitarse en el Palacete del Embarcadero (Muelle de Calderón s/n) del 7 de noviembre al 8 de enero, en horario de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas. Domingo de 11:00 a 14:00 horas. La entrada al centro es gratuita.

Redacción

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