Sánchez encarga a Cuerpo la gestión de Transportes y elogia a Puente tras su dimisión
El vicepresidente primero, que no milita en el PSOE y ha descartado presentarse a las elecciones, asumirá las funciones de Transportes sin abandonar Economía. Sánchez elogia ahora la dimisión de Puente después de haber respaldado su continuidad. El relevo deja un margen mínimo antes del 29N para ejecutar unas reformas cuya aplicación se prolongará, según las propias previsiones del Gobierno, hasta 2027.
Pedro Sánchez ha anunciado hoy que Carlos Cuerpo asumirá transitoriamente las funciones del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible tras la dimisión de Óscar Puente. El presidente evita incorporar un nuevo miembro al Ejecutivo y concentra en su vicepresidente primero, que mantiene Economía, la responsabilidad política de gestionar la crisis ferroviaria en vísperas de las elecciones generales. En su declaración, Sánchez ha destacado la capacidad de gestión, la integridad y el talante de Cuerpo como credenciales para el encargo.
La elección tiene una particularidad política: el encargado de afrontar esta última etapa de la legislatura no pertenece al PSOE y ha rechazado incorporarse a sus candidaturas. Cuerpo ya explicó en abril, en una entrevista con Carlos Alsina, que su trayectoria había discurrido por la Administración y que no formaba parte del partido. El pasado 16 de octubre reiteró que no concurriría a las elecciones del 29 de noviembre, aunque también dejó claro que se identifica con el proyecto del Gobierno y que pedirá el voto para su continuidad. Su independencia orgánica convive, por tanto, con un compromiso político explícito con el Ejecutivo.
Su perfil profesional está asentado en la economía y las finanzas públicas. Licenciado por la Universidad de Extremadura, con un máster en la London School of Economics y un doctorado por la Universidad Autónoma de Madrid, ingresó por oposición en el Cuerpo de Técnicos Economistas del Estado. Antes de llegar al Consejo de Ministros trabajó en la Comisión Europea, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal y el Tesoro. Su biografía oficial acredita experiencia económica y administrativa, pero no recoge una trayectoria especializada en explotación ferroviaria o seguridad de las infraestructuras. Para esas materias dependerá del criterio y de la capacidad de ejecución de los equipos del departamento y sus organismos.
Defensa de Puente
El anuncio del relevo ha llegado acompañado de una defensa de Puente. Sánchez ha presentado su dimisión como una muestra de respeto a las víctimas y como una contribución a recuperar «la confianza no solo en nuestro sistema ferroviario, sino también en la dignidad política». La declaración institucional, realizada sin preguntas de los periodistas, ha permitido al presidente elogiar simultáneamente la gestión del ministro y su decisión de abandonar el cargo.
Ese mensaje supone un giro respecto al que el propio Gobierno difundía apenas unas horas antes. El martes, después del Consejo de Ministros, fuentes del Ejecutivo aseguraron que Puente no dimitiría, que Sánchez no lo destituiría y que seguiría encabezando la candidatura socialista por Valladolid. Según aquella explicación, asumir responsabilidades exigía permanecer al frente del departamento, aportar información y aplicar las medidas necesarias para recuperar la confianza. Su salida estaba, afirmaban, completamente descartada. Esa misma noche, Puente anunció su dimisión al terminar su comparecencia ante la Diputación Permanente.
La contradicción afecta al criterio con el que Sánchez ha defendido la continuidad de su ministro. El propio Puente había relatado días antes que puso el cargo a disposición del presidente y que este consideró injusto cesarlo. También sostuvo que marcharse habría sido la opción fácil y que permanecer era la forma de cumplir con su deber. Ahora, la misma presidencia que avaló ese razonamiento atribuye a la renuncia un valor ejemplar. El cambio deja pendiente explicar por qué la continuidad era necesaria para resolver la crisis y por qué su final se presenta inmediatamente como una solución para recuperar la confianza.
El respaldo presidencial venía de antes de Urda. Tras el accidente de Adamuz, Sánchez ya había reivindicado públicamente a Puente por su gestión y por haber dado la cara desde el primer momento. La dimisión cierra así una etapa sostenida por la confianza del presidente y obliga a examinar también las decisiones de quien lo nombró y mantuvo en el puesto. La salida del ministro modifica la dirección política de Transportes, pero las investigaciones tendrán que determinar las causas de los accidentes y las responsabilidades que correspondan.
Sin tiempo para poner en marcha las reformas
Para Cuerpo, el calendario ofrece un margen extraordinariamente reducido. Entre el anuncio de su encargo y las elecciones quedan 25 días; hasta el comienzo oficial de la campaña, el 13 de noviembre, apenas nueve. En ese intervalo deberá familiarizarse con el departamento, supervisar la respuesta a la emergencia y comprobar la ejecución de las medidas anunciadas por su antecesor. Son plazos que permiten adoptar decisiones inmediatas y exigir información, pero difícilmente completar una transformación del sistema ferroviario.
Las elecciones tampoco determinan que su responsabilidad termine automáticamente el 29 de noviembre. El Gobierno cesante continúa en funciones hasta la toma de posesión del siguiente, de modo que el encargo podría prolongarse durante la formación del nuevo Ejecutivo. En esa etapa, la Ley del Gobierno limita la actividad al despacho ordinario de los asuntos públicos, con excepciones por urgencia acreditada o interés general expresamente justificado. La atención a la seguridad ferroviaria conservaría, por tanto, cauces de actuación, aunque dentro de un marco de provisionalidad política.
El propio plan aprobado el martes muestra la distancia entre los tiempos electorales y los de la ingeniería. Incluye completar el despliegue del ERTMS de nivel 2 en la línea Madrid-Sevilla y una auditoría extraordinaria de sus sistemas de seguridad. Según las previsiones expuestas por Puente, ambos trabajos estarán terminados a comienzos de 2027. Hasta entonces se prevé reducir las frecuencias cuando se reanude el servicio y recurrir a trenes en doble composición para amortiguar la pérdida de capacidad. Cuerpo hereda, por tanto, actuaciones que el Gobierno ya sitúa más allá de las urnas.
Compromisos incumplidos tras Adamuz
Otras propuestas, como el nuevo software de los centros de control, el agente de inteligencia artificial y el gemelo digital de la red, requieren desarrollo e implantación. Anunciarlas no permite contabilizarlas todavía como barreras de seguridad operativas. El margen inmediato del vicepresidente estará en comprobar qué protocolos están realmente aplicándose, qué medios necesitan los profesionales y qué condiciones deben cumplirse para recuperar servicios.
También recibe compromisos anteriores pendientes. Renfe informó el 16 de octubre de que siete de las 24 actuaciones del acuerdo posterior a Adamuz cuya ejecución correspondía a otros organismos seguían en tramitación. La operadora defendía que había cumplido sus propias obligaciones. Ese balance no acredita una relación causal con Urda, pero sí aporta una referencia para evaluar la gestión: identificar quién debe ejecutar cada medida, con qué recursos y en qué fecha.
Sánchez ha optado por añadir esa tarea a las responsabilidades que Cuerpo ya ejerce en la Vicepresidencia Primera y Economía. La decisión permite cubrir de inmediato la vacante, pero concentra la dirección de la crisis en un ministro con otras obligaciones de primer nivel. Su gestión podrá medirse antes de las elecciones por los protocolos efectivamente implantados, los resultados de la supervisión y la transparencia sobre los trabajos pendientes. Las reformas que requieren meses seguirán necesitando responsables, financiación y continuidad después de que termine la campaña.
