Marruecos proyecta superar los 1.800 hm³ anuales de desalación en 2031 con grandes plantas y nuevas redes de transporte
El país prepara un salto de capacidad apoyado en Casablanca, Rabat y cinco instalaciones que suman otros 900 hm³ al año. El objetivo lo situaría en una escala comparable a la del parque desalador español actual, aunque las cifras nacionales incluyen distintos tipos de agua y usos. La disponibilidad de electricidad y las conducciones hasta los centros de consumo serán determinantes para materializar el programa.
Marruecos quiere convertir la desalación en una infraestructura estructural de su abastecimiento. La documentación del proyecto de presupuestos para 2027 sitúa el objetivo nacional por encima de los 1.800 hectómetros cúbicos anuales en 2031, según la información publicada por el Gobierno marroquí. El Gobierno prevé que esta tecnología permita cubrir cerca del 60% de las necesidades de agua potable, además de contribuir al suministro agrícola e industrial. Son dos magnitudes diferentes: la capacidad total de desalación incluye agua destinada a distintos usos y no puede identificarse íntegramente con el abastecimiento doméstico.
El volumen previsto equivale a unos 4,93 millones de metros cúbicos diarios. Frente a los 420 hm³ anuales de capacidad que el ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, comunicó en mayo de 2026, supondría multiplicar el parque por aproximadamente 4,3. El reto consiste en ejecutar, conectar y poner en explotación una cartera que reúne instalaciones en construcción y proyectos todavía en desarrollo. La cifra de 2031 expresa, por tanto, una meta de capacidad anual, cuya traducción en producción efectiva dependerá de la disponibilidad de las plantas y de su utilización.
La principal obra en ejecución es la desaladora del Gran Casablanca, situada en Sidi Rahal. Su diseño contempla una primera fase de 200 hm³ anuales y una capacidad final de 300 hm³ al año en 2028. El calendario comunicado por Baraka en julio sitúa el comienzo de la explotación en febrero de 2027. La instalación atenderá el abastecimiento de una región de unos 7,5 millones de habitantes y contempla también usos agrícolas.
Acciona, una de las principales constructoras implicadas
El proyecto corresponde al consorcio Al Baidaa Desalination Company, integrado por Acciona, con el 50%; Green of Africa, con el 45%, y Afriquia Gaz, con el 5%. La inversión anunciada para la planta asciende a 6.500 millones de dírhams, unos 613 millones de euros. Empleará ósmosis inversa y, según Acciona, su suministro eléctrico procederá del parque eólico Bir Anzarane, de 360 MW, que dedicará el 47% de su producción a la instalación. El contrato incluye la construcción y 27 años de operación y mantenimiento.
El siguiente gran bloque lo forman los proyectos de TAQA Morocco, Nareva y el Fondo Mohammed VI para la Inversión. TAQA atribuye a las cinco plantas una capacidad conjunta próxima a 900 hm³ anuales, asociada a unos 600 MW de generación renovable. Nareva desglosa esa cartera en Nador, con 300 hm³ al año; Tánger, con 150; Souss-Massa, con 350, y Guelmim y Tan-Tan, con 50 cada una. La compañía clasifica las cinco instalaciones como proyectos en desarrollo.
Dentro de ese conjunto, Souss-Massa destaca por su dimensión y por la combinación de abastecimiento urbano y agricultura. El ministro situó en mayo el inicio previsto de las obras del proyecto de Tiznit hacia finales de 2027, con una capacidad que podría alcanzar los 350 hm³ anuales. Para la nueva generación de instalaciones de Oriental, Souss-Massa, Tánger, Guelmim-Tan-Tan y Rabat, la información presupuestaria difundida en octubre apunta a entradas en explotación entre 2029 y 2030. Estos plazos corresponden a la programación anunciada y no a capacidad ya disponible.
Veolía en Rabat
Rabat constituye otro de los grandes proyectos previstos. El protocolo anunciado por Veolia en octubre de 2024 plantea una planta de 300 hm³ anuales, 822.000 m³ diarios, para las regiones de Rabat-Salé-Kénitra y Fez-Mequinez, con unos 9,3 millones de habitantes. El esquema propuesto es una colaboración público-privada que comprende financiación, construcción y explotación durante 35 años. La capacidad anunciada permite apreciar su peso en el programa, aunque el protocolo inicial no equivale por sí mismo a una instalación construida.
El despliegue incluye asimismo las actuaciones de OCP Green Water en Safi y Jorf Lasfar. La nueva desaladora de Safi y sus conducciones están concebidas para suministrar agua tanto a plataformas mineras e industriales como a ciudades del interior, entre ellas Marrakech, Benguerir y Youssoufia. El precedente es la conducción Jorf Lasfar–Khouribga, puesta en servicio en 2025: recorre más de 200 kilómetros y dispone de una capacidad de transporte de 80 hm³ anuales. El caso ilustra una condición esencial del programa: construir una desaladora en la costa exige desarrollar también los sistemas que llevan el recurso hasta la demanda.
También figura Dajla, en el Sáhara Occidental, territorio disputado administrado en su mayor parte por Marruecos. La instalación está diseñada para producir 37 hm³ anuales, con aproximadamente el 80% destinado al riego de 5.000 hectáreas y el resto al suministro de agua potable. Nareva vincula el proyecto a un parque eólico de 60 MW. Según la información difundida tras una visita ministerial del 30 de octubre, las obras habían alcanzado el 97% de ejecución.
Capacidad de desalación similar a la de España
La comparación más cercana para el lector español es la capacidad del parque nacional. La memoria de AEDyR correspondiente a 2024 sitúa a España en torno a 800 plantas y por encima de cinco millones de metros cúbicos diarios, equivalentes a más de 1.825 hm³ anuales si se anualiza esa capacidad. El objetivo marroquí para 2031 se aproxima, por tanto, al orden de magnitud del parque español descrito en esa memoria. La comparación requiere dos precisiones: España seguirá ampliando sus instalaciones y su cifra incluye plantas de agua de mar y de agua salobre, con exigencias energéticas diferentes.
Argelia ofrece una referencia de planificación más próxima en el tiempo. Sonatrach fija para 2030 un objetivo nacional de 5,6 millones de metros cúbicos diarios de agua de mar desalada, equivalentes a unos 2.044 hm³ anuales: aproximadamente un 14% por encima de la meta marroquí de 1.800 hm³. Arabia Saudí opera en una escala considerablemente mayor: su documentación presupuestaria para 2025 recoge una producción pública y privada superior a once millones de metros cúbicos diarios en 2024. Este último dato corresponde a producción declarada, no a una previsión de capacidad, pero permite dimensionar la distancia respecto al líder mundial.
El desafío técnico marroquí se extiende desde la captación marina hasta la entrega del agua. La ósmosis inversa requiere pretratamiento, bombeo a presión, membranas, recuperación de energía y acondicionamiento posterior, además de gestionar el vertido de salmuera. Una presentación de ONEE sitúa el consumo de la desalación en un intervalo orientativo de 3 a 5 kWh por metro cúbico. Aplicado como hipótesis a una producción de 1.800 hm³ anuales, representaría entre 5,4 y 9 TWh de electricidad al año, sin incorporar consumos adicionales de transporte que pudieran quedar fuera de ese intervalo. Es una estimación de escala, no una previsión energética oficial del programa. El resultado dependerá de la eficiencia de cada planta y de la distancia y altura a las que deba bombearse el agua: variables que convertirán la coordinación entre ingeniería hidráulica, suministro eléctrico y explotación en una condición decisiva para cumplir el objetivo de 2031.
