Los embalses aportan más de 55.000 millones anuales a la economía española
Un estudio del Consejo General de Economistas cifra en 530.000 los empleos vinculados al impacto hidrológico, agrícola, energético e industrial de estas infraestructuras.
Los embalses españoles no son solo piezas clave de la gestión del agua: constituyen una de las infraestructuras con mayor impacto económico del país. Así lo concluye el informe El valor económico y estratégico de los embalses en España, presentado por el Consejo General de Economistas de España (CGE), que estima que estas infraestructuras generan más de 55.000 millones de euros anuales en beneficios directos e indirectos y sostienen más de 530.000 empleos repartidos entre los sectores agrario, energético e industrial. El estudio, pionero en la cuantificación integral del valor económico del almacenamiento hídrico, subraya que la aportación de los embalses al PIB español es “mucho mayor de lo que tradicionalmente se reconoce”.
El análisis del CGE detalla que los embalses son un pilar insustituible para la agricultura de regadío, responsable de cerca del 65% de la producción agraria total del país. El suministro regulado permite mantener la productividad en un contexto de creciente variabilidad climática, especialmente ante episodios más frecuentes de sequía prolongada. En términos económicos, el regadío asociado al almacenamiento hídrico aporta miles de millones de euros al año y garantiza una parte sustancial del empleo rural. El informe alerta de que, sin capacidad de regulación suficiente, la seguridad alimentaria y la estabilidad de industrias agroalimentarias estratégicas se verían seriamente comprometidas.
El sector energético es el segundo gran beneficiado: la capacidad hidroeléctrica instalada en España no solo genera electricidad limpia y regulable, sino que contribuye de forma esencial a la estabilidad del sistema eléctrico. El estudio recuerda que la hidráulica, junto con los sistemas de bombeo, actúa como un “almacén natural de energía”, imprescindible para integrar a gran escala las energías renovables no gestionables como la eólica y la solar. En un momento en el que España avanza hacia una matriz energética más descentralizada, los embalses permiten amortiguar picos de demanda, evitar vertidos de renovable y contener los costes del sistema.
A nivel industrial, los economistas destacan que numerosas actividades —desde industrias químicas hasta la metalurgia o el sector papelero— dependen de una disponibilidad estable de agua para sus procesos productivos. La existencia de embalses asegura ese suministro y genera un efecto arrastre en miles de empresas proveedoras, lo que explica el elevado número de puestos de trabajo vinculados de manera indirecta. Según el CGE, la competitividad industrial española “sería radicalmente distinta sin la capacidad de regulación hídrica instalada durante las últimas décadas”.
El informe concluye que, ante el avance del cambio climático, España debe reforzar su infraestructura de regulación, mejorar la eficiencia hídrica y acelerar la modernización de redes, presas y sistemas de gestión digital. El CGE propone un plan de inversión plurianual que combine seguridad estructural, modernización tecnológica y mayor integración con energías renovables y sistemas de almacenamiento energético. “Los embalses son una herramienta económica, social y estratégica de primer orden —advierte el organismo—. Su papel será aún más determinante en la España de las próximas décadas”.
La presentación del estudio ha reavivado el debate sobre la necesidad de ampliar, mantener y gestionar estas infraestructuras con una visión de largo plazo. Para el sector de la ingeniería, la fotografía es clara: los embalses no son solo patrimonio hidráulico, sino piezas indispensables para la resiliencia climática, la seguridad energética y la competitividad industrial del país.

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