España encara una década crítica con un déficit estructural de ingenieros
España se asoma a una brecha de talento sin precedentes en el ámbito de la ingeniería. El presidente de la patronal Tecniberia, Joan Franco, advirtió esta semana de que el país necesitará 200.000 ingenieros adicionales en la próxima década, lo que implica incorporar 20.000 nuevos profesionales al año para responder a los desafíos tecnológicos, industriales y de transición energética.
Sin embargo, los datos actuales muestran que España está muy lejos de alcanzar ese ritmo de reposición: según el Análisis de los estudios universitarios en Ingeniería, el tercer informe anual elaborado por el Instituto de Graduados en Ingeniería e Ingenieros Técnicos de España (INGITE), solo 12.008 estudiantes egresaron en titulaciones de Ingeniería en el curso 2023-2024, lo que deja un déficit formativo anual de casi un 40% respecto a la demanda proyectada.
Franco subrayó que esta escasez amenaza directamente la capacidad del país para acometer proyectos estratégicos en energías renovables, infraestructuras críticas, digitalización, inteligencia artificial y modernización industrial. Las empresas del sector alertan de que ya encuentran serias dificultades para cubrir plazas en ramas como ingeniería industrial, telecomunicaciones, energía o ingeniería civil, un problema que se agrava por la jubilación acelerada de profesionales formados en las décadas de 1980 y 1990. Tecniberia considera que, si no se toman medidas inmediatas, España corre el riesgo de “no poder ejecutar los proyectos que marcan su competitividad futura”, lo que situaría al país en clara desventaja frente a sus socios europeos.
El informe del INGITE confirma el diagnóstico: pese al crecimiento del número total de matriculados en algunas ramas STEM, las tasas de egreso continúan estancadas. La cifra de 12.008 graduados —que incluye ingenierías industriales, civiles, TIC, forestales, navales y otras especialidades reguladas— resulta insuficiente para sostener el ritmo de transformación que exige el país. El estudio insiste, además, en que no se trata solo de atraer más estudiantes, sino de mejorar la permanencia: la tasa de abandono en los primeros cursos sigue siendo elevada, especialmente en ingenierías técnicas y tecnológicas de alta exigencia.
Tanto Tecniberia como el INGITE coinciden en que la solución debe ser sistémica. Reclaman un pacto de Estado por la ingeniería, que abarque desde el refuerzo de vocaciones tempranas en ESO y Bachillerato hasta reformas en la estructura académica y la puesta en marcha de incentivos para que empresas y administraciones creen entornos laborales más atractivos. Entre las recomendaciones destacan la actualización de planes de estudio, un mayor vínculo entre universidad y empresa, becas específicas para perfiles técnico-científicos, así como campañas públicas que pongan en valor el papel social del ingeniero.
El tiempo, advierten, juega en contra. La transición energética, los nuevos corredores ferroviarios, el despliegue masivo de renovables, la expansión de los centros de datos, la digitalización del tejido productivo o la implantación de la inteligencia artificial requieren un volumen de ingenieros que España, a día de hoy, no está en condiciones de generar. “Si no actuamos ahora, la década de mayor transformación tecnológica de nuestra historia podría convertirse también en la década en la que España quedó atrás”, concluyó Franco.
