El Banco de España sitúa la sequía como un riesgo sistémico para la economía y el sistema financiero
El 20% del crédito bancario está expuesto a actividades vulnerables a la escasez hídrica
La presión creciente sobre los recursos hídricos ha dejado de ser un fenómeno ambiental para convertirse en un factor estructural de riesgo económico. Así lo advirtió este viernes en Murcia la subgobernadora del Banco de España, Soledad Núñez, durante su intervención en la jornada Viernes de transición, donde elevó la alerta sobre el impacto de la sequía en la estabilidad financiera del país.
Núñez subrayó que el agua debe dejar de tratarse como un recurso sujeto a los ciclos climáticos para pasar a ser considerada “un activo estratégico” con influencia directa en la actividad productiva y en la solvencia del sistema financiero. La representante del organismo recordó que los servicios ecosistémicos vinculados al agua —desde la disponibilidad hasta la calidad, la protección frente a inundaciones o la salud del suelo— están sometidos a una presión creciente por la menor precipitación, el aumento de la evapotranspiración y la alteración de la recarga de acuíferos.
Un riesgo multisectorial que se transmite con rapidez
Según datos del Banco Central Europeo, el 72% de las empresas del área del euro depende de al menos un servicio ecosistémico relacionado con el agua, una dependencia especialmente intensa en España por el peso del sector agroalimentario y de las regiones con estrés hídrico estructural.
La subgobernadora alertó de que la combinación de sequías persistentes, olas de calor y cambios en el régimen hidrológico está generando riesgos compuestos que se amplifican mutuamente. Estos impactos afectan a sectores estratégicos, tensionan las cadenas de suministro y pueden trasladarse con rapidez al sistema financiero. Los modelos del Eurosistema muestran que los shocks derivados de la escasez hídrica provocan pérdidas económicas superiores a las de fenómenos climáticos aislados, debido a su alcance multisectorial y a la velocidad de transmisión.
Impacto directo en precios y crédito
Entre las implicaciones económicas, Núñez destacó el riesgo creciente sobre la estabilidad de precios. Las sequías severas ya han demostrado su capacidad para elevar el precio de los alimentos y prolongar episodios inflacionistas, agravados por disrupciones logísticas.
Pero el aviso más contundente llegó en el ámbito financiero: el 20% de los préstamos bancarios en España está vinculado a actividades sensibles al deterioro de los servicios ecosistémicos hídricos. Esta exposición —muy superior a la media europea— convierte la disponibilidad de agua en un determinante clave del riesgo crediticio.
El supervisor reclama mejores datos y coordinación institucional
La subgobernadora reclamó mejoras sustanciales en la disponibilidad y calidad de los datos hidrológicos, necesarios para integrar correctamente estos riesgos en los modelos macroeconómicos y en las pruebas de resistencia. Recordó que tanto el Banco de España como el BCE ya incorporan métricas ambientales y de cuencas, y trabajan en escenarios integrados clima-naturaleza.
Núñez citó estudios recientes del organismo, como el análisis del impacto del deterioro del Mar Menor en el valor inmobiliario o la investigación sobre cómo el aumento de la aridez reduce la oferta de crédito empresarial en España.
Capacidades sólidas, pero necesidad de un enfoque estratégico
Pese a la gravedad del diagnóstico, la subgobernadora destacó que España cuenta con capacidades relevantes para avanzar hacia un modelo más resiliente: un sector agroalimentario innovador, una comunidad científica puntera en recursos hídricos y un sistema financiero que empieza a integrar estos riesgos en sus evaluaciones.
No obstante, advirtió de que el reto exige coordinación entre administraciones, reguladores, empresas, científicos y entidades financieras, así como una mayor alineación entre los análisis macroeconómicos, la planificación territorial y la gobernanza del agua.
El agua, pilar de estabilidad económica
Núñez concluyó que el agua debe reconocerse como “un pilar de resiliencia económica y un elemento central de la estabilidad financiera”. Integrar esta visión en la toma de decisiones —señaló— “no es solo una cuestión de prudencia, sino una condición indispensable para afrontar con garantías los desafíos del cambio climático y las transformaciones económicas del siglo XXI”.
