León licita una red de calor de 44 MW con biomasa forestal, fotovoltaica y 28 kilómetros de tuberías urbanas

León licita una red de calor de 44 MW con biomasa forestal, fotovoltaica y 28 kilómetros de tuberías urbanas
La Junta de Castilla y León saca a contratación la central térmica y la primera fase de la red de distribución de un sistema de calefacción y agua caliente sanitaria que prevé abastecer a más de 28.000 viviendas y 150 edificios. El proyecto arranca con dos calderas de biomasa de 22 MW cada una, una planta fotovoltaica de autoconsumo de 328,32 kWp y capacidad de ampliación futura hasta 88 MW térmicos.

La Junta de Castilla y León ha iniciado la licitación de la Red de Calor Sostenible de León. El proyecto contempla la construcción de una central térmica de biomasa en Puente Castro y el despliegue de la primera fase de una red enterrada de distribución de agua caliente para suministrar calefacción y agua caliente sanitaria a viviendas, comunidades de propietarios y edificios públicos. La licitación se publica en el Boletín Oficial de la Unión Europea y en la Plataforma de Contratación del Sector Público, con una inversión inicial situada en el entorno de los 50 millones de euros, aunque la documentación técnica difundida eleva el conjunto de las actuaciones licitadas por encima de los 51,1 millones.

La infraestructura se inscribe en el modelo que sustituye calderas individuales o comunitarias por una generación centralizada de calor y una red hidráulica de transporte. En lugar de producir energía térmica edificio a edificio mediante gasóleo, gas natural u otros combustibles fósiles, la red genera agua caliente en una central común y la distribuye mediante tuberías aisladas de ida y retorno hasta subestaciones térmicas en los inmuebles conectados.

El corazón técnico del proyecto leonés será la central de generación con biomasa. La primera fase incorporará dos calderas de 22.000 kW cada una, hasta sumar 44 MW térmicos instalados. El diseño prevé que el complejo pueda duplicar su capacidad en fases posteriores hasta alcanzar 88 MW, lo que permitiría ampliar progresivamente la red y la base de consumidores si la demanda urbana acompaña. La planta utilizará astilla forestal procedente de recursos locales, principalmente roble, chopo, pino y encina, según la documentación de autorización ambiental publicada previamente.

Sustituir 1.200 calderas

Con las dos primeras calderas se estima una producción anual de 176 millones de kWh térmicos y un consumo aproximado de 64.000 toneladas de biomasa al año. En el desarrollo completo del complejo, la producción prevista alcanzaría hasta 352.000 MWh anuales y el consumo de biomasa se situaría en torno a 128.000 toneladas, cifras que explican tanto la escala energética del proyecto como la importancia logística del suministro forestal. El sistema permitirá atender a más de 28.000 viviendas y 150 edificios de León y sustituir más de 1.200 calderas alimentadas por combustibles fósiles.

La central se ubicará en una parcela de 24 hectáreas junto al río Bernesga. La instalación no se plantea únicamente como una sala de calderas de gran tamaño, sino como un recinto energético híbrido en el que se combinan biomasa forestal, energía solar fotovoltaica e hidrógeno. Esta hibridación es relevante desde el punto de vista de ingeniería porque permite cubrir consumos auxiliares, reducir la dependencia eléctrica externa de la planta y preparar el emplazamiento para futuras integraciones energéticas.

Uno de los elementos más precisos de la licitación es la planta fotovoltaica de autoconsumo asociada a la central. Estará formada por 576 módulos de 570 Wp, modelo TOPHiku6 CS6W-570 de CanadianSolar o equivalente, con una potencia total de 328,32 kWp. La instalación se ejecutará en dos fases de 288 módulos, con 12 cadenas por fase y 24 módulos conectados en serie por string. Cada cadena se asociará a un puerto MPPT de un inversor trifásico Sungrow SG350-HX, de 280 kW nominales. El sistema funcionará en régimen de autoconsumo sin excedentes, con dispositivo antivertido, y los módulos se colocarán de forma coplanar sobre cubierta, con inclinaciones próximas a los 5 grados y distintos azimuts según las superficies disponibles.

La segunda gran pieza de la licitación es la red de distribución térmica. La primera fase prevé aproximadamente 28 kilómetros de canalizaciones enterradas de ida y retorno, con diámetros entre DN800 y DN50, adaptados a la demanda prevista en cada tramo. Esta horquilla de diámetros muestra la lógica hidráulica del sistema: grandes colectores principales para transportar caudales elevados desde la central y ramales progresivamente menores para aproximar el calor a los puntos de consumo. En redes de este tipo, la calidad del aislamiento, la compensación de dilataciones, el control de pérdidas térmicas, la sectorización y la monitorización de presiones y temperaturas son tan determinantes como la potencia instalada en la central.

Calendario exigente

El proyecto tiene un plazo de ejecución de 24 meses tanto para la central como para la primera fase de red, según los datos de la licitación. Esa duración sitúa la infraestructura en un calendario exigente, porque combina obra civil urbana, instalación de tuberías preaisladas, ejecución de subestaciones, montaje electromecánico de calderas, sistemas de alimentación de biomasa, filtración de gases, control de emisiones, integración fotovoltaica, pruebas hidráulicas y puesta en servicio. La dificultad no radica solo en construir la planta, sino en desplegar una red térmica bajo calles en servicio, con afecciones a tráfico, servicios urbanos existentes, comunidades de vecinos y edificios públicos.

Desde el punto de vista ambiental, la central llega precedida de una tramitación compleja. En octubre de 2025, la Junta concedió la autorización definitiva incorporando medidas adicionales de control ambiental, entre ellas vigilancia continua de emisiones atmosféricas, control del estado de suelos y aguas y planes anuales para reducir polvo y partículas derivados del transporte y almacenamiento de biomasa. La autorización también prevé sistemas de control de emisiones como filtros de mangas, ciclones y reducción selectiva no catalítica para limitar partículas, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre y otros contaminantes.

La oposición vecinal se ha concentrado especialmente en la ubicación de la planta en Puente Castro. Asociaciones de La Lastra y Puente Castro han reclamado un estudio sanitario específico y han advertido de posibles afecciones por contaminación, ruido, tráfico pesado, consumo de agua y falta de transparencia. La Junta, por el contrario, defiende la infraestructura como una actuación de interés general y sostiene que permitirá abaratar la calefacción, reducir emisiones y aprovechar biomasa procedente de limpiezas forestales.

La clave del proyecto será demostrar que la escala de la red y la disponibilidad real de demanda justifican la inversión. Una red de calor urbana funciona bien cuando logra densidad suficiente de consumidores, estabilidad de carga térmica durante la temporada de calefacción y adhesión de grandes edificios que actúan como anclas de consumo. En el caso de León, la promesa de abastecer a 28.000 viviendas y 150 edificios solo se materializará si comunidades de propietarios, administraciones y grandes consumidores aceptan conectarse y sustituir sus sistemas actuales. Sin esa masa crítica, una red de 44 MW puede quedar sobredimensionada en sus primeros años; con suficiente demanda, en cambio, puede convertirse en una de las principales herramientas de descarbonización térmica de la ciudad.

El uso de biomasa forestal introduce también un desafío logístico. Consumir 64.000 toneladas anuales en la primera fase exige una cadena estable de suministro, acopio, secado, transporte y alimentación de calderas. La ventaja es que la biomasa local puede reducir dependencia energética exterior y dar salida a restos forestales, con efectos positivos en gestión del monte y prevención de incendios. El riesgo es que el balance ambiental del sistema se deteriore si el radio de abastecimiento se amplía en exceso, si aumenta el tráfico pesado urbano o si la calidad de la astilla no se mantiene dentro de los parámetros de humedad, granulometría y poder calorífico requeridos por las calderas.

Redacción

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