La CHT confirma una segunda rotura en el Tajo-Segura y mantiene cerrado el canal ante el riesgo de colapso

La CHT confirma una segunda rotura en el Tajo-Segura y mantiene cerrado el canal ante el riesgo de colapso
La inspección realizada con la conducción vacía ha descubierto paños de hormigón destruidos, hundimientos y oquedades en Riánsares-Almonacid de Zorita, en Guadalajara, además de los daños ya conocidos en Liétor, Albacete. Las reparaciones se prolongarán inicialmente entre cuatro y cinco meses, lo que puede mantener el acueducto fuera de servicio hasta febrero de 2027.

La avería del acueducto Tajo-Segura ha dejado de ser un fallo localizado. La Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) ha confirmado este lunes la existencia de una segunda rotura en el canal, situada en el tramo de Riánsares, dentro del término municipal de Almonacid de Zorita, en Guadalajara. La afección corresponde al tramo 1 de la infraestructura y se suma a la detectada en Liétor, Albacete, en el tramo 2, inmediatamente antes de la central hidroeléctrica de Fontanar I.

La aparición de daños graves en dos puntos pertenecientes a segmentos distintos modifica sustancialmente el diagnóstico inicial. La incidencia comunicada el pasado 14 de septiembre en Liétor podía interpretarse como una avería puntual. La confirmación de una segunda rotura, a considerable distancia y en otro tramo funcional del acueducto, obliga a contemplar un problema más amplio relacionado con el comportamiento del terreno, el drenaje y la conservación de la conducción.

Las filtraciones inusuales detectadas el 14 de septiembre llevaron a la CHT a interrumpir la circulación de agua y vaciar el canal. Esta operación era imprescindible para inspeccionar la solera, los taludes revestidos y el terreno de apoyo, elementos que permanecen ocultos durante el funcionamiento normal de la infraestructura. Con la conducción en seco, los técnicos han constatado la destrucción y el hundimiento de varios paños de hormigón, además de la formación de oquedades en el terreno que sostenía el canal, en ambos emplazamientos.

La CHT culpa a las lluvias

La CHT vincula el deterioro a las lluvias intensas y torrenciales registradas durante los dos últimos años hidrológicos. La acumulación de agua en los terrenos adyacentes puede elevar las presiones sobre el revestimiento, alterar los sistemas de drenaje y arrastrar los materiales finos que proporcionan apoyo a las losas. Cuando ese lavado genera huecos bajo los paños de hormigón, el canal pierde uniformidad de sustentación y las cargas dejan de transmitirse de manera continua. El resultado puede ser la fisuración, el asiento diferencial y, finalmente, el hundimiento de la solera o de los taludes.

Este mecanismo es compatible con las oquedades observadas, aunque su confirmación exigirá sondeos, ensayos del terreno y la comprobación de los drenajes. La lluvia puede actuar como desencadenante, pero una evaluación completa deberá determinar también el estado previo del relleno, la capacidad de evacuación del agua, la posible erosión interna y la evolución de juntas, fisuras y filtraciones. En una infraestructura lineal de esta longitud y antigüedad, la identificación de la causa resulta tan importante como la reposición del hormigón destruido.

Cuatro o cinco meses y 1,2 millones

El organismo de cuenca ha decidido no restablecer el suministro hasta completar las reparaciones. Volver a llenar el canal sin recuperar la capacidad portante del terreno podría acelerar los asientos y provocar el colapso de nuevos paños por el peso del agua y las acciones hidráulicas. La CHT estima inicialmente las obras en cuatro o cinco meses y una inversión de 1,2 millones de euros.

Si el plazo comienza a contarse desde mediados de septiembre, la indisponibilidad operativa puede prolongarse hasta enero o febrero de 2027, siempre que los estudios no descubran nuevos daños y que la ejecución no encuentre dificultades adicionales. Se trata de una estimación inicial y no de una fecha garantizada de reapertura. Antes de poner nuevamente en servicio la conducción será necesario comprobar la estabilidad de los rellenos, la continuidad del revestimiento y la estanqueidad de los sectores reconstruidos.

La existencia de dos roturas simultáneas refuerza la conveniencia de realizar una auditoría estructural y geotécnica integral del acueducto. La inspección no debería limitarse a los paños visiblemente destruidos, sino extenderse a otros puntos con una geología, una tipología constructiva o unas condiciones de drenaje semejantes. Entre las actuaciones posibles figuran la auscultación topográfica de asientos, la inspección de juntas y fisuras, los sondeos geotécnicos, la prospección geofísica para localizar huecos y la revisión de cunetas, colectores y dispositivos de alivio de presión.

No es una incidencia aislada

Que existan dos daños no demuestra por sí solo un deterioro generalizado de los 292 kilómetros del acueducto, pero sí invalida la hipótesis de una única incidencia aislada. Reparar exclusivamente las zonas colapsadas sin conocer por qué han fallado podría devolver el canal al servicio dejando intactos los mecanismos que originaron la pérdida de apoyo. La prioridad inmediata es reconstruir; la estratégica, identificar si hay otros sectores vulnerables antes de que vuelvan a trabajar a plena carga.

La interrupción tiene también consecuencias para la explotación hidráulica. El cierre físico del acueducto no modifica automáticamente las reglas del trasvase ni revoca por sí mismo los volúmenes ya autorizados. La Comisión Central de Explotación había aprobado 60 hectómetros cúbicos para agosto y otros 27 para septiembre, aunque una parte permanecía pendiente de circular cuando se suspendió el servicio. La autorización para ambos meses fue acordada conforme a las reglas vigentes.

Sin embargo, la conservación de ese derecho administrativo y su envío material son cuestiones diferentes. Con el año hidrológico a punto de concluir y una paralización que puede durar cinco meses, el Ministerio deberá precisar cómo se contabilizarán y cuándo podrán transportarse los caudales pendientes. La normativa contempla que el agua autorizada y aún no trasvasada pueda permanecer preferentemente en los embalses de cabecera, pero la duración excepcional de la avería aconseja una resolución expresa que evite incertidumbres posteriores.

Existe, además, un precedente cercano. Tras la reparación de otra rotura del acueducto en 2025, el Ministerio anunció el restablecimiento del servicio y el envío de los volúmenes autorizados que habían quedado pendientes. La situación actual, con daños en dos tramos y un periodo de cierre mucho mayor, hace más urgente asegurar administrativamente el mismo tratamiento.

La segunda rotura convierte así una obra de emergencia en una advertencia sobre la resiliencia del conjunto. El Tajo-Segura, en servicio desde 1979, es una infraestructura estratégica para el abastecimiento y el regadío del sureste español. Su recuperación no dependerá solamente de sustituir hormigón, sino de comprender la interacción entre la conducción, el terreno y unos episodios de lluvia cada vez más exigentes. Las obras permitirán restablecer el servicio; una auditoría integral determinará si el sistema está preparado para evitar que el problema vuelva a reproducirse en otro punto.

Redacción

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