Starship alcanza la órbita: un salto de ingeniería que aún debe demostrar su reutilización

Starship alcanza la órbita: un salto de ingeniería que aún debe demostrar su reutilización
El sistema desarrollado por SpaceX ha completado por primera vez una inserción orbital y ha desplegado 26 satélites Starlink V3. El vuelo confirma la capacidad de la arquitectura concebida por Elon Musk para transportar grandes cargas, pero el apagado prematuro de un motor y la decisión de acortar la misión recuerdan que todavía quedan por resolver la recuperación de la nave, el repostaje orbital y la reutilización rápida.

SpaceX ha conseguido colocar por primera vez una Starship en una órbita estable alrededor de la Tierra, el avance más importante del programa desde que comenzaron los vuelos integrados del sistema en 2023. La misión, decimocuarta prueba conjunta de la nave Starship y el propulsor Super Heavy, despegó desde Starbase, en Texas, y alcanzó una órbita de aproximadamente 275 kilómetros de altitud y una velocidad próxima a los 28.000 kilómetros por hora.

El logro corresponde a los equipos de ingeniería de SpaceX, la empresa fundada y dirigida por Elon Musk, y supone bastante más que superar una determinada altura. Los vuelos anteriores habían seguido trayectorias suborbitales diseñadas para que la nave regresara de forma natural a la atmósfera aunque se perdiera su capacidad de propulsión. En esta ocasión, Starship realizó una maniobra específica de inserción para adquirir la velocidad horizontal necesaria y permanecer en caída libre alrededor del planeta.

El sistema lanzado estaba formado por el propulsor Super Heavy B21 y la nave S41, que actúa simultáneamente como segunda etapa y vehículo espacial. En conjunto alcanzan unos 124 metros de altura, lo que convierte a Starship en el mayor y más potente sistema de lanzamiento que ha llegado a la órbita. Tras la separación de las dos etapas, la nave continuó el ascenso y, aproximadamente 25 minutos después del despegue, encendió uno de sus motores Raptor adaptados al nivel del mar para elevar y circularizar la trayectoria. La maniobra de inserción había sido programada para durar unos 19 segundos.

La decisión de ejecutar ese encendido no estaba tomada de antemano de manera irreversible. Los controladores debían comprobar durante la primera fase de vuelo que la nave conservaba suficiente redundancia en los sistemas necesarios para abandonar después la órbita. Si las condiciones no eran satisfactorias, Starship habría continuado por una trayectoria suborbital y caído en el océano Índico. Este diseño introducía una salvaguarda importante: ningún vehículo debe acceder a una órbita estable si no existe una capacidad razonable de retirarlo posteriormente de forma controlada.

Problemas en el ascenso

El ascenso no estuvo exento de problemas. Uno de los motores se apagó antes de lo previsto, aunque la redundancia del conjunto permitió continuar. Los controladores comprobaron que el fallo no impedía completar la inserción y autorizaron la maniobra orbital. Poco después, la nave comenzó a liberar, de uno en uno, 26 satélites Starlink V3. Se trata de la primera carga útil operativa desplegada en órbita por Starship y no de simuladores de masa como los utilizados en varios ensayos anteriores.

La misión debía completar inicialmente unas seis vueltas a la Tierra durante cerca de diez horas. SpaceX decidió, sin embargo, acortarla y programar el regreso sobre el Pacífico después de unas pocas órbitas, en lugar de realizar el amerizaje originalmente previsto al oeste de Chile. Al cierre de esta información, la compañía no había explicado con precisión la causa de la modificación. El Super Heavy, por su parte, tampoco iba a ser recuperado: su perfil contemplaba desde el principio un descenso controlado sobre el golfo de México.

Desde el punto de vista de la ingeniería, el principal avance es que Starship ha dejado de ser exclusivamente un demostrador suborbital. La misión ha integrado en una misma secuencia el funcionamiento de un vehículo de gran tamaño, la separación de etapas, una fase de vuelo libre, el reencendido de un motor, la inserción orbital y el despliegue de carga comercial. Cada una de estas operaciones se había probado de manera parcial, pero nunca hasta ahora dentro de una misión orbital completa de Starship.

Escudo térmico

El vuelo también permite ensayar la inspección del escudo térmico mientras la nave permanece en el espacio. Tres de los satélites desplegados incorporan cámaras destinadas a observar las losetas de protección térmica de Starship. La información obtenida puede resultar especialmente valiosa porque el escudo continúa siendo uno de los componentes más críticos del proyecto: debe soportar el calentamiento extremo de la reentrada y, al mismo tiempo, requerir pocas reparaciones si se pretende reutilizar la nave con una frecuencia elevada.

Los Starlink V3 explican, además, la importancia económica inmediata del nuevo lanzador. Son satélites más grandes y capaces que las generaciones transportadas mediante Falcon 9. SpaceX atribuye a cada unidad una capacidad nominal de descarga de alrededor de un terabit por segundo y sostiene que una Starship plenamente operativa podrá colocar hasta 60 unidades en una sola misión. Eso supondría multiplicar por veinte la capacidad de red desplegada mediante un lanzamiento de Falcon 9, según las previsiones recogidas por la propia compañía en su documentación corporativa.

Pero alcanzar la órbita no demuestra todavía la promesa central del programa: operar un sistema pesado completa y rápidamente reutilizable. En este vuelo se descartaron tanto el propulsor como la nave. SpaceX aún debe acreditar que Starship puede regresar de manera repetible, atravesar la atmósfera sin daños importantes, efectuar una aproximación precisa a la torre, ser capturada por sus brazos mecánicos y volver a volar con intervenciones mínimas. El coste por kilogramo no caerá por el mero hecho de disponer de una gran capacidad de carga; dependerá del número de reutilizaciones, el mantenimiento necesario, la tasa de fallos y la cadencia real de lanzamientos.

También permanecen pendientes tecnologías imprescindibles para las misiones lunares y marcianas anunciadas por Musk. Entre ellas figuran el almacenamiento prolongado de metano y oxígeno líquidos, la transferencia de propelentes entre naves en microgravedad, los acoplamientos orbitales, los sistemas de soporte vital y la ejecución de varios lanzamientos consecutivos para abastecer una única misión. La variante lunar contratada por la NASA necesitará repostar en el espacio antes de poder llevar astronautas hasta la superficie de la Luna.

El resultado de este vuelo es, por tanto, un hito técnico indiscutible, pero no la culminación del proyecto. Starship ha demostrado que su arquitectura puede alcanzar la energía necesaria para entrar en órbita y transportar una carga útil relevante. Todavía no ha probado que pueda hacerlo con la fiabilidad, el coste y la frecuencia que justificarían las ambiciones comerciales y de exploración que SpaceX le atribuye. La verdadera revolución llegará si consigue convertir esta compleja demostración en una operación repetible.

Redacción

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