El Caminito del Rey estrena una pasarela colgante de 110 metros sobre el Desfiladero de los Gaitanes
La nueva infraestructura, presentada como el puente colgante más largo de España, tiene 110 metros de longitud, alcanza una altura máxima de 50 metros y ha supuesto una inversión de 1,5 millones de euros. Pero técnicamente más que de un puente se trata de una pasarela peatonal suspendida, concebida para mejorar la seguridad del recorrido y añadir un nuevo atractivo de ingeniería civil al enclave malagueño.
El Caminito del Rey ha abierto al público una nueva infraestructura peatonal sobre el Desfiladero de los Gaitanes que, por sus dimensiones y ubicación, refuerza el carácter singular de una de las actuaciones de recuperación paisajística e ingeniería civil más conocidas de España. La estructura, inaugurada hoy, ha sido presentada institucionalmente como el puente colgante más largo del país, con 110 metros de longitud y una altura máxima de unos 50 metros sobre el terreno. Sin embargo, desde un punto de vista técnico conviene precisar que no se trata de un puente en sentido estricto, entendido como una obra de paso destinada a salvar un obstáculo para dar continuidad a una vía con tráfico ordinario, sino de una pasarela peatonal suspendida integrada en un itinerario turístico y ambiental de montaña.
La actuación ha sido impulsada por la Diputación de Málaga y se financia con ingresos generados por el propio Caminito del Rey, dentro del modelo de explotación del enclave. La inversión asciende a 1,5 millones de euros y forma parte de una intervención más amplia que incluye la creación de nuevos tramos de sendero, mejoras de seguridad, vigilancia y adaptación del recorrido. La nueva pasarela permite incorporar una alternativa al tramo final del itinerario y añade un elemento de alto impacto visual en un espacio caracterizado por paredes verticales, fuertes desniveles y condicionantes geotécnicos especialmente exigentes.
La infraestructura tiene capacidad limitada a 30 personas simultáneamente, un dato relevante desde el punto de vista estructural y de explotación, ya que el uso turístico intensivo obliga a combinar seguridad, control de cargas, experiencia del visitante y preservación del entorno natural. La pasarela incorpora piso metálico, barandillas de acero y sistemas de control, y su peso ronda las 38 toneladas, según los datos difundidos durante el proceso de ejecución. Su instalación ha requerido soluciones propias de trabajos en altura y obra civil en entornos de difícil acceso, con empleo de técnicas de trabajos verticales, medios auxiliares específicos y apoyo aéreo en determinadas fases de montaje.
Aprovechamiento hidroeléctricos del Guadalhorce
El nuevo elemento se suma a la transformación iniciada con la rehabilitación del Caminito del Rey y su reapertura en 2015, después de años de deterioro de la antigua senda de servicio construida originalmente en el entorno de los aprovechamientos hidroeléctricos del Guadalhorce. Desde entonces, el enclave se ha convertido en un ejemplo de cómo una infraestructura histórica, nacida de necesidades industriales y energéticas, puede reconvertirse en un activo turístico y territorial mediante una intervención de ingeniería orientada a la seguridad, la accesibilidad y la conservación. Más de tres millones de personas han visitado el recorrido desde su reapertura y el impacto económico anual asociado supera los 64 millones de euros, con centenares de empleos vinculados a la actividad turística en municipios como Álora, Ardales y Antequera.
La actuación refleja una tendencia creciente en la ingeniería turística y de montaña con la incorporación de estructuras ligeras, reversibles en la medida de lo posible y de fuerte atractivo visual para ordenar flujos de visitantes, reducir riesgos y poner en valor entornos naturales sin recurrir a grandes obras invasivas. En el Caminito del Rey, esta lógica es especialmente importante porque la propia infraestructura es parte de la experiencia. La obra civil no se oculta, sino que se convierte en argumento del recorrido. La pasarela no solo permite pasar de un punto a otro, ofrece una lectura del paisaje desde una posición imposible para el visitante sin intervención técnica.
La Diputación de Málaga ha defendido que la nueva infraestructura aumenta la seguridad y la espectacularidad del itinerario sin incrementar la presión sobre el enclave, que mantiene limitado su número máximo de visitantes diarios. Esta cautela resulta esencial en un espacio donde el éxito turístico puede convertirse en amenaza si no se acompaña de una gestión rigurosa de aforos, mantenimiento, evacuación, vigilancia y conservación ambiental. En este tipo de instalaciones, la ingeniería no termina con la inauguración. Empieza una segunda fase, menos visible pero igual de decisiva, formada por inspecciones periódicas, control de corrosión, revisión de anclajes, mantenimiento de elementos metálicos, comprobación de sistemas de protección y gestión de la seguridad operacional.
