El bombeo es la solución evidente que no queremos ver

El bombeo es la solución evidente que no queremos ver

España presume, con razón, de ser una potencia en energías renovables. En 2024, más del 50 % de la electricidad producida en el país provino de fuentes limpias, y la potencia instalada de generación renovable supera ya los 75 GW, con un peso creciente de la solar fotovoltaica y la eólica. Sin embargo, esa fortaleza tecnológica y ambiental tiene una debilidad estructural que aún no se ha afrontado con la decisión necesaria: la falta de capacidad de almacenamiento a gran escala.

Incluso el muy mejorable Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 reconoce esta carencia y fija como prioridad aumentar la capacidad de almacenamiento en 22 GW para garantizar la seguridad del suministro y la estabilidad del sistema. Pero no propone soluciones realistas ni metas alcanzables a medio plazo. Los avances reales están muy lejos de los objetivos de este plan. Probablemente porque, como decía Upton Sinclair, “Es difícil hacer comprender algo a alguien cuando su sueldo depende de que no lo comprenda”.

El bombeo hidroeléctrico es a día de hoy, el método más eficaz, probado y escalable para almacenar energía. Pero España, que cuenta con inmensas ventajas para desarrollarlo a gran escala, carece de una política nacional que nos permita aprovechar el enorme potencial de las centrales reversibles.

Nuestro país dispone de más de 1.200 grandes presas y una densa red de embalses encadenados que recorren los grandes ríos peninsulares como el Ebro, el Tajo, el Duero, el Sil o el Guadalquivir, ideales para construir sistemas de bombeo reversible con un coste muy razonable y un impacto ambiental muy reducido. Según estudios del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) y de Red Eléctrica, el potencial técnico aprovechable podría superar los 10 GW adicionales si se modernizaran y conectaran embalses ya existentes. Sin embargo, apenas se han materializado proyectos nuevos en las dos últimas décadas, y la potencia total instalada en bombeo sigue estancada en torno a 3,3 GW, concentrada en plantas como La Muela II, Cortes-La Muela o Aldeadávila.

Mientras tanto, países con condiciones mucho menos favorables han apostado decididamente por el bombeo. Francia acaba de lanzar un programa de modernización y expansión de su parque de bombeo de 5 GW con apoyo público directo, integrándolo en su estrategia de seguridad energética. Y China, el país que fabrica el 75 % de las baterías de litio del mundo, ha entendido que el almacenamiento hidráulico seguirá siendo esencial para un sistema renovable robusto. En 2025, su potencia instalada en bombeo superará los 80 GW, con gigantescas instalaciones como Fengning o Jùróng, inaugurada recientemente con una presa de 182 metros de altura.

El bombeo hidroeléctrico, además, no solo sirve para almacenar energía. Es también una alternativa limpia y renovable a los ciclos combinados de gas, que siguen siendo hoy el principal respaldo del sistema eléctrico en los momentos de baja producción renovable. Cada megavatio hora generado en una central reversible es un megavatio hora libre de emisiones, que sustituye a la electricidad procedente de combustibles fósiles y contribuye directamente a los objetivos de descarbonización. A diferencia de las tecnologías térmicas, el bombeo no emite CO₂ ni depende de combustibles importados, lo que refuerza tanto la sostenibilidad como la soberanía energética del país. Y debería ser la gran apuesta de cualquier Gobierno que presuma de luchar contra el cambio climático.

Pero España sigue sin una estrategia clara. Las trabas administrativas, la falta de reconocimiento regulatorio del bombeo como servicio de sistema y la ausencia de incentivos en el mercado eléctrico han frenado inversiones que podrían garantizar la estabilidad de la red en los picos de generación renovable y reducir la dependencia del gas en los momentos de baja producción eólica o solar. Como escribió Winston Churchill, “el hombre tropieza con la verdad, pero la mayoría se levanta y sigue su camino como si nada hubiera pasado”. Nuestro Gobierno lleva años tropezando con su verdad energética. Tiene la solución delante y no la quiere ver.

Una política nacional de bombeo hidroeléctrico no solo contribuiría a la seguridad energética, sino que también representaría una oportunidad industrial y tecnológica de gran valor. La ingeniería española, con una experiencia consolidada en presas, turbinas y sistemas hidráulicos, está sobradamente preparada para liderar este tipo de proyectos, exportando conocimiento y creando empleo cualificado.

El almacenamiento por bombeo no es una utopía ni un lujo, es la pieza esencial para completar el puzle renovable español. Sin él, cada MWh vertido por exceso de producción solar o eólica será una oportunidad perdida. Y cada euro invertido en generación sin respaldo será un paso atrás en la eficiencia del sistema.

España tiene el recurso, la tecnología y la necesidad. Solo falta la decisión política de actuar con visión estratégica. Apostar por el bombeo hidroeléctrico no sólo es imprescindible es, sencillamente, atreverse a mirar lo evidente para garantizar el futuro energético del país.

Diego Jalón Barroso

Diego Jalón Barroso

Periodista y consultor de comunicación

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