Marte. La próxima Frontera

Marte. La próxima Frontera

Dr. Antonio Martín-Carrillo
Vocal del Comité de Tecnologías de la Defensa del
Instituto de la Ingeniería de España – IIE-
Council of  European Aerospace Societies. CEAS – AIAE Member

 

 

      1. El inminente regreso a la Luna“

Aquel día, después de haber recorrido más de 35 Km por los parajes cercanos a los Montes de Tauro, en la frontera entre el Mar Serenitatis y el Mar Tranquillitatis, unas veces caminando y otras en su vehículo Rover Todoterreno (LRV), el comandante Eugenio Cernan, llegó a la nave que le esperaba para regresar a la Tierra”.

Este es un relato sobre el último hombre que pisó la superficie de la Luna.  Desde entonces sólo 12 seres humanos lo han hecho. Y desde ese día, 7 de diciembre de 1972, ningún otro hombre o mujer ha vuelto a hacerlo.

FIGURA 1 - Prototipo del traje espacial AxEMU, Seleccionado por NASA para el proyecto lunar Artemis III. Foto de Axiom Space.

FIGURA 1 – Prototipo del traje espacial AxEMU,
Seleccionado por NASA para el proyecto lunar Artemis III.(Foto de Axiom Space.)

Tras viajar a la Luna en los años setenta, el siguiente hito importante de la exploración espacial tripulada será visitar Marte. Para conseguirlo, antes es necesario establecer un asentamiento permanente en la superficie de la Luna. De este modo, la misión Artemis de NASA tiene previsto llevar a la luna a la primera mujer y al próximo hombre, a partir de 2027.  El sistema de aterrizaje lunar será el Starship de la empresa SpaceX, la cápsula espacial, la nave Orión5 y se lanzará una nueva estación espacial con varios módulos, en órbita lunar llamada Gateway, que servirá como punto de tránsito y de apoyo para las operaciones lunares y para otras operaciones extraterrestres futuras, incluyendo naves de transporte para el espacio profundo y viajes al planeta rojo.

De este modo, el objetivo principal del proyecto Artemis es construir una base permanente en la Luna que permita estancias prolongadas y desarrollar las tecnologías necesarias para la futura exploración de Marte.

     2.  El viaje a Marte

Por ahora, no hay aún planes establecidos a corto plazo para un viaje tripulado a Marte, pero contamos con todo el esfuerzo que se hizo dentro del proyecto Constellation de la NASA (de 2.005 a 2.010) y con muchas de sus tecnologías actualmente en desarrollo dentro del programa Artemis.

El proyecto Constellationfue diseñado para crear una nueva generación de cohetes lanzadores y naves espaciales, con el objetivo de preparar el futuro viaje tripulado a Marte. Incluía entre otros, la fabricación de los lanzadores Ares V, con capacidad para poner en órbita cargas de hasta 180 Tn, el desarrollo de motores de propulsión nuclear (NTR), y de un módulo de acceso a la superficie marciana, así como la puesta a punto de una instalación (ISRU) para producir en la superficie de Marte, oxígeno, agua y otros recursos necesarios para la visita del hombre2.

Cuando se canceló el proyecto Constellationalgunos de sus desarrollos quedaron en el aire, aunque muchos de ellos han sido retomados por Artemis y están en pleno desarrollo. Además, los programas internacionales como la exploración con sondas y vehículos robóticos, siguen en marcha9 de modo que los avances científicos y tecnológicos no se han detenido.

En todo caso, la ilusión de los hombres por viajar a Marte sigue latente.
Con enfoque generalista y tratando de mantener el rigor técnico imprescindible, en este trabajo se presentan algunas opiniones del ámbito científico sobre el fondo de la cuestión y varias propuestas concretas de la NASA sobre las alternativas del viaje tripulado a Marte.

FIGURA 2 – Ilustración de la llegada de la misión tripulada a Marte8. NASA

     3. ¿Para qué ir a Marte?

Vivimos en una enorme nave espacial llamada Tierra, que navega por la inmensidad del espacio, obedeciendo leyes físicas y matemáticas muy precisas, con unas magníficas vistas al Universo que nos rodea. Esta idea ya la propuso el escritor norteamericano Henry George en 1879.

En los aproximadamente 3.000 millones de años de historia de la vida en la Tierra, la primera vez que un ser vivo abandonaba el planeta ocurrió durante el período de la carrera espacial, entre 1957 y 1972.

La Estación Espacial Internacional (ISS) ha sido el primer asentamiento humano extraterrestre que permanece habitado de forma ininterrumpida, desde el día 2 de noviembre de 2000.

Los homínidos tardaron más de 4 millones de años en bajar de los árboles para comenzar a caminar erguidos, exponiéndose a nuevos peligros. Nadie sabe por qué lo hicieron, pero ese cambio les llevó a convertirse en humanos. Los primeros hombres, tardaron un millón de años en explorar nuevos continentes, desplazándose desde África al resto del mundo, llegando hasta los límites de las zonas habitables. Hace sólo unos 3.000 años que los hombres construyeron los primeros barcos para adentrarse en las peligrosas aguas de los océanos, en busca de lo desconocido.

El 17 de diciembre de 1903, unos fabricantes de bicicletas, los hermanos Wright, inventaron una máquina más pesada que el aire, que logró volar ese día durante 59 segundos con un hombre a bordo. Era el primer avión.

Hoy volar es algo corriente, que ha convertido a la Tierra en un territorio globalizado. Pero el ser humano sigue explorando sus límites. Escala montañas, se adentra en desiertos, en grutas peligrosas o en las profundidades abisales del océano. Pero … ¿Por qué lo hace? Aparentemente no existe una razón lógica.

La exploración y la aventura seguramente forman parte de la naturaleza humana. Desde luego no es algo que atraiga a todo el mundo, pero siempre ha existido y existirá gente con necesidad de descubrir sus propios límites. Esta actitud que al explorador puede costarle la vida, pudiera significar, llegado el caso, la única forma de supervivencia de la especie, que siempre aprovecha la experiencia obtenida a partir de los fracasos o del éxito y la gloria de los pioneros.

FIGURA 3 – La atmosfera de Marte tomada desde una órbita baja. NASA

Entonces … ¿Porqué viajar a Marte?  ¿Para qué quiere el ser humano llegar a Marte?

Por ahora no es para conseguir recursos, ni depende de ello ninguna necesidad humana. Se trata de la misma razón por la que el hombre sintió el deseo de llegar a la Luna. El tipo de impulso que llevó a Cristóbal Colón en 1492 a embarcarse hacia un mundo desconocido. Tal vez sea porque el hombre es un ser vivo y la vida tiene tendencia a ocupar todo el territorio, llegando hasta los lugares más agresivos e inhóspitos.

Esto explicaría por qué no nos conformamos con enviar sondas automáticas y robots inteligentes que se mueven por la superficie marciana, como el Curiosity cuya estación meteorológica ha sido fabricada en España o los pequeños gemelos Opportunity y Spirit. Porque solo con robots no es suficiente. El ser humano necesita estar allí. 

 

FIGURA 4 – Una puesta de Sol azul en Marte desde el Rover Curiosity (2015). Foto: NASA JPL

FIGURA 5 – Paraje ”la Roca del Chapitel”.  Cráter Espíritu de San Luis. Marte. Foto: NASA JPL

     4. ¿Cuánto tiempo se tarda en viajar a Marte?

El viaje tripulado a Marte podría durar como mínimo entre 400 a 900 días, incluyendo la ida, la estancia en la superficie del planeta y la vuelta. Aunque los preparativos de tal viaje incluirían el despliegue previo de una infraestructura en Marte, que se haría con varios años de antelación a la salida de las personas.

Este viaje tan largo plantea problemas tecnológicos complejos. También los retos referentes al factor humano son muy relevantes: el riesgo de los efectos de la radiación cósmica, los efectos negativos de las estancias prolongadas en ausencia de gravedad, problemas psicológicos y sociales debidos a la convivencia en espacios reducidos y a la imposibilidad de abortar la misión o adelantar el regreso en caso de emergencia.

Para hacernos una idea de la magnitud de la misión a Marte, se puede comparar con el viaje a la Luna1. La duración de la misión fue entonces de 10 días, frente a más de un año y medio, en este caso. Téngase en cuenta que la Luna está a una distancia de unos 400.000 Km, frente a varios cientos de millones de kilómetros de un viaje a Marte. Esta distancia depende de la trayectoria elegida y de posición relativa entre ambos planetas, que oscila entre 55 y 401 millones de kilómetros, dependiendo de si ambos planetas están uno a cada lado del sol, lo que se denomina en Conjunción; o dejando el Sol al mismo lado, lo que se conoce como en Oposición.

La NASA ha considerado dos tipos de viaje a Marte (Fig. 6), según la propuesta DRA V5.0 8. Un primer tipo de viaje denominado Exploración en Conjunción, que necesitaría menos energía, aunque requiere una larga estancia en la superficie de Marte (entre 500 y 650 días) y un segundo tipo de misiones, denominadas Exploración en Oposición, con un tiempo total de viaje menor, pero con un regreso complicado y costoso, pasando cerca de Venus, con estancia corta en la superficie de Marte de entre 30 y 90 días. Por ahora, la NASA se inclina por la Exploración en Conjunción, aunque cada tipo de Misión tiene sus ventajas e inconvenientes.

FIGURA 6 – Tipos de Misión a Marte. NASA

Como es sabido, la trayectoria del viaje por el espacio no se hace en línea recta, sino describiendo curvas de transferencia llamadas de Hohmann. De este modo, las naves orbitan alrededor del sol, en lugar de emplear energía luchando contra su atracción gravitacional.

Además, como la Tierra y Marte se mueven girando a velocidades distintas alrededor del Sol, hay que calcular donde va a estar el planeta Marte cuando llegue la nave, que es un lugar muy diferente del que tenía cuando la nave salió de la Tierra. En todo caso, el lanzamiento de una nave espacial o su regreso a la Tierra, no puede realizarse en cualquier momento. Debe hacerse cuando la posición relativa de Marte y la Tierra lo permitan. Y esto ocurre sólo cada 26 meses (períodos sinódicos). Además, debido a la excentricidad de la órbita marciana, la mínima energía requerida varía también en ciclos de aproximadamente 16 años.

Por otra parte, la velocidad que debería alcanzar la nave, con respecto a la Tierra, para poder viajar a Marte, oscila entre 11,2 Km/s y 18,4 Km/s, dependiendo de la trayectoria elegida para ahorrar energía. Dicha velocidad es igual o mayor que 40.300 km/hora, que es la velocidad de escape de la Tierra (aproximadamente, treinta veces la velocidad de una bala a la velocidad del sonido). Estas magnitudes son similares a las velocidades que se alcanzaron con los cohetes Saturno V del proyecto Apolo para viajar a la Luna (Fig. 7).

FIGURA 7 – Lanzadores y sus cargas de pago. NASA

     5. ¿En qué naves iremos a Marte?

Del mismo modo que los descubridores del siglo XV necesitaron varias embarcaciones para realizar sus travesías, la misión a Marte requiere también bastante más de una nave.  Recordemos, por ejemplo, que Magallanes partió con cinco naves: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago; Vasco de Gama con cuatro: San Gabriel, San Rafael, Bérrio y San Miguel; y Cristóbal Colón, tres: Santa María, Pinta y Niña.

El viaje a Marte que ha diseñado la NASA8, requiere también tres naves diferentes (Figuras 8 y 9). La nave tripulada Copérnico, con su cápsula auxiliar Orión, y las naves de carga Kepler y Asimov. Estas dos últimas, deberán partir de la Tierra, con varios años de antelación esperando en Marte la llegada de los hombres.

FIGURA 8 – Las naves del viaje a Marte según NASA DRA 5.0

FIGURA. 9 – Cápsula Orión, en su primer vuelo (5-12-2015). Lockheed Martin.

Además para llevar al espacio a todas estas naves se necesitan al menos 7 cohetes lanzadores Ares V y un lanzador Ares I (Fig.7), que no realizarán el viaje a Marte, pues se desintegrarán una vez alcanzada la órbita terrestre.

     6. La misión tripulada a Marte

A diferencia de los primeros navegantes que partían sin apenas saber nada sobre su destino, actualmente la geografía marciana es bien conocida (Fig. 10).

El viaje tripulado a Marte, seguramente tendrá un diseño parecido al propuesto por NASA en el proyecto Costelación, que se describe a continuación.

Un equipo de 4 a 6 astronautas, partirán de la Tierra en una cápsula Orión impulsada por un cohete lanzador Ares I, que los pondrá en órbita para acoplarse a una enorme nave interplanetaria Copérnico que los estaría esperando con víveres y oxígeno para más de un año (Fig.10).

 

Esta nave se construiría en órbita terrestre (LEO), a partir de los elementos lanzados con tres grandes cohetes Ares V. Podría tener un módulo para generar su propia gravedad artificial6 que produciría aproximadamente 1/6 g durante los viajes de ida y vuelta a Marte.

FIGURA 10 –Topografía de Marte. Ilustración de ESA-Roscosmos

FIGURA 11 – Nave interplanetaria Copérnico. NASA.

Al menos dos años antes de la salida de los astronautas, dos grandes naves de carga, no tripuladas estarían esperando en Marte. La nave de transporte Kepler, que habría dejado su carga sobre la superficie del planeta y la nave de descenso Asimov, que estaría esperando en órbita marciana.

Los astronautas, al llegar a las inmediaciones de Marte tras su largo viaje, abandonarán la nave en la pequeña cápsula Orión, para acoplarse al Módulo de Descenso y Hábitat de Asimov, que los esperaba desde hacía 33 meses en la órbita marciana y que los llevará a aterrizar suavemente sobre la superficie de Marte. Deberán aterrizar con gran precisión, justo en el mismo lugar donde está la Plataforma de Descenso Horizontal (HCL) (Fig.12) de Kepler. Allí desplegarán  una pequeña central de energía nuclear, que les proporcione la electricidad necesaria e de instalarán diferentes estructuras inflables para aumentar su espacio habitable.

FIGURA 12 – Plataforma de Descenso Horizontal (HCL) de Kepler. NASA

FIGURA 13 – Actividades Extra Vehiculares (EVA) en Marte

La estancia de estos astronautas en Marte podría ser larga, de unos 500 días hasta que la posición de Marte permitiera su regreso a la Tierra.

La exposición de los astronautas a la radiación cósmica deberá minimizarse, aunque podrán desplazarse en vehículos presurizados y realizar excursiones por la superficie (Fig.13). Hay que tener en cuenta que tres días de exposición a las radiaciones en Marte, equivalen a un año en la Tierra4.

Una vez transcurridos los días previstos en Marte, para poder regresar a la Tierra, los astronautas deberán dirigirse a la Plataforma (HCL) que transportó Kepler y que llevará años sobre la superficie Marciana. Se subirán a la Nave de Ascenso (MAV) con el que despegarán, iniciando el viaje de vuelta.

Una vez en órbita Marciana, se volverán a acoplar a la nave interplanetaria Copérnico, que los traerá de vuelta a la Tierra. Ya en órbita terrestre, se desprenderá la cápsula Orión con los astronautas, que realizarán una reentrada y aterrizarán suavemente en el mar, con varios paracaídas. (Fig.14).

En todo caso, no parece previsible que el hombre vaya a viajar a Marte3 antes del año 2037 (Fig. 6)

FIGURA 14 – Misión a Marte. DRA 5.0  NASA.

     7. Conclusiones

El ser humano está en condiciones de poder construir las naves espaciales que le permitan emprender el viaje al planeta rojo. Aunque, a día de hoy, no existe un presupuesto económico, ni una fecha prevista, probablemente esta aventura se pueda realizar en las próximas décadas. Parece evidente que el hombre no se conformará con enviar robots inteligentes y sondas automáticas y por eso viajará a Marte y a otros cuerpos celestes.

 

Aunque hace ya algunos años que se canceló el proyecto Constellation de la NASA, que tenía el objetivo de viajar a Marte, el actual Proyecto Artemis va a permitir al ser humano establecer una colonia en la Luna y el desarrollo de tecnologías para la exploración del espacio profundo más allá de la órbita terrestre baja, incluyendo el viaje a Marte.

 

En todo caso, el viaje a Marte será muy probablemente un proyecto internacional. La Agencia Europea del Espacio (ESA), está trabajando junto a la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio norteamericana (NASA) en futuros proyectos internacionales de exploración espacial (Fig. 15) que harán posible el viaje tripulado a Marte. Por su parte, la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) está llevando a cabo sus propias misiones tripuladas, con soporte de la tecnología espacial rusa de Roscosmos.

FIGURA 15 – El futuro de la exploración espacial. NASA.

El ser humano es aventurero por naturaleza e intenta llegar siempre hasta los lugares más recónditos. Seguramente, por eso siente el impulso de viajar también fuera de nuestro planeta. Como decía el científico espacial Konstantín Tsiolkovski, “La Tierra es la cuna de la humanidad, pero no se puede vivir siempre en la cuna”.

 Referencias:

  1. Brent G. Drake.(2007). “From the Moon to Mars”. LEAG Workshop. NASA.
  2. Brent G. Drake. (2009) “Human Exploration of Mars. Design Reference 5.0”.  
  3. George Washington University. Workshop Summary (2014). “Affording Human Exploration of Mars”.
  4. Hoffman, Stephen (2001) “The Mars Surface Reference Mission”.
  5. Lockheed Martin Systems Company (2015) “Orion Multi-Purpose Crew Vehicle”. Houston, Texas. USA
  6. Mark G. Benton et al (2015) “Concept for Human Exploration using MPCV, Deep Space Vehicle, Artificial Gravity Module and Mini-Magnetosphere Radiation Shield”. USA.
  7. NASA (1998). “Ademdum to the Human Exploration of Mars. Reference Mission Version 3.0”. Mars Exploration Study Team. Johnson Space Center. Houston, Texas. USA
  8. NASA (2009). “Human Exploration of Mars”. Design Reference Architecture Version 5.0” Johnson Space Center. Houston, Texas. USA
  9. Price, Hoppy; Hawhkins, Alisa et all. (2009). “Austere Human Missions to Mars” AIAA Space Conference. Pasadena California. USA.
  10. https://www.nasa.gov/humans-in-space/artemis/ (2025)

 

Antonio Martín-Carrillo Dominguez

Antonio Martín-Carrillo Dominguez

Antonio Martín-Carrillo, es Ingeniero Aeronáutico y Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Su trayectoria profesional se ha movido siempre entre el ferrocarril y la aeronáutica, destacando como divulgador científico, escritor y poeta. Actualmente es Director de varios proyectos de Inteligencia Artificial, en la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC). Ha sido Jefe de Programas Estratégicos de la Subdirección de Innovación de ADIF. Y en RENFE fue uno de los ingenieros responsables de implantar la tecnología del AVE en España siendo Director de Organización y asesor del presidente de RENFE y miembro del consejo de administración de Ineco. Trabajó también en Airbus y en la empresa Lockheed Martin en los Estados Unidos de América y ha sido Director Adjunto del Programa del avión de combate europeo (Eurofighter Typhoon) y Jefe de Producción de Composites en la fábrica de Airbus, en Getafe. Ha sido Decano del Colegio y Presidente de la Asociación de Ingenieros Aeronáuticos de España. También ha sido Vicepresidente del Consejo Europeo de Sociedades Aeroespaciales (CEAS

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