Von der Leyen reivindica la nuclear y admite que Europa “cometió un error estratégico” al apartarse de ella
La presidenta de la Comisión Europea admitió hoy que la Unión Europea cometió “un error estratégico” al reducir el peso de la energía nuclear en su sistema energético. Sus declaraciones, realizadas en el marco de una reunión internacional dedicada al futuro de esta tecnología, reflejan un cambio de tono en Bruselas en un momento en que la seguridad energética vuelve a estar bajo presión y numerosos gobiernos europeos han empezado a reconsiderar el papel de la generación nuclear como fuente firme, baja en carbono y menos dependiente de combustibles importados.
Ursula von der Leyen afirmó que la progresiva retirada de la energía nuclear en Europa respondió a decisiones políticas tomadas en décadas pasadas, pero que desde una perspectiva estratégica resultó un error para un continente que apenas produce combustibles fósiles. En su intervención defendió que la energía nuclear ofrece una combinación difícil de sustituir por otras tecnologías de producción continua, ausencia de emisiones de CO₂ y capacidad para reforzar la autonomía energética. Según subrayó, la crisis energética desencadenada tras la guerra de Ucrania y las actuales tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto la vulnerabilidad estructural de Europa, que importa más del 90% del petróleo que consume y cerca del 80% del gas natural.
La presidenta de la Comisión insistió en que la energía nuclear debe formar parte del sistema energético europeo junto a las renovables, especialmente para proporcionar la generación estable necesaria para equilibrar un sistema eléctrico cada vez más dependiente de tecnologías variables como la eólica y la solar. En ese contexto anunció nuevos instrumentos de apoyo europeo a la innovación nuclear, incluyendo financiación destinada a acelerar el desarrollo de pequeños reactores modulares (SMR), que Bruselas considera una vía para abaratar costes y desplegar nueva capacidad en plazos más cortos que las centrales tradicionales.
El reconocimiento público de este “error estratégico” llega después de décadas de retroceso nuclear en varios países europeos. Desde comienzos de la década de 2000 han cerrado en el continente más de treinta reactores comerciales, especialmente en Alemania, Bélgica, Suecia o Francia. El caso más emblemático es el de Alemania, que tras la decisión política adoptada después del accidente de Fukushima apagó progresivamente su parque nuclear hasta cerrar los tres últimos reactores en abril de 2023. Bélgica también ha clausurado varias unidades en los últimos años, mientras que Francia cerró los dos reactores de Fessenheim en 2020. Aunque muchos de estos cierres se justificaron por motivos de seguridad, envejecimiento de las instalaciones o presión política antinuclear, el resultado ha sido una reducción significativa de la generación firme baja en carbono en el sistema europeo.
Solo doce de los veintisiete mantienen centrales nucleares
La paradoja es que, pese a ese proceso de cierre, la energía nuclear sigue siendo una de las principales fuentes de electricidad del continente. En 2024 generó alrededor del 23% de la electricidad de la Unión Europea, lo que la sitúa como una de las mayores fuentes de electricidad baja en carbono, solo por detrás del conjunto de las renovables. Doce Estados miembros mantienen actualmente centrales nucleares operativas, con Francia como principal productor, seguida de España, Suecia, Finlandia o Bélgica.
La experiencia de los últimos años ha mostrado que sustituir grandes volúmenes de generación nuclear no es sencillo. Aunque la expansión de la energía eólica y solar ha sido muy rápida, su carácter intermitente obliga a mantener capacidad de generación firme para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico. En muchos casos esa función ha recaído en centrales de gas, lo que explica que el cierre nuclear haya coincidido en algunos países con una mayor dependencia del gas natural para cubrir picos de demanda o compensar la variabilidad renovable. Desde el punto de vista climático, esta sustitución no es neutra ya que la nuclear apenas emite CO₂ durante su operación, mientras que las centrales de gas siguen siendo emisoras de carbono, aunque menos que el carbón.
El caso español
Ese debate es especialmente visible en España, donde el calendario de cierre progresivo de las centrales nucleares entre 2027 y 2035 se mantiene pese a que el parque nuclear aporta actualmente alrededor del 20% de la electricidad del país y más de un tercio de toda la generación libre de emisiones. La discusión se ha intensificado tras el gran apagón que afectó al sistema eléctrico español el año pasado, un episodio que puso de relieve la dificultad de operar una red con una elevada penetración de renovables sin contar con suficiente generación estable que garantice la frecuencia y la inercia del sistema.
Desde el punto de vista técnico, la experiencia española refuerza uno de los argumentos centrales del debate energético europeo ya que las renovables son esenciales para la descarbonización, pero necesitan respaldo firme para garantizar la estabilidad del sistema. Las centrales nucleares proporcionan esa generación continua sin emisiones directas de CO₂, mientras que el cierre de estas instalaciones obligaría a cubrir parte de esa producción con centrales de gas en los periodos en los que la producción renovable sea insuficiente. En otras palabras, sustituir nuclear exclusivamente por renovables no siempre es posible en términos operativos sin aumentar el recurso a tecnologías fósiles de respaldo.
Las consecuencias de esta dinámica no se limitan a la seguridad del suministro, sino también al balance climático. Diversos análisis energéticos han advertido de que cerrar centrales nucleares antes de disponer de suficiente almacenamiento energético, redes reforzadas y sistemas de respaldo descarbonizados puede provocar un aumento de las emisiones de CO₂. La experiencia de varios países europeos en los últimos años confirma que cuando desaparece capacidad nuclear el sistema eléctrico tiende a apoyarse más en el gas para garantizar la estabilidad de la red.
Reactivación de programas nucleares
Mientras tanto, varios gobiernos europeos han iniciado o reactivado programas nucleares. Francia ha anunciado la construcción de al menos seis nuevos reactores EPR2 y estudia añadir otros ocho más. Polonia prepara su primera central nuclear para la próxima década. Chequia ha aprobado nuevos reactores en Dukovany y Suecia estudia ampliar su parque nuclear con hasta diez unidades adicionales en las próximas décadas. En paralelo, países como Rumanía o el Reino Unido impulsan proyectos de pequeños reactores modulares que podrían comenzar a operar en la década de 2030.
El cambio de discurso de la Comisión Europea refleja así una transformación más amplia del debate energético continental. Tras años en los que la nuclear fue presentada como una tecnología del pasado, la combinación de crisis energéticas, objetivos climáticos cada vez más exigentes y crecientes necesidades de electrificación ha obligado a reconsiderar su papel. La conclusión que emerge en Bruselas y en muchas capitales europeas es que alcanzar un sistema eléctrico descarbonizado y seguro probablemente requerirá una combinación equilibrada de renovables, nuclear, almacenamiento y redes reforzadas. Y en ese equilibrio, la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar que muchos gobiernos europeos creyeron poder abandonar definitivamente hace apenas una década.

Von der Leyen debería reconocer que el mayor error estratégico lo cometió Alemania al “colgarse” del gas ruso.
Y España? Hasta cuando va a mantener la negativa a prolongar la vida útil de Almaraz? Alguien lo entiende?