Un aviso de lo que está por venir: sin mantenimiento nos quedaremos sin trenes
Uno de los vicios patrios es tender a pensar que lo nuestro es lo peor y que lo de fuera siempre es mejor. En nuestro inconsciente colectivo cuando pensamos en un país sinónimo de calidad siempre pensamos en Alemania mientras que China representa lo contrario.
En el 2014, con el estreno de la película Maléfica, protagonizada por Angelina Jolie, los guionistas de Hollywood, nos muestran que a lo mejor resulta que los que eran los malos son los buenos y al revés. Línea argumental que ha seguido desde entonces en otras películas “aparentemente infantiles”, tratando de asentar las bases educativas de una nueva generación que debe desconfiar del subconsciente colectivo.
Son ríos de tinta los que ahora fluyen criticando el sistema ferroviario español, por lo que después de una insuficiente flagelación si tratamos de buscar un comparable con Alemania para ahondar más la herida corremos el riesgo de curar las que ya tenemos, sobre todo cuando observamos como Suiza ha llegado incluso a plantearse prohibir la entrada de ferrocarriles alemanes para no debilitar la eficiencia de su sistema.
Si, el sistema ferroviario alemán es el peor de toda Europa, con retrasos que representan en ocasiones niveles superiores al 50% y siempre por encima del 40%, siendo su principal causa la deficiencia de la red ferroviaria, una red que transporta casi un tercio de todo el transporte por ferrocarril de Europa, al tiempo que tiene una de las redes de transporte de pasajeros más colapsadas del continente. Es decir, que como medio de transporte se usa, de ahí que sus ingresos por servicios casi quintuplique los de nuestro país, y sin embargo su inversión lleva décadas siendo mínima, con efecto nulo.
Conscientes de ello, los alemanes han querido enfrentar el problema, pero al hacerlo, se han dado cuenta de que tienen un pozo sin fondo. Llevan desde 2017 incrementando sus inversiones y ya en el 2023 estas fueron de más de 7.000 millones, lo que no sirvió para evitar el desastre de la Eurocopa del 24, cuando los equipos no llegaban a los partidos. Esto les llevo a comprometer 45.000 millones de inversión hasta 2028 y recientemente el ministro de transportes alemán, Patrick Schnieder, ha comprometido 107.000 millones más hasta 2029 y todavía hay estudios en Alemania que indican que podría ser insuficiente.
En algunos casos la solución pasa por levantar la vía y ponerla nueva como el caso de la línea que une Fráncfort con Maguncia con un coste inicial de 1.500 millones para 70 km, cerrando la vía durante meses. O la Berlín con Hamburgo prevista, de la que todavía no se conocen los costes ni el tiempo fuera de servicio pero que son 280 km y la usan 30.000 personas diariamente. Si tenemos en cuenta que la red alemana supera los 30.000 km, todo parece indicar que los fondos van “justitos”.
Y sí, no sólo es una cuestión de retraso, también tienen uno de los índices de siniestrabilidad más altos, este verano pasado descarriló un tren regional en el sur de Alemania con varias víctimas mortales, y mientras aparecen videos en las redes en los que se ve como ponen monedas de canto en los trenes de alta velocidad en China a más de 300 Km/h sin que se inmuten.
No quiero decir, ni mucho menos, que con esto nosotros no tengamos problemas, y más después de la reciente tragedia vivida por el descarrilamiento de un tren en Córdoba con 45 victimas mortales. Sino todo lo contrario, esto no es más que un aviso de lo que está por venir, al igual que lo fue en 1998 el descarrilamiento de un tren de alta velocidad en Eschede en la Baja Sajonia en la que murieron 101 personas. Treinta años después van a tener que invertir en un horizonte de 5 años casi 200.000 millones de euros (algo menos que un 15% del PIB de nuestro país) y no está claro que sea suficiente. La pregunta es: ¿si no invertimos en nuestra red desde hoy, dentro de 20 años podremos cambiar en 5 años casi toda nuestra red, o tendremos que abandonar el transporte ferroviario como hicieron durante el siglo XX muchos países del tercer mundo?. Donde queramos estar, estaremos.
