Todo listo para la primera misión tripulada de la NASA a la luna desde 1972
La NASA prepara el despegue del cohete SLS con la nave Orion en la primera misión tripulada a la Luna desde 1972, un sistema de más de 90.000 millones de dólares que integra propulsión criogénica, navegación profunda y una red global de seguimiento en la que participa España
La industria aeroespacial mundial se enfrenta esta semana a uno de sus hitos más relevantes en décadas con el lanzamiento de la misión Artemis II de la NASA, previsto para la madrugada del miércoles al jueves (hora española) desde el Centro Espacial Kennedy en Florida. Se trata de la primera misión tripulada con destino lunar desde el programa Apolo y el primer vuelo con astronautas del sistema integrado por el cohete Space Launch System (SLS) y la nave Orion, concebido como la nueva arquitectura de exploración del espacio profundo.
El lanzamiento, programado dentro de una ventana de dos horas a partir de las 22:24 GMT, pondrá en órbita a una tripulación de cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, en una misión de aproximadamente diez días que no contempla alunizaje, pero sí un sobrevuelo de la cara oculta de la Luna siguiendo una trayectoria de retorno libre. Este perfil orbital, que utiliza la gravedad lunar para redirigir la nave hacia la Tierra sin necesidad de grandes maniobras propulsivas, constituye uno de los elementos clave desde el punto de vista de la seguridad de misión.
Artemis II es sobre todo la validación en vuelo tripulado de una arquitectura que ha requerido más de una década de desarrollo y una inversión acumulada superior a los 90.000 millones de dólares en el conjunto del programa Artemis. El sistema de lanzamiento SLS, considerado el cohete operativo más potente construido hasta la fecha, emplea una configuración Block 1 con cuatro motores RS-25 de combustible líquido, derivados del programa del transbordador espacial, y dos aceleradores laterales de combustible sólido que proporcionan la mayor parte del empuje durante los primeros minutos de vuelo.
Tras el despegue, el perfil de misión contempla una fase inicial de inserción en órbita terrestre altamente elíptica, con apogeos del orden de cinco veces la altitud de la Estación Espacial Internacional, seguida de una maniobra de inyección translunar que situará a la nave Orion en trayectoria hacia el satélite. Durante el tránsito, que se prolongará varios días, los sistemas de a bordo, incluyendo soporte vital, control térmico, generación eléctrica y navegación, serán sometidos a pruebas en condiciones reales de espacio profundo, incluyendo exposición a radiación fuera de la magnetosfera terrestre.
Escudo térmico de nueva generación
La nave Orion incorpora un diseño completamente digitalizado, con sistemas redundantes de control y un escudo térmico de nueva generación capaz de soportar reentradas a velocidades cercanas a los 40.000 km/h. Este elemento será uno de los componentes críticos a validar en Artemis II, dado que el retorno desde trayectorias lunares implica cargas térmicas significativamente superiores a las de misiones en órbita baja.
Un componente esencial del sistema es el Módulo de Servicio Europeo (ESM), desarrollado por Airbus Defence and Space en el marco de la colaboración con la Agencia Espacial Europea. Este módulo proporciona propulsión, energía —mediante paneles solares desplegables—, control térmico y almacenamiento de consumibles, configurándose como el “sistema vital” de la nave durante la misión.
Colaboración española
Más allá del vehículo, Artemis II es también una demostración de infraestructura global. La misión se apoya en una red de seguimiento distribuida que incluye estaciones de la Deep Space Network y sistemas adicionales de rastreo. En este contexto, España tendrá un papel destacado con la participación de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla, seleccionada como nodo de seguimiento mediante la plataforma Orbisat, una antena de 2,5 metros capaz de analizar la señal de la nave y calcular su posición mediante técnicas Doppler en tiempo real.
Esta participación, desarrollada en colaboración con la empresa española Integrasys, representa la integración de capacidades nacionales en misiones de espacio profundo, un ámbito tradicionalmente reservado a grandes agencias y contratistas internacionales. Además, refuerza la dimensión formativa y tecnológica del proyecto, al permitir el acceso a datos reales de misión para su explotación en entornos académicos y de investigación.
Desde el punto de vista operativo, Artemis II se estructura como una misión de validación integral. No solo se evaluarán sistemas individuales, sino la interacción completa entre lanzamiento, navegación, operaciones en espacio profundo y retorno. Durante el vuelo, la tripulación llevará a cabo maniobras manuales, pruebas de comunicaciones, verificación de interfaces hombre-máquina y simulaciones de contingencias, con el objetivo de certificar el sistema para futuras misiones de alunizaje.
La misión se inscribe en una estrategia más amplia que prevé el regreso de astronautas a la superficie lunar en Artemis III, previsto para finales de la década, y la construcción de una presencia sostenida en el entorno lunar, incluyendo la estación orbital Gateway y sistemas logísticos asociados.
En este contexto, Artemis II no es únicamente un vuelo experimental, sino el punto de transición entre la exploración puntual del programa Apolo y un modelo de presencia continua en la Luna. Desde la perspectiva de la ingeniería, supone el paso de misiones singulares a sistemas complejos, interoperables y sostenibles en el tiempo.
El lanzamiento de esta semana representa así algo más que un hito simbólico: es la validación en condiciones reales de la mayor infraestructura aeroespacial desarrollada en las últimas décadas, y el inicio de una nueva fase en la que la ingeniería vuelve a situarse en el centro de la exploración humana del espacio profundo.
