Más de 80 tramos con limitaciones de velocidad en el AVE y 900 en la red convencional tras Adamuz y los retrasos se multiplican
Desde el accidente ferroviario de Adamuz, la red española mantiene más de 80 restricciones temporales de velocidad en la alta velocidad y un número aún mayor en la red convencional, una situación que está provocando retrasos notables en los servicios y afectando a decenas de miles de pasajeros cada día. Operadores y usuarios alertan de que la acumulación de estas limitaciones está amplificando las demoras, más perceptibles en los servicios convencionales, aunque también golpea a los trenes AVE en los corredores más transitados.
Tras el choque mortal de dos trenes en Adamuz, el gestor de infraestructuras ADIF extendió varias Limitaciones Temporales de Velocidad (LTV) en líneas de alta velocidad, incluyendo tramos significativos entre Madrid y Zaragoza, así como diversos en otras rutas de alta velocidad donde se han detectado irregularidades en la vía. A día de hoy existen más de 80 limitaciones activas en el sistema de alta velocidad español. 45 de ellas se sitúan en distintos puntos en el tramo Madrid-Zaragoza, 4 entre Madrid y Valladolid, 5 entre Zamora y Orense, 4 entre Valladolid y Burgos, 3 entre Valladolid y León, 9 entre Madrid y Valencia, 2 entre Valencia y Alicante, 1 entre Alicante y Murcia, 5 entre Ciudad Real y Córdoba, 4 entre Córdoba y Granada y 3 entre Córdoba y Málaga.
Las limitaciones van desde la obligación de no superar los 20 kilómetros por hora, hasta tramos de 300 kilómetros por hora limitados a 230 kilómetros. El motivo más frecuente es el estado de vía (21%), si bien se aplican LTV en el caso de obras, o de circunstancias mucho más graves como roturas de la vía. Es el caso de la limitación aplicada por Adif el pasado lunes, de 80 kilómetros por hora, al hallar una rotura en un tramo de la vía del AVE a la altura de Tarragona en el trayecto Barcelona-Madrid. Esta reducción provocó demoras de una hora y media en todos los trenes en esta línea y ya ha sido retirada. El mismo lunes, Adif confirmó una rotura en una contraaguja a unos 15 kilómetros de Córdoba, que según la gestora de la infraestructura ya está “localizada y asegurada”. Los maquinistas aseguran que se encontró la rotura hace dos semanas. La limitación de velocidad sigue en este caso vigente a día de hoy, a la espera de poder sustituir la pieza.
En paralelo, la red ferroviaria convencional sufre un panorama similar o más crítico: fuentes sectoriales citan que podría haber más de 900 restricciones de velocidad en tramos de líneas convencionales en toda España, muchas de ellas como respuesta a informes de maquinistas o por medidas preventivas de seguridad que se han multiplicado tras el siniestro. Estas reducciones de velocidad afectan al ritmo normal de circulación de trenes de Media Distancia, Regional, Cercanías y mercancías, generando congestión en la operación diaria.
Los usuarios también lo están notando. En corredores de alta velocidad como el AVE entre Madrid y Tarragona, las limitaciones temporales han provocado retrasos de más de una hora en determinados servicios, según fuentes de Renfe y reportes de viajeros, que han visto cómo un trayecto que suele durar menos de dos horas puede prolongarse sensiblemente por tramos con velocidades reducidas a 80 km/h. En otros trayectos de AVE, como en el eje Alicante-Madrid, se han registrado demoras de hasta 40 minutos sobre lo programado, malestar que se extiende a miles de pasajeros diariamente en la red de alta velocidad.
La comparación con la red convencional muestra una tendencia de retrasos incluso más marcada: al aplicar limitaciones preventivas en tramos rurales o de cercanías, el efecto acumulado en trenes de Media Distancia y Cercanías ha provocado diferencias de entre 20 y 40 minutos de demora promedio, con picos superiores en zonas con peores condiciones de infraestructura. Aunque no existen cifras oficiales diarias consolidadas, asociaciones de usuarios y sindicatos calculan que decenas de miles de viajeros al día sufren demoras atribuibles directa o indirectamente a estas limitaciones de velocidad en los servicios regionales y de cercanías, especialmente en horas punta.
En términos de puntualidad general, los datos previos a las restricciones ya reflejaban que el AVE tenía alrededor de un 20 % de servicios con retrasos, con un pequeño porcentaje excediendo la hora de demora, mientras que los servicios convencionales mostraban tasas de retraso algo menores en estadísticas anteriores. Estos datos parten de escenarios normales, sin la actual oleada de LTV. La entrada en vigor de tantas limitaciones de velocidad ha obligado a Renfe a revisar horarios, reforzar comunicaciones a usuarios y, en algunos casos, reorganizar servicios alternativos como autobuses sustitutivos en Media Distancia.
Las autoridades ferroviarias y el Ministerio de Transportes defienden que estas limitaciones de velocidad son medidas de seguridad preventiva, activadas tras alertas de maquinistas que reportan irregularidades en la vía y como consecuencia del escrutinio riguroso tras el accidente de Adamuz. Sin embargo, los sindicatos y asociaciones de pasajeros insisten en que la acumulación de restricciones refleja un problema estructural más profundo en el mantenimiento de infraestructuras, y piden inversiones y planes de acción que permitan recuperar las velocidades habituales sin comprometer la seguridad de la red.
