Las lluvias récord en Cataluña paralizan parte del transporte y ponen a prueba el drenaje urbano

Las lluvias récord en Cataluña paralizan parte del transporte y ponen a prueba el drenaje urbano
El temporal ha dejado dos muertos, miles de incidencias y graves alteraciones ferroviarias, viarias y eléctricas. Mientras los depósitos pluviales evitaron inundaciones mayores en Barcelona, la afectación de corredores de transporte, centros de transformación y equipamientos esenciales muestra que la resiliencia depende del conjunto del sistema.

Cataluña afronta la recuperación de uno de los episodios de lluvia más extraordinarios de sus registros recientes. Las precipitaciones han causado dos muertes, cortes de carreteras, interrupciones ferroviarias, inundaciones en equipamientos sanitarios y miles de averías eléctricas. El balance provisional de la Generalitat contabiliza 1.931 llamadas al teléfono 112 por 1.546 incidentes y 77 personas trasladadas a centros sanitarios. En uno de sus últimos recuentos, Endesa mantenía a 4.430 clientes sin suministro después de gestionar 2.819 incidencias en la red de distribución.

La magnitud hidrológica del episodio ayuda a explicar la extensión de los daños. La estación de Can Bruixa, en el barrio barcelonés de Les Corts, recogió 213 litros por metro cuadrado en 24 horas, el mayor registro diario observado en la ciudad desde el inicio de las series en 1883. Vilassar de Mar alcanzó 288 litros por metro cuadrado; Granollers, 248; Mataró, 244, y Cabrils, 232. El caudal del Besòs llegó a 936 metros cúbicos por segundo en Santa Coloma de Gramenet, la mayor crecida del río en lo que va de siglo y casi el doble de la registrada durante el temporal Gloria de 2020.

Un litro por metro cuadrado equivale a un milímetro de precipitación. Por tanto, los 213 litros registrados en Can Bruixa representan una lámina de agua de 21,3 centímetros si se distribuyera uniformemente y no hubiera infiltración, almacenamiento ni evacuación. En una ciudad densamente urbanizada, buena parte de ese volumen se convierte rápidamente en escorrentía: un suelo natural puede infiltrar hasta el 70% del agua, mientras que un pavimento convencional apenas absorbe alrededor del 5%. La topografía de Barcelona agrava el problema, porque los fuertes desniveles de las zonas altas se transforman en pendientes muy suaves al acercarse al mar, lo que concentra caudales y dificulta su salida.

Depósitos subterráneos de retención

Pese a la intensidad de la lluvia, Barcelona evitó inundaciones aún más graves gracias a sus depósitos subterráneos de retención. Los 15 recintos disponibles, con una capacidad conjunta próxima a 477.000 metros cúbicos, almacenan temporalmente el agua que la red de colectores no puede evacuar de inmediato. Durante el temporal se llenaron y vaciaron sucesivamente entre las distintas fases de precipitación, lo que permitió gestionar de forma acumulada cerca de 1,2 millones de metros cúbicos. No se trata de una capacidad simultánea de esa magnitud, sino del resultado de reutilizar varias veces el volumen disponible conforme descendía el caudal.

Estas instalaciones cumplen una doble función. Por un lado, laminan la avenida: retienen el máximo de caudal y lo devuelven gradualmente al alcantarillado cuando la red recupera capacidad. Por otro, reducen los vertidos al mar de agua mezclada con residuos, ya que Barcelona dispone mayoritariamente de un sistema unitario que transporta por los mismos conductos aguas residuales y pluviales. La ciudad prevé ampliar esta protección con nuevos depósitos, colectores de mayor sección y sistemas urbanos de drenaje sostenible, como pavimentos permeables y zonas capaces de retener agua en superficie.

La respuesta del drenaje urbano contrasta con la vulnerabilidad que han mostrado otras redes interdependientes. Rodalies ha acumulado varios días de cortes y servicios alternativos por carretera mientras Adif inspeccionaba túneles, puentes, taludes, vías, catenarias y sistemas de señalización. Este miércoles la circulación quedó temporalmente paralizada por la negativa de los maquinistas a operar sin garantías adicionales, aunque se reanudó después de que los sindicatos validaran los informes de seguridad. Persistieron, no obstante, interrupciones por causas meteorológicas, entre ellas la de la R2 Sur entre Vilanova i la Geltrú y Cunit.

La distinción es relevante: una parte de las alteraciones procede de daños físicos o inspecciones preventivas, mientras otra responde al procedimiento de certificación y a la gestión operativa de la seguridad. Atribuir toda la paralización a un fallo material de la infraestructura impediría identificar correctamente los distintos cuellos de botella. Los autobuses sustitutorios tampoco pueden absorber por completo la demanda de una red ferroviaria metropolitana, especialmente cuando las carreteras sufren simultáneamente inundaciones, desprendimientos y cortes.

Red eléctrica

La lluvia también penetró en centros de transformación eléctrica y redes subterráneas de baja tensión. En los hospitales Vall d’Hebron y General de Granollers fue necesario reorganizar parte de la actividad; otros centros sanitarios sufrieron goteras, filtraciones, problemas de telefonía o cortes de electricidad. La protección de accesos, cuadros eléctricos, grupos de emergencia y equipos de comunicaciones se convierte así en una cuestión tan importante como la capacidad hidráulica de calles y colectores.

El episodio no demuestra por sí solo qué parte de su intensidad puede atribuirse al cambio climático; eso exige un estudio específico. Sí obliga a revisar los parámetros con los que se diseñan las infraestructuras. Las curvas que relacionan intensidad, duración y frecuencia de la lluvia se calculan a partir de registros históricos, pero dejan de ofrecer el mismo margen de seguridad cuando los episodios extremos cambian de frecuencia o magnitud.

La lección técnica trasciende la construcción de colectores más grandes. La adaptación requiere combinar depósitos, superficies permeables, restauración de rieras, sensores, predicción meteorológica de muy corto plazo y protocolos coordinados para transporte, electricidad, hospitales y emergencias. Una ciudad puede proteger eficazmente su centro urbano y seguir parcialmente paralizada si fallan los corredores ferroviarios, las subestaciones o las conexiones metropolitanas. La resiliencia no depende solo de que cada infraestructura soporte la lluvia, sino de que todas puedan seguir funcionando juntas cuando llega un episodio extremo.

Redacción

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