La siderurgia española empieza a parar la producción en las horas de electricidad más cara

La siderurgia española empieza a parar la producción en las horas de electricidad más cara
Las acerías están reorganizando sus ciclos de fabricación y deteniendo temporalmente algunas instalaciones para limitar el impacto de la escalada energética. UNESID calcula un sobrecoste de 658 millones de euros entre marzo y diciembre de 2026, concentrado principalmente en la electricidad y agravado por los servicios de ajuste del sistema.

La industria siderúrgica española ha comenzado a realizar paradas de producción durante las franjas horarias en las que la electricidad alcanza sus precios más elevados. No se trata de interrupciones provocadas por averías, sino de una decisión operativa con la que las plantas intentan contener unos costes energéticos que amenazan la rentabilidad de determinados lotes y órdenes de fabricación.

La Unión de Empresas Siderúrgicas (UNESID), ha confirmado que estas paradas ya se están produciendo y advierte de que pueden extenderse si persisten los actuales niveles de precios. La organización no ha identificado las instalaciones afectadas ni ha cuantificado las horas de funcionamiento o el tonelaje que ha dejado de producirse, por lo que todavía no puede hablarse de una paralización generalizada del sector. Sí existe, sin embargo, un cambio relevante en la planificación de la actividad industrial.

La adaptación de los horarios de fabricación al precio de la electricidad es una práctica habitual en las acerías eléctricas. El horno de arco constituye una carga de elevada potencia que trabaja por ciclos y, dentro de ciertos límites, permite concentrar las fases más intensivas en electricidad durante las horas valle. La diferencia actual es que la programación nocturna y el desplazamiento ordinario de la demanda ya no resultan suficientes para compensar el encarecimiento de la energía, lo que está llevando a suspender algunos ciclos cuando producir deja de ser económicamente viable.

La flexibilidad de una acería, no obstante, está condicionada por la continuidad de su cadena productiva. La fusión en el horno eléctrico debe coordinarse con la metalurgia secundaria, el transporte de las cucharas, la colada continua y, dependiendo de la configuración de la planta, los trenes de laminación. Interrumpir una parte del proceso puede provocar pérdidas térmicas, alterar la secuencia de coladas y obligar a reprogramar personal, materias primas y equipos auxiliares.

Las paradas frecuentes también pueden incrementar el número de arranques y transitorios térmicos, elevar el consumo específico de energía y afectar al rendimiento de los refractarios. En los hornos de recalentamiento y en otros equipos alimentados con gas, mantener la instalación a temperatura sin producir genera un coste adicional, mientras que enfriarla y volverla a poner en régimen exige tiempo y combustible. Por ello, la decisión no consiste simplemente en desconectar una fábrica cuando sube el mercado eléctrico, sino en determinar qué equipos pueden modularse sin comprometer la seguridad, la calidad metalúrgica o la productividad global.

Sobrecoste de 658 millones

Según la estimación provisional de UNESID, el sobrecoste energético soportado por la siderurgia española entre marzo y diciembre de 2026 alcanzará aproximadamente 658 millones de euros. De esa cantidad, 403 millones corresponderían a la electricidad y 255 millones al gas. El impacto se concentra especialmente en el último cuatrimestre: unos 452 millones entre septiembre y diciembre, frente a los 206 millones acumulados hasta agosto.

En julio, el precio medio del mercado eléctrico alcanzó los 104,75 euros por megavatio hora, un 50,5 % más que en junio. El gas negociado en MIBGAS registró una media próxima a 55,5 euros por megavatio hora, con un incremento mensual del 23,5 %. Las previsiones manejadas por la patronal para el cuarto trimestre sitúan la electricidad en torno a 143 euros por megavatio hora y el gas natural alrededor de 76 euros.

A esos importes se añaden los servicios de ajuste del sistema eléctrico, utilizados para corregir en tiempo real los desequilibrios entre generación y demanda y mantener la frecuencia y la seguridad de la red. UNESID calcula que estos servicios supondrán para los consumidores siderúrgicos un coste adicional de unos 21,60 euros por megavatio hora en 2026. La patronal sostiene que este componente introduce una desventaja frente a industrias instaladas en países europeos con otros esquemas de compensación o protección para los grandes consumidores.

Fusión de chatarra

El problema afecta de manera especial a la siderurgia española por el peso de la ruta eléctrica basada en la fusión de chatarra. En 2025, el sector produjo 11,8 millones de toneladas de acero y transformó aproximadamente 9,3 millones de toneladas de chatarra en nuevos productos. Esta estructura productiva proporciona una elevada capacidad de reciclaje y reduce la dependencia del mineral de hierro, pero hace que la competitividad de una parte importante de la producción esté directamente vinculada al precio y a la disponibilidad de electricidad.

El gas también continúa desempeñando un papel relevante en hornos de recalentamiento, tratamientos térmicos y otras operaciones auxiliares. El aumento simultáneo de ambos vectores energéticos limita la posibilidad de compensar el encarecimiento eléctrico mediante cambios de tecnología o combustible a corto plazo.

La presión energética llega, además, en un momento de debilidad de la demanda europea, mayor competencia de las importaciones asiáticas, dificultades de acceso al mercado estadounidense y encarecimiento de la logística y de algunas materias primas. El carbón coquizable, empleado en la ruta siderúrgica convencional, ha aumentado más de un 30 % desde principios de año. Las exportaciones españolas de productos siderúrgicos a Oriente Próximo también han descendido desde una media mensual de 8.470 toneladas en 2025 hasta unas 3.154 toneladas entre marzo y junio de este año.

Exposición internacional

La exposición internacional amplifica el problema. Alrededor del 70 % de la producción siderúrgica española se destina a mercados exteriores y cerca de dos tercios de esas exportaciones tienen como destino otros países de la Unión Europea. El aumento del coste energético no puede trasladarse automáticamente al precio final cuando los fabricantes compiten con plantas sometidas a condiciones eléctricas diferentes.

UNESID ha solicitado un plan de choque que eleve al menos hasta 1.000 millones de euros la dotación de 2026 destinada a compensar los costes indirectos de las emisiones de dióxido de carbono. También reclama consolidar la reducción del 80 % de los peajes eléctricos para la industria electrointensiva e incluir dentro de ese tratamiento los servicios de ajuste y las restricciones técnicas mientras permanezcan en niveles extraordinarios.

La organización propone asimismo estudiar mecanismos temporales que limiten la transmisión del precio del gas al mercado eléctrico, tomando como referencia la denominada excepción ibérica, y pide conocer cuanto antes las condiciones que se aplicarán en 2027. El Gobierno, tras reunirse con representantes industriales, ha reconocido la complejidad del escenario y ha señalado que estudia nuevas medidas, aunque también ha advertido de las restricciones presupuestarias y de la necesidad de encajarlas en la normativa europea.

Más allá de las ayudas, las paradas ponen de manifiesto un problema de planificación industrial. Las siderúrgicas pueden aportar flexibilidad al sistema eléctrico desplazando consumos y adaptando sus ciclos, pero esa capacidad tiene límites físicos y económicos. Cuando la modulación deja de ser una herramienta de optimización y comienza a reducir el número de coladas, los turnos o la utilización de las instalaciones, el precio de la energía pasa a determinar directamente el volumen de producción industrial.

Redacción

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