La expansión de los centros de datos tensiona la red eléctrica en plena era de la inteligencia artificial
La reciente alianza entre Iberdrola y Echelon Data Centers para desplegar centros de datos de gran escala en España pone de manifiesto un fenómeno estructural de enorme calado: la convergencia entre informática intensiva, inteligencia artificial, redes eléctricas y sostenibilidad energética, en un contexto en el que el consumo global de electricidad de los centros de datos se dispara.
La nueva joint venture (bautizada como Echelon Iberdrola Digital Infra) prevé una inversión superior a los 2.000 millones de euros y planea desarrollar grandes infraestructuras de “hiperescala”: su primer gran proyecto, “Madrid Sur”, contará con 144 MW de capacidad de procesamiento y una conexión eléctrica garantizada de 230 MW, alimentada con energía renovable, principalmente fotovoltaica.
Este impulso llega en un momento de crecimiento explosivo de la demanda energética de los centros de datos a escala global. Según proyecciones de Gartner, Inc., entre 2025 y 2030 el consumo eléctrico mundial de estos centros podría casi duplicarse (de 448 TWh en 2025 a cerca de 980 TWh en 2030) impulsado en gran medida por la adopción masiva de servidores optimizados para inteligencia artificial. Por su parte, un informe de diversas consultoras señala que, si no se logran mejoras de eficiencia suficientes, el consumo global ligado a centros de datos podría superar los 1.300 TWh anuales en la próxima década.
En España, este fenómeno empieza a ser tangible: según la consultora DNV, el consumo anual de los centros de datos podría ascender de los 6 TWh estimados en 2024 a aproximadamente 12 TWh en 2030, y podría alcanzar los 26 TWh hacia 2050. Esto representaría un incremento del 300 % respecto a hoy, con los centros de datos y la IA pasando a consumir un porcentaje relevante de la electricidad destinada a instalaciones comerciales y de edificios. Además, según datos del sector, la demanda de centros de datos en España podría crecer un 90 % hasta 2028, impulsada por la digitalización, los servicios en la nube, IoT, 5G y otras tecnologías emergentes.
Este contexto revela una paradoja: por un lado, España, y concretamente áreas como la Comunidad de Madrid, se perfilan como destino preferente para invertir en infraestructura digital, debido a su red de fibra óptica, disponibilidad de terrenos y acceso creciente a energía renovable, como ha señalado el sector. Por otro, la presión sobre la red eléctrica podría crecer de forma abrupta si no se planifica con antelación: el despliegue simultáneo de múltiples “hiperescalares” exige potencia, estabilidad de suministro, recursos de energía limpia, y sistemas de refrigeración y eficiencia energética.
Para los responsables de energía, compañías eléctricas e ingeniería —lectores habituales de publicaciones técnicas— esto supone un desafío de primer orden: hay que diseñar redes capaces de soportar puntas de demanda crecientes, contemplar fuentes renovables y almacenamiento, implementar sistemas de eficiencia energética, o incluso repensar la ubicación de centros de datos para evitar saturaciones regionales. Además, la presión medioambiental exige que esas infraestructuras no solo escalen en potencia, sino que lo hagan de forma sostenible: un crecimiento descontrolado podría revertir los avances en transición ecológica.
La alianza Iberdrola–Echelon marca un punto de inflexión. No es solo un negocio rentable, sino un espejo de hacia dónde evoluciona la infraestructura digital en Europa: hacia “fábricas de datos e IA” que requieren decenas, incluso cientos, de megavatios por instalación. Si se apuesta por la eficiencia, las renovables y la planificación a largo plazo, esta ola puede consolidar una base sólida para la transformación digital. Pero si no se gestiona con rigor, existe el riesgo de que la demanda energética termine chocando con los límites de las redes eléctricas, comprometiendo sostenibilidad y fiabilidad.
En definitiva: el futuro digital ya no se mide solo en exabytes o capacidad de cómputo, sino en megavatios, energía eficiente y sostenibilidad. Y España, por ahora, parece estar dispuesta a asumir el reto.
