Europa despierta (otra vez) al ruido de los cañones

Europa despierta (otra vez) al ruido de los cañones

Durante años miramos la Defensa -sí, con mayúscula- como un asunto lejano, casi anacrónico, propio de desfiles y desfiles… y poco más. Los tiempos de paz nos hicieron mirar para otro lado. La palabra Defensa sonaba fea, incómoda, casi de otro siglo. Preferimos hablar de cooperación, sostenibilidad y transición verde. Todo muy bonito… hasta que el mundo se volvió a llenar de tanques, drones y hackers. El mundo geopolítico actual nos ha dado una bofetada de realidad: la Defensa vuelve a ser un sector en boga.

Ahora descubrimos, con cierto estupor, que la Defensa importa. Y no poco. Mientras soñábamos con la “paz perpetua”, se acumulaban más de 50 conflictos armados activos. Ucrania, Gaza, el Sahel… y un largo etcétera que ya no cabe en los mapas. El planeta está en tensión, y Europa, una vez más, llega tarde al campo de batalla —industrial, tecnológico y estratégicos clave. La inestabilidad se ha globalizado: se libra en el espacio, en los mares, en los cables de datos, en los servidores, y hasta en las minas de tierras raras.

El Libro Blanco de la industria europea lo deja claro: necesitamos autonomía estratégica. Dicho sin tecnicismos, tenemos que fabricar lo nuestro. Para eso, los países europeos necesitan una industria de Defensa cohesionada y competitiva, capaz de producir lo que hoy compramos a otros —desde munición y defensa antiaérea hasta sistemas de comunicación o tecnología espacial. Pero claro, eso implica invertir, coordinarse y, horror, tomar decisiones. Europa lleva años subcontratando su seguridad a Estados Unidos.. Y luego nos extraña que dependamos.

En España el discurso suena parecido: tenemos empresas punteras y un enjambre de pymes que sostienen el empleo. Cada puesto directo en defensa genera tres indirectos. Un informe de PwC habla de un posible crecimiento del 16,4%. Buenas cifras, sí, pero insuficientes si seguimos pensando que la Defensa es un gasto y no una inversión estratégica. El reto no es solo crecer, sino hacerlo con cabeza: con sostenibilidad, inversión en talento y una cadena de valor sólida.

Porque no nos engañemos: Europa perdió una década en innovación. Mientras en Silicon Valley levantaban imperios tecnológicos, aquí discutíamos sobre si el 5G podía causar alergias. Hoy cuesta encontrar una empresa europea entre las veinte tecnológicas más influyentes del mundo. No es que nos falte talento; lo que nos falta es ambición y decisión.. ¿Recuerda el lector alguna empresa europea entre las veinte tecnológicas más potentes del mundo? Exacto. La ausencia habla sola. No es que seamos menos listos, es que hemos invertido menos. Y en lo que se refiere a Defensa, mientras EE.UU. destina el 100 % de su presupuesto de Defensa a su propia industria, Europa apenas llega al 20%. El resto, literalmente, se lo compramos a ellos. Luego nos sorprendemos de ser dependientes Y, como si fuera poco, seguimos atados por la fragmentación política. Veintisiete Estados, veintisiete egos, y ninguna intención de ceder soberanía. Sin una política de Defensa común, con programas y compras conjuntas, el sueño europeo seguirá tropezando con la misma piedra.

A todo esto se suma otro clásico: la lentitud. Lo que en otros lugares se decide en diez minutos, en Europa tarda dos años y tres comités. Mientras nosotros debatimos la coma de un reglamento, otros ya están lanzando satélites. Si la Unión quiere ser algo más que un club de buenas intenciones, debe acelerar, simplificar y actuar. Como tampoco hay que olvidarse del talento. Tenemos ingenieros y técnicos brillantes que acaban trabajando fuera. De cada 13 profesionales -ingenieros e ingenieras- de todas las partes del mundo que trabajan en empresas en el exterior, 6 son nuestros. La inteligencia artificial podrá hacer mucho, pero aún no sustituye el ingenio humano. Y ese ingenio hay que formarlo y, sobre todo, retenerlo.

En definitiva, no hay prosperidad sin seguridad, ni seguridad sin industria de Defensa. Europa no puede seguir jugando al escondite con su propio futuro. O apostamos por la innovación y la unidad, o seguiremos poniendo parches mientras otros fabrican el mañana. Los conflictos no esperan, y la historia tampoco. Europa puede seguir siendo el laboratorio de las buenas intenciones… o despertar, de una vez, del sueño de la ingenuidad.

Almudena Semur

Almudena Semur

Economista y Consultora

4 thoughts on “Europa despierta (otra vez) al ruido de los cañones

  1. De acuerdo. Hay que invertir mucho mas en innovación. De ella una parte será “armamentística”, pero ni mucho menos debería ser todo en defensa, como parece inferirse del artículo.

  2. Sin duda invertir en Defensa es invertir en Paz. Pero también es invertir en progreso, empleo de calidad, en nuestros valores y en definitiva Autonomía (con mayúsculas) .

  3. Gran articulo. La Defensa forma parte de los cimientos de la libertad y soberania. Requiere programas de inversión y sostenimiento estables y a largo plazo en personal, material, armas, infraestructuras y financiación, los cuales no admiten sobresaltos, ni períodos de vacas flacas ni de gordas. Las alternancias de partidos en el Gobierno han de pactar programas estratégicos que no admiten caprichos ideológicos, y menos aún provenientes de Partidos minoritarios. Los enemigos y oponentes acechan cualquier periodo de descuido.

  4. Falta ambición ? Yo creo que a las mujeres ( a muchas ) nos sobra .
    El gran problema la lentitud y la burocracia
    Me ha encantado el artículo

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