España aspira a liderar el suministro mundial de diamante para chips con una megafábrica en Trujillo
Una inversión conjunta de 2.350 millones entre la SETT y Diamond Foundry impulsará en Cáceres la mayor planta global de sustratos de diamante monocristalino para semiconductores de alto rendimiento. Extremadura se proyecta así como nodo tecnológico estratégico.
España ha dado un salto inesperado y contundente en la carrera internacional por la microelectrónica avanzada. La compañía estadounidense Diamond Foundry, en alianza con la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), construirá en Trujillo (Cáceres) la que será la mayor fábrica del mundo dedicada a la producción de sustratos de diamante monocristalino para semiconductores de alto rendimiento. La inversión total asciende a 2.350 millones de euros, de los que alrededor de 752–753 millones procederán del PERTE Chip a través de la nueva SETT.
El anuncio ha generado un eco internacional inusual para la región: Extremadura aparece en la prensa extranjera no por energías renovables o turismo rural, sino por tecnología de vanguardia en uno de los sectores más estratégicos del planeta. La operación sitúa a España en el mapa global de los materiales críticos para la electrónica de nueva generación.
La futura planta producirá sustratos de diamante monocristalino, un material cuyas propiedades térmicas, eléctricas y mecánicas superan ampliamente a las del silicio. Su capacidad para disipar calor, soportar altas tensiones y operar a frecuencias elevadas lo convierte en un componente esencial para aplicaciones de automoción eléctrica, microelectrónica de potencia, defensa, computación avanzada e infraestructuras críticas de comunicaciones.
Los responsables del proyecto destacan que el diamante sintético de alta pureza permitirá desarrollar dispositivos más eficientes, más compactos y con mayor durabilidad, abriendo la puerta a una nueva generación de chips orientados a tecnologías 5G y 6G, supercomputación y electrónica embarcada en vehículos eléctricos.
Desde el punto de vista industrial, la planta de Trujillo aspira a convertirse en un hub tecnológico global, capaz de atraer empresas auxiliares, centros de investigación y talento especializado. La dimensión de la inversión y el carácter disruptivo del material sitúan a Extremadura en una posición inédita dentro de la cadena de valor mundial de los semiconductores.
La puesta en marcha de la fábrica, prevista por fases, se enmarca en el PERTE Chip y en la estrategia nacional para reforzar la autonomía tecnológica, diversificar la industria de microelectrónica y situar a España en segmentos de alto valor añadido. Para el sector de la ingeniería, el proyecto supone un hito por la complejidad técnica de la producción de diamante monocristalino a escala industrial y por la sofisticación de los procesos asociados.
Con esta operación, España no solo atrae una inversión sin precedentes en el ámbito tecnológico, sino que también aspira a convertirse en el primer proveedor mundial de diamante para chips, situándose en un espacio de liderazgo reservado hasta ahora a pocos actores. Extremadura, tradicionalmente ligada a sectores primarios o energéticos, se prepara así para incorporar una industria puntera a su tejido económico y consolidarse como referente en innovación avanzada.
