El tren de los sueños… y las vías muertas
El ministro abusón del Twitter anunció este lunes inversiones multimillonarias para que el AVE vuele a 350 km/h, construir nuevas estaciones, por ejemplo en Parla, además de nuevas inversiones en puertos y carreteras. La epopeya ferroviaria de Óscar Puente nos invita a soñar con horizontes de grandeza y caballos de hierro. Pero un plan semejante debería ser presentado por el Consejo de Ministros y no en un desayuno de prensa informal. Y, sobre todo, debería contar con un presupuesto detallado, plazos concretos y estudios técnicos de los que no tenemos noticia.
Todo suena a la estrategia ya conocida de este Gobierno, la misma que permite a Pedro Sánchez anunciar la construcción de cientos de miles de viviendas, pertes millonarios o cualquier otra promesa faraónica que luego un gobierno en minoría y sin posibilidad de legislar sin permiso de Puigdemont es incapaz de ejecutar. Sin barca, remos ni guitarra, como cantaba Manolo García, el Gobierno hace pájaros de barro y los echa a volar.
Mientras Puente pinta aviones sobre rieles y retoza en las redes sociales, España sufre el abandono de sus redes fundamentales. Nos promete trenes que aún no existen, pero se olvida de los que ya tenemos. La red de cercanías revienta por las costuras, los túneles en los que no caben los vagones tiemblan, las vías se deterioran y las catenarias se caen. Las carreteras son cada vez más peligrosas, mal señalizadas, con asfalto resquebrajado y mantenimiento inexistente. El sistema eléctrico es incapaz de asumir la ingente generación eólica y fotovoltaica. Y las presas, “los viejos muros pueden hablar si sabemos escuchar”, que decía Shakespeare, nos están pidiendo ayuda a gritos.
Nos advierten la Asociación de Ingenieros de Caminos y el Instituto de la Ingeniería de España de que de las 375 presas estatales, más de 1 de cada 3, 112 para ser exactos, requiere de refuerzos estructurales urgentes. El 75 % necesita estudios de seguridad adicionales, el 65 % debe renovar sus sistemas de auscultación y vigilancia, el 50 % debe rehabilitar sus desagües de fondo y más del 75 % carece de planes de emergencia o protocolos de evacuación.
La presa de Forata, en Valencia, es un buen ejemplo. Durante la DANA de octubre de 2024 se convirtió en un peligro latente y a ella dedicó toda su atención ese comité de emergencias que mientras tanto no pudo o no supo alertar de las crecidas en los barrancos. Pero solo es una de muchas. Las presas son un patrimonio del que no podemos prescindir, que es urgente mantener y necesario ampliar. Pero todo esto resulta un tabú para este gobierno de anuncios grandilocuentes y procrastinación exasperante. ¿Qué prioridad tienen las infraestructuras fundamentales? ¿Qué valor le dan a la seguridad real frente al modelo del relato?
Según la Asociación Española de la Carretera (AEC), el déficit en inversión para conservar las vías interurbanas no de peaje alcanza los 13.441 millones de euros. Más de la mitad de las carreteras españolas (el 52 %, según sus datos) están en estado grave o muy grave. Y, la tasa de deterioro entre inspecciones sube un 8 % cada año. ¿Qué pasará si no se actúa? Pues el informe advierte de que 34.000 kilómetros de vías necesitan una reparación urgente en menos de un año.
Mientras Puente sueña con trenes eléctricos y denuncia sabotajes, las roturas de la catenaria interrumpen las conexiones ferroviarias y dejan los trenes parados y a los viajeros abandonados sin agua ni comida. Y no es solo el tendido eléctrico, son también los sistemas informáticos de Adif, que han causado importantes demoras, lo que pone de manifiesto la debilidad tecnológica de una infraestructura crítica supuestamente moderna. El anuncio de trenes ultrarrápidos sí que les debe sonar a chino a los extremeños, que tardan cuatro horas en recorrer los menos de 300 kilómetros que les separan de Madrid.
Y para integrar todas nuestras capacidades de generación eólica y fotovoltaica sin correr el riesgo de nuevos apagones necesitamos inversiones para reforzar la red de alta tensión con nuevas líneas HVDC/AC, subestaciones, reconductores y control de tensiones para evacuar generación distribuida y transporte de potencia a largas distancias. Haría falta también modernizar y digitalizar la distribución, reforzar el almacenamiento energético y aumentar las interconexiones internacionales, entre otras cosas.
Puente debería dejarse de anuncios tan pomposos como vacíos y empezar por proponer un plan nacional de infraestructuras, diseñado con rigurosos criterios técnicos y en el que el mantenimiento sea una prioridad. No necesitamos eslóganes publicitarios ni emprender carreras de velocidad con los trenes chinos, sino dejar trabajar a los ingenieros y a los técnicos de probada cualificación de los que disponen los ministerios, a los que hace años que nadie les pide su opinión.
Lo que necesitamos no son más anuncios, hablar mucho es lodo, que dice nuestro refranero castellano. Pero parece evidente que eso es lo único que son capaces de hacer nuestros ministros. Lamentablemente, el tren de los sueños de Puente, que promete miles de millones para modernizar el AVE pero no puede invertir 200 en soterrar las vías que parten en dos su ciudad, tal vez por lo mal que votaron sus vecinos en mayo de 2023, acabará en una vía muerta. Lo trágico es que todos vamos subidos en esos vagones.
