El estadio del Rayo no presenta daños relevantes en su estructura portante, pero sí una obsolescencia generalizada
La auditoría encargada para preparar la futura remodelación del estadio descarta, según el Gobierno regional, daños relevantes en su estructura portante, pero revela una obsolescencia generalizada de las instalaciones eléctricas, los sistemas contra incendios, el alumbrado de emergencia y las redes sanitarias. Las obras urgentes podrían mantener cerrado el recinto entre dos y seis meses antes de abordar una reforma integral valorada en 60 millones de euros.
El problema principal no parece encontrarse en la estabilidad global del edificio. El consejero madrileño de Cultura, Turismo y Deporte, Mariano de Paco Serrano, ha asegurado que la estructura del estadio se encuentra en buenas condiciones y que las deficiencias se concentran en su mantenimiento integral y en el incumplimiento de la normativa aplicable a las distintas instalaciones. Se trata, por tanto, menos de una patología estructural que obligue a reconstruir graderíos o elementos resistentes que de una degradación acumulada de los sistemas que permiten explotar con seguridad un recinto capaz de concentrar a cerca de 15.000 personas.
La auditoría, de más de un centenar de páginas, describe una situación de “obsolescencia generalizada” y un “severo incumplimiento normativo”. Entre las principales deficiencias figuran los sistemas de protección contra incendios, las instalaciones eléctricas, el alumbrado de emergencia y las condiciones higiénico-sanitarias. También faltan documentos que acrediten la legalización de instalaciones críticas, los resultados de las inspecciones periódicas obligatorias y la aplicación de planes de mantenimiento preventivo.
Esta ausencia documental no constituye una irregularidad meramente administrativa. Sin registros de inspección, certificados de puesta en servicio e historiales de mantenimiento no es posible comprobar si cuadros eléctricos, líneas, sistemas de emergencia, equipos de climatización o instalaciones de protección contra incendios conservan sus prestaciones de diseño. Tampoco puede determinarse con precisión su vida útil remanente ni establecer una estrategia fiable de sustitución de componentes.
El informe señala además que varios equipos han superado su periodo de vida útil y no cumplen la regulación vigente. Las imágenes incorporadas a la auditoría muestran residuos, cajas, envases, pinturas y otros materiales acumulados en dependencias interiores. Esta situación incrementa la carga de fuego, dificulta el acceso de los equipos de mantenimiento y puede obstaculizar la evacuación o la intervención de los servicios de emergencia.
Problemas en las redes de saneamiento
En materia sanitaria, la auditoría advierte de la ausencia de controles y registros de limpieza en determinadas instalaciones de agua. Según la información conocida, no existía un sistema documental que permitiera acreditar adecuadamente la vigilancia frente a la legionela. El riesgo no implica que se haya detectado un brote, sino que no estaban implantados o documentados los controles necesarios para descartar la proliferación de la bacteria en circuitos de agua, duchas, vestuarios u otros equipos susceptibles de generar aerosoles.
Las primeras actuaciones deberán centrarse, por tanto, en restablecer las condiciones mínimas de explotación. Será necesario revisar y, cuando proceda, renovar los sistemas de detección y extinción de incendios; comprobar la sectorización, los recorridos de evacuación y la señalización; reparar las instalaciones eléctricas; recuperar el alumbrado de emergencia; sustituir equipos fuera de vida útil y regularizar documentalmente todas las instalaciones sometidas a inspección.
La intervención deberá incluir igualmente la limpieza y retirada de materiales almacenados, la revisión de las redes de fontanería y saneamiento, la implantación de los controles sanitarios obligatorios y la reparación de los sistemas de climatización y ventilación. La Comunidad había movilizado para comenzar los trabajos técnicos de electricidad, fontanería, jardinería, climatización y ventilación, además de personal destinado a recuperar el césped, que ya obligó la pasada temporada a suspender un partido y a trasladar temporalmente al equipo al estadio de Butarque.
La reapertura no dependerá únicamente de que las reparaciones materiales hayan terminado. Antes de volver a admitir público será necesario inspeccionar las instalaciones, realizar pruebas funcionales, completar la documentación técnica y certificar que los sistemas de seguridad y evacuación responden correctamente. La Comunidad estima que esta primera fase puede prolongarse entre dos y seis meses, aunque el plazo dependerá del alcance real de las deficiencias que aparezcan cuando los técnicos puedan acceder a todas las dependencias.
Proyecto de remodelación integral
La situación resulta especialmente llamativa porque la Administración regional había invertido cerca de tres millones de euros en actuaciones anteriores. En 2025 se renovaron las dos cubiertas, se repararon fachadas, se sustituyó la jardinera situada ante las taquillas por una escalinata con barandillas, se mejoró la accesibilidad, se reformaron aseos y se instalaron nuevos equipos de climatización y extracción en las dependencias utilizadas por varias federaciones deportivas. Aquellas intervenciones, sin embargo, eran obras localizadas y no resolvían la degradación general de las instalaciones ni la falta de mantenimiento reglamentario ahora detectada.
Las reparaciones urgentes tampoco sustituyen el proyecto de remodelación integral que la Comunidad presentó en junio. Esta actuación, valorada en 60 millones de euros y con un plazo estimado de 24 meses, pretende ampliar el aforo desde aproximadamente 14.500 hasta al menos 18.500 espectadores y adaptar el terreno de juego a las dimensiones exigidas por LaLiga y las competiciones internacionales.
La principal operación arquitectónica será la construcción de una nueva grada en el fondo de la calle Teniente Muñoz Díaz, donde actualmente existe un muro tras una de las porterías. El diseño propone dos fondos simétricos y volados y una ampliación aérea hacia la calle Payaso Fofó, evitando aumentar la huella ocupada por el estadio. Esta solución busca ganar capacidad en una parcela muy condicionada por su integración en el tejido urbano de Vallecas.
Doble piel ligera, translúcida y permeable para la fachada
El proyecto contempla también una doble piel ligera, translúcida y permeable para la fachada; la renovación de los asientos; la actualización de pasillos, escaleras y recorridos interiores; la mejora de la accesibilidad y la redistribución de vestuarios, sala de prensa, zona mixta, palco y dependencias de las federaciones. El estadio cuenta con protección parcial dentro del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, por lo que la intervención deberá conservar sus elementos esenciales y parte de su configuración arquitectónica original.
En la parcela regional de la calle Arroyo del Olivar se estudia además construir un edificio multifuncional conectado con el campo y dotado de aparcamiento subterráneo, aunque esta actuación no está incluida en el plazo de 24 meses calculado para la remodelación principal. Una vez completada la fase inicial de seguridad, la intención es compatibilizar el resto de las obras con la celebración de partidos.
El inicio efectivo de los trabajos continúa, no obstante, condicionado por el conflicto entre la Administración y el club. Técnicos de la Comunidad intentaron acceder nuevamente al estadio durante la mañana de este jueves 30 de julio, pero el Rayo volvió a impedirles la entrada, mientras realizaba por su cuenta tareas de limpieza. El retraso añade incertidumbre a un calendario ya muy ajustado y puede prolongar el periodo durante el cual el equipo tendrá que jugar fuera de Vallecas.
