El presidente de Tecniberia denuncia el uso abusivo de contratación con Ineco y detalla los grandes desafíos para la ingeniería española
La ingeniería española se encuentra ante una encrucijada que no admite complacencias. Así lo afirmó Joan Franco, presidente de Tecniberia, la Asociación Española de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos, en un evento con las empresas asociadas con motivo del cierre del año. En una reciente Tribuna publicada en el diario ABC, Franco denunciaba la situación de uso abusivo de contratación de la empresa pública Ineco y sus consecuencias negativas para el interés general y la libre competencia.
En su artículo en ABC, Joan Franco explica que “Ineco es una compañía pública de ingeniería que forma parte de los medios propios de las Administraciones Públicas”. Y recuerda que “su función está recogida en la legislación española y se refiere a los casos de suministros de bienes y servicios en situaciones excepcionales recurriendo a capacidades propias en lugar de ir al mercado a través de concursos abiertos y transparentes que aseguran los procedimientos de concurrencia competitiva”.
Como asegura Franco, “la excepcionalidad viene determinada exclusivamente por tres circunstancias: razones de seguridad nacional, de urgencia y de mayor eficiencia por considerar que no existen proveedores alternativos en el sector privado”. Pero fuera de estos tres escenarios “la contratación a empresas públicas como Ineco provoca barreras de desarrollo a las empresas de capital privado, socava y drena una muy considerable carga de trabajo a las ingenierías de capital privado, dificultando su crecimiento y, consecuentemente, su robustez y rentabilidad”.
Y esta competencia desleal no se limita a España, sino también a licitaciones en el extranjero, según afirma Franco apoyándose en el ejemplo de lo sucedido con un contrato de supervisión de diseños, proyecto y construcción del anillo vial periférico de Lima (Perú). Ineco fue finalmente elegida tras presentar una oferta económica 15 millones de dólares más barata que la de los dos grupos donde radican empresas de capital privado español. “No ha de ser posible que con dinero público privemos de competir a empresas españolas de capital privado en los contratos internacionales”, concluye Franco.
Los retos para la ingeniería española
En el evento con las empresas asociadas con motivo del cierre del año, Franco explicó que el sector debe afrontar de forma simultánea tres desafíos globales que condicionarán su supervivencia y su relevancia futura: la revolución digital, la transición hacia una ingeniería circular y el impacto creciente del cambio climático. No se trata de una reflexión teórica ni de un ejercicio retórico, sino de una llamada de atención ante el riesgo real de que la ingeniería pierda peso estratégico si se enfrenta a estos retos sin visión, sin equilibrio y, sobre todo, sin el respaldo adecuado de quienes diseñan las reglas del juego.
La transformación digital es, quizá, el reto más visible. Pero conviene no caer en el error de reducirla a una cuestión tecnológica. Como bien recordó el analista económico Marc Vidal, en el tema central de su conferencia ¿Llegas a tiempo al futuro?, “no vivimos una época de cambios, vivimos un cambio de época. La digitalización no viene a sustituir el trabajo humano, sino a eliminar aquello que no aporta valor”. En este contexto, los datos, la inteligencia artificial y los nuevos modelos de negocio no son fines en sí mismos, sino herramientas para hacer infraestructuras más eficientes, más sostenibles y más útiles para la sociedad.
Según Marc Vidal, hay cuatro claves para abordar con éxito el desafío digital que supone este momento de disrupción: el uso de los datos para generar mejores experiencias de cliente, la utilización de la inteligencia artificial para hacer mucho más eficientes los procesos empresariales, la mutación de los productos a servicios para generar nuevos modelos de negocio y, especialmente, la búsqueda de la excelencia en los equipos humanos, a partir de las competencias a estimular. “El verdadero riesgo no es equivocarse, es no atreverse. Quien piense que la disrupción es una amenaza, ya ha perdido; quien la vea como una oportunidad, va por delante”, concluyó.
Ahora bien, la tecnología por sí sola no basta. El verdadero factor diferencial seguirá siendo el talento. Apostar por equipos humanos excelentes, bien formados y justamente retribuidos es una condición imprescindible para que la ingeniería española siga ocupando posiciones de liderazgo internacional. Y, sin embargo, aquí es donde empiezan a aparecer las contradicciones.
Para el presidente de Tecniberia, la presión sistemática a la baja en los precios de los contratos públicos, a través de subastas encubiertas o criterios puramente económicos, está erosionando los cimientos del sector. Cuando se obliga a competir solo por precio, se empuja a las empresas a trabajar al límite, se deterioran las condiciones profesionales y se lanza un mensaje demoledor a las nuevas generaciones: estudiar ingeniería exige mucho esfuerzo, pero no garantiza un reconocimiento acorde. El resultado es un círculo vicioso que desemboca en la falta de vocaciones y en una peligrosa pérdida de conocimiento.
La ingeniería no es una mercancía intercambiable. Es una actividad intelectual, basada en la experiencia acumulada, la innovación constante y la capacidad de anticipar riesgos en un entorno cada vez más complejo. Evaluarla únicamente por su coste económico es un error estratégico que ningún país que aspire a mantener su competitividad debería permitirse. España cuenta con empresas punta de ingeniería que participan en proyectos icónicos en los cinco continentes; esa independencia técnica y tecnológica no es casual, sino fruto de décadas de inversión en conocimiento.
A este problema se suma otro que merece una reflexión profunda: el uso creciente de los medios propios de la Administración para ejecutar trabajos que podrían y deberían realizarse en régimen de concurrencia competitiva. Cuando la excepción se convierte en norma, el mercado se distorsiona y la transparencia se resiente. Defender un sector privado fuerte, profesional y competitivo no es ir contra lo público, sino garantizar un ecosistema equilibrado y eficiente.
Finalmente y no menos importante, no podemos olvidar el desafío climático. Las infraestructuras del futuro deberán ser más resilientes, adaptarse a fenómenos extremos y minimizar su impacto ambiental. La transición hacia una ingeniería circular, con menos emisiones y menos residuos, no es solo una obligación ética, sino una oportunidad para innovar y generar valor añadido.
En definitiva, la ingeniería española tiene ante sí una elección clara: asumir la disrupción como una amenaza o convertirla en una oportunidad. Pero para avanzar no basta con discursos inspiradores; hace falta que la Administración, los clientes y la sociedad en su conjunto comprendan que apostar por la ingeniería es apostar por el futuro del país.
