Nepal-Tíbet: anatomía de una catástrofe y el desafío de reconstruir con menos riesgo
La explicación mejor respaldada empieza en la pared de roca y hielo de Langtang Lirung. La evaluación multidisciplinar de World Weather Attribution, publicada el 17 de septiembre, reconstruye el fallo de aproximadamente 2 km² de pared rocosa y glaciar. La masa cayó unos 1.400 metros, se fragmentó, incorporó agua, hielo y sedimentos y se transformó en una corriente de detritos de enorme movilidad. El peligro cambió de naturaleza mientras avanzaba: de colapso de ladera a avenida hiperconcentrada de caudal sólido, capaz de crear presas temporales y roturas sucesivas.
La señal inicialmente catalogada como terremoto M4,4 —y recalculada después con magnitudes equivalentes mayores— fue producida por el propio movimiento de masa. La energía sísmica del colapso fue equivalente aproximadamente a M5,5. No existe evidencia de un terremoto tectónico precursor que desencadenase el desastre del 26 de agosto.
La reconstrucción sitúa la llegada a Rasuwagadhi, 22 kilómetros aguas abajo, en unos siete minutos: una velocidad media próxima a 188 km/h. La onda alcanzó Devghat, a unos 200 kilómetros, en menos de siete horas, con un caudal máximo estimado superior a 5.850 m³/s. El corredor recibió aproximadamente 30,5 millones de m³ de sedimentos y derrubios. Son cifras de una evaluación rápida, no el último informe geotécnico de detalle, pero despliegan la escala física de la cascada.
Durante la caída, la energía potencial se transforma en velocidad, fragmentación, calor y turbulencia. El material puede licuar nieve y hielo, incorporar agua del cauce y erosionar el fondo y las márgenes. Ese crecimiento por arrastre explica por qué la masa que llega a los valles puede ser mucho mayor que el volumen inicialmente desprendido. El precedente de Chamoli, en 2021, mostró una transformación equivalente: unos 27 millones de metros cúbicos de roca y hielo generaron una corriente de gran movilidad que transportó bloques de más de 20 m y dañó dos complejos hidroeléctricos.
La rotura libera no solo agua, sino una mezcla densa y abrasiva. A igualdad de caudal, una corriente con alta concentración de sólidos tiene mayor densidad, empuje e impacto; puede obturar vanos, elevar la lámina, erosionar pilas y estribos y golpear edificios con bloques y troncos. Por eso el episodio no debe modelarse únicamente como hidrograma de agua limpia. La distinción condiciona las acciones sobre puentes, tomas hidroeléctricas, desarenadores, carreteras y protección de márgenes.
Tampoco conviene denominar automáticamente al fenómeno GLOF, las siglas inglesas de avenida por vaciamiento de lago glaciar. Puede haber existido un vaciamiento, pero del lago temporal creado por el propio alud. No está demostrado que rompiera un lago glaciar preexistente. Esta diferencia separa el episodio actual del ocurrido en la misma cuenca el 8 de julio de 2025, cuando las imágenes Sentinel confirmaron el drenaje de un lago supraglaciar del Tíbet a unos 5.150 metros. Aquella avenida destruyó el puente fronterizo, dañó la aduana, la carretera y centrales hidroeléctricas, y dejó muertos y desaparecidos.
Una prepublicación revisada el 7 de septiembre, todavía sin revisión por pares, reconstruye una superficie fuente preferente de unos 1,01 km², un recorrido representativo de 21,8 km hasta Gyirong y un descenso de aproximadamente 3.396 metros. Su cartografía delimita una huella perturbada aguas abajo de 37,35 km². Son medidas preliminares del sistema fuente–trayectoria–receptores, no una determinación definitiva del volumen desprendido.
El análisis identifica un contexto térmico anómalo en los siete días anteriores y no encuentra precipitaciones antecedentes excepcionalmente elevadas en sus contrastes. Sus autores advierten, sin embargo, que esto no demuestra el desencadenante. El debilitamiento del permafrost, la pérdida de soporte glaciar y el agua en fracturas son mecanismos físicamente plausibles que necesitan comprobación específica.
Una causa gestada durante años, pero no un desencadenante único
World Weather Attribution concluye que el calentamiento antropogénico hizo más probable la combinación de condiciones que preparó la ladera. La actividad humana añadió aproximadamente 1,5 °C a las temperaturas de julio y agosto y unos 2 °C al promedio anual regional. La isoterma de 0 °C asciende del orden de 100 metros por década durante el monzón y el posmonzón; los glaciares regionales pierden un espesor equivalente superior a medio metro anual y Langtang Lirung ha acelerado su retroceso desde 2010.
El mecanismo físico es coherente: el adelgazamiento del glaciar reduce el soporte lateral; el deshielo del permafrost debilita las discontinuidades del macizo; el agua aumenta presiones y lubrica fracturas. La geología decidió dónde podía fallar la pared y el terremoto M7,8 de 2015 pudo dejar daño residual. Pero el estudio no afirma que el colapso no se hubiera producido sin cambio climático ni identifica un único instante desencadenante. La formulación rigurosa es que el calentamiento actuó como factor desestabilizador de una ladera geológicamente predispuesta.
Nepal anunció además un comité científico nacional con un plazo previsto de dos meses. A 21 de septiembre no consta publicado un informe final de ese comité. La atribución climática fortalece la explicación, pero no sustituye la investigación geológica, glaciológica e hidráulica de detalle.
Los riesgos que no terminan con la primera avenida
Dos catástrofes en catorce meses convierten el antecedente en algo más que una comparación. Revelan que el riesgo del Lhende no reside en un solo lago que pueda vigilarse o vaciarse. Es un sistema de alta montaña capaz de producir lagos de formación rápida, desprendimientos glaciares, avalanchas de roca y hielo, presas de derrubios y roturas súbitas. Cada mecanismo puede transformarse en el siguiente antes de que una clasificación administrativa haya llegado a emitir la alerta.
La geografía hace el resto. El Lhende y el Kyirong Tsangpo forman cerca de Rasuwagadhi el alto Trishuli, llamado allí Bhote Koshi. El cauce desciende después al Narayani y entra en India como Gandak antes de alcanzar el Ganges. En su tramo alto, el río circula por un valle estrecho en el que coinciden la ruta terrestre con China, aldeas, aduanas, puentes, líneas eléctricas y una cadena de proyectos hidroeléctricos. El fondo del valle es al mismo tiempo corredor económico y vía natural de evacuación de masas.
Las acumulaciones de roca, hielo y detritos pueden represar el río, almacenar agua y abrir una brecha por desbordamiento o erosión interna. Una nueva caída puede modificar el cauce o generar una ola dentro de un lago temporal. Por eso, el descenso de un nivel de agua no equivale automáticamente a la estabilización de toda la cabecera.
La información china del 1 de septiembre dio por drenado uno de los lagos represados. No permite concluir que el segundo cuerpo de agua identificado anteriormente haya desaparecido ni que todas las laderas sean seguras. Sin una evaluación completa actualizada, el riesgo residual debe tratarse como pendiente, no como una segunda catástrofe inevitable.
El calentamiento añade presión a todo el sistema, aunque no convierte cada ladera en inestable ni permite fechar el próximo colapso. La evaluación HI-WISE de ICIMOD documenta aceleración de la pérdida glaciar y cambios en nieve y permafrost. El peligro futuro debe calcularse ladera por ladera, combinando geometría, fracturación, temperatura del terreno, hidrología y exposición aguas abajo.
Víctimas y desaparecidos: cifras que no deben sumarse sin depuración
El último corte nacional disponible de la NDRRMA, fechado el 17 de septiembre a las 19.00, registra 1.410 fallecidos y 6.145 desaparecidos en Nepal, incluidos 587 extranjeros, además de 13.756 personas rescatadas. Nepal Police mantenía un registro distinto de 1.403 cuerpos o restos recuperados y 4.089 personas en búsqueda. Las cifras no son intercambiables: una parte de los 1.403 registros eran restos parciales y los censos de desaparecidos siguen sin armonizarse.
En Tíbet, el último corte separado aquí documentado corresponde al 5 de septiembre: 43 fallecidos y 519 desaparecidos. Las listas turísticas y laborales iniciales no deben añadirse a estos balances territoriales. El último estado recogido para los tres españoles es que estaban localizados y en contacto; contacto y evacuación no son categorías equivalentes.
¿Cuántos desaparecidos serán finalmente declarados fallecidos? Las herramientas habituales —registro nominal, geolocalización de última presencia, clasificación de exposición, búsqueda sectorizada, cotejo DVI y conciliación de listas— no permiten aplicar un porcentaje automático. Tampoco puede utilizarse captura–recaptura mientras las listas no sean independientes y se desconozca su solapamiento. Parte de los desaparecidos puede estar ya representada entre los cuerpos o restos recuperados.
Después de casi cuatro semanas sin contacto, la supervivencia de quien fue alcanzado por la avenida o quedó sepultado bajo depósitos masivos es extraordinariamente improbable. Es razonable prever que una mayoría muy amplia del censo depurado de desaparecidos terminará incorporándose al balance mortal. El balance final podría situarse en varios millares por encima de los 1.410 confirmados; cualquier intervalo numérico más estrecho sería hoy precisión ficticia, y estamos hablando de personas.
Por qué el balance tibetano (chino) no demuestra una menor letalidad
Comparar las muertes confirmadas de Gyirong con las de un extenso corredor nepalí no equivale a comparar tasas de mortalidad. Faltan denominadores homogéneos de población expuesta, ocupación de edificios y trabajadores presentes; además, el registro tibetano conserva centenares de desaparecidos. La recuperación e identificación de cuerpos puede avanzar a ritmos diferentes.
La distribución de asentamientos, la geometría del valle, los accesos y la concentración de centrales pueden explicar diferencias de exposición, pero no están cuantificados suficientemente para atribuir la diferencia de balances a una alerta china más eficaz. Tampoco el lugar donde aparece un cuerpo determina dónde murió la persona: la corriente transportó víctimas aguas abajo. La comparación necesita una investigación espacial y nominal, no una conclusión a partir de dos totales.
Los daños: recuperar una vivienda no significa recuperar una comunidad
La evaluación conjunta de la Comisión Nacional de Planificación y la NDRRMA, recogida el 13 de septiembre, identifica 7.570 edificios privados dañados en cinco distritos y 32.963 desplazados pertenecientes a 8.317 familias. Son edificios afectados, no necesariamente destruidos por completo: las inspecciones determinarán cuáles pueden repararse, reconstruirse o deben abandonarse por el peligro.
La misma evaluación estima más de 408.280 millones de rupias en pérdidas físicas y económicas y necesidades superiores a 723.000 millones para rehabilitación, reconstrucción y reducción del riesgo. Recuperar edificios privados exigiría unos 95.820 millones, incluyendo escombros, alojamiento provisional, agua, saneamiento, evaluación estructural y obras. Esta partida forma parte del cálculo general: no debe añadirse otra vez.
Pérdidas y necesidades no son conceptos idénticos. Reconstruir con nuevos accesos, servicios y márgenes de seguridad puede costar más que el valor de lo destruido. Una vivienda reparada sin agua, junto a una carretera interrumpida o bajo una ladera inestable sigue siendo vulnerable.
La Nepal Electricity Authority contabilizó 14 proyectos afectados: nueve operativos con 354 MW y cinco en construcción con 394 MW. Una primera estimación señaló que 431,1 MW habían salido del sistema. Entre las instalaciones citadas figuran Rasuwagadhi, de 111 MW; Sanjen Khola, de 78; Upper Trishuli 3A, de 60; y Chilime, de 22, además de otros proyectos, subestaciones y líneas. Afectado no significa destruido, y la cifra definitiva exigirá inspeccionar tomas, azudes, desarenadores, túneles, casas de máquinas, subestaciones y accesos.
El daño viario fue igualmente sistémico. El Departamento de Carreteras comunicó afectaciones en todo el tramo de 42 kilómetros entre Betrawati y Rasuwagadhi y la pérdida de varios puentes. También quedó destruido el tramo de 16 kilómetros hacia la frontera que se ampliaba a dos carriles con ayuda china después de la avenida de 2025. Reconstruir otra vez en la misma rasante, con los mismos vanos y sin revisar la envolvente de peligro sería confundir reposición con resiliencia.
Las cifras iniciales de 748 MW describen proyectos expuestos, incluidos activos en construcción, no potencia definitivamente destruida. Los unos 431 MW afectados o indisponibles tampoco representan una pérdida irreversible. La evaluación debe separar daños en generación, subestaciones, líneas y accesos. La interrupción de exportaciones y la necesidad de importaciones desde India muestran la repercusión nacional de un daño concentrado en un corredor.
India ha autorizado exportar a Nepal hasta 654 MW durante 18 horas diarias hasta el 31 de diciembre: un máximo de 600 MW por la interconexión Muzaffarpur–Dhalkebar de 400 kV y 54 MW por Tanakpur–Mahendranagar de 132 kV. Es un techo autorizado, no un suministro continuo ni una nueva estimación de potencia destruida. La medida muestra que el problema no se limita a reparar turbinas: afecta a la cobertura horaria, la reserva y el intercambio eléctrico nacional.
El transporte aporta otro indicador de escala: la federación sectorial declaró el 18 de septiembre 677 trabajadores sin localizar y 515 camiones o contenedores desaparecidos. Es un subconjunto potencialmente incluido en el registro nacional, no 677 desaparecidos adicionales. Un comité ministerial debe evaluar los daños y proponer criterios de compensación.
Rescate: primero abrir camino, después llegar al refugio
La logística ha estado condicionada por carreteras y puentes arrasados, depósitos profundos, laderas inestables y meteorología adversa. Introducir excavadoras, combustible y equipos especializados requería reconstruir accesos mientras continuaba la búsqueda. La respuesta combinó Ejército, policía, equipos sanitarios, voluntarios y especialistas internacionales.
Sanjay Sah y Kabir Maharjan fueron rescatados el 4 de septiembre de Trishuli-3A, nueve días después de la avenida. El ciudadano chino Lu Haitao fue extraído el 5 de septiembre de Upper Trishuli-1. Estos rescates confirman supervivencia tardía en espacios protegidos, no la supervivencia de quienes siguen desaparecidos.
Reuters reconstruyó el refugio de los dos primeros trabajadores en un conducto de cables ascendente que conservó aire. La búsqueda exigió excavación, perforación, voladuras controladas y limpieza. La investigación también señala problemas en la evacuación y el conocimiento de rutas de escape. Son hallazgos periodísticos que deberán contrastarse con la investigación técnica y operacional.
El Ejército estimó el 7 de septiembre que 121 de aproximadamente 900 trabajadores hidroeléctricos desaparecidos podrían estar dentro de galerías. No debe confundirse esa categoría con los 900 atrapados, ni sumarse a estimaciones anteriores de unos 500 posibles ocupantes de túneles.
El 16 de septiembre se recuperaron cuerpos y restos correspondientes a nueve personas en Chilime y Upper Trishuli-1. Cinco cuerpos fueron hallados en el túnel de inspección número 1 de Upper Trishuli-1, a unos 800 metros de la entrada; en Chilime aparecieron tres cuerpos completos y restos humanos. El rescate ha entrado en una fase cada vez más forense, aunque las búsquedas no se han cerrado.
La contribución internacional ha sido especialmente relevante cuando aportó capacidades concretas: rescate subterráneo, maquinaria, puentes modulares, comunicaciones, conservación de cuerpos y análisis forense. El contingente surcoreano de 44 especialistas regresó el 12 de septiembre sin localizar a los nueve trabajadores surcoreanos desaparecidos en Upper Trishuli-1. Un segundo equipo de ocho personas llegó el día 11, orientado a recuperación y reconstrucción. La transición no equivale al cierre de todas las búsquedas.
La respuesta aérea acumulaba el 17 de septiembre 1.634 vuelos del Ejército y 320 de la Policía Armada. En tierra, un puente modular Acrow ya presta servicio en Devighat. Son avances importantes para introducir equipos y suministros, pero no equivalen a la recuperación de la carretera internacional ni a la reapertura comercial de Gyirong.
Tecnologías: qué resuelven y dónde encuentran su límite
Drones de reconocimiento. Permiten inspeccionar cauces, laderas y accesos sin exponer de inmediato al personal. Las cámaras térmicas necesitan contraste térmico y visibilidad útil; no ven a través de metros de roca y lodo. Los drones tampoco sustituyen la excavación y la evaluación de estabilidad.
Drones de carga. Reuters documentó el 9 de septiembre cuatro DJI FlyCart 100 donados por China, con cargas de hasta 60 kg y trayectos operativos de 3–4 km. La flota realizaba entre 10 y 16 entregas diarias de alimentos, medicinas y combustible. Su utilidad es la última conexión con poblaciones aisladas, no reemplazar el transporte pesado por carretera.
Estados Unidos entregó además a la Policía Armada un Freefly Alta X Gen2, probado previamente en altura en Ama Dablam para transportar material y botellas de oxígeno. No se han publicado todavía la carga efectiva utilizada ni el número de misiones en esta emergencia; debe presentarse como capacidad incorporada, no como rendimiento demostrado.
Helicópteros. Han permitido evacuación sanitaria, traslado de especialistas y suministro donde no había acceso terrestre. La nubosidad, el relieve, las áreas de aterrizaje y la disponibilidad de aeronaves limitan su capacidad; reservarlos para pacientes y tareas críticas puede justificar el uso de drones para pequeñas cargas.
Comunicaciones satelitales. Las actas logísticas del 2 de septiembre documentan 20 teléfonos satelitales aportados por la UIT y terminales OneWeb disponibles para la autoridad de desastres. Ncell instaló acceso mediante satélites de órbita baja de Eutelsat en tres emplazamientos de Nuwakot y anunció nuevas ubicaciones. No existe acreditación del despliegue de Starlink: disponibilidad, oferta y servicio instalado deben distinguirse.
Rescate e identificación. Cámaras, escucha, ventilación, perforaciones y accesos alternativos deben coordinarse con cartografía de galerías y evaluación atmosférica. El desescombro requiere trazabilidad de cuerpos y objetos, cadena de custodia y cotejo forense. Abrir una galería y preservar la identificación son operaciones complementarias, no objetivos intercambiables.
Comparaciones: mecanismos parecidos, consecuencias distintas
Chamoli, India, 2021, es el precedente más cercano por el colapso mixto de roca y hielo y la transformación en flujo destructivo que golpeó instalaciones hidroeléctricas. La investigación publicada por USGS y Science estimó unos 27 millones de m³ de material desprendido. Ese volumen no debe extrapolarse a Nepal.
Sikkim, 2023, muestra otra secuencia: el impacto de una masa en un lago glaciar generó una ola y un vaciamiento con efectos aguas abajo. Huascarán, Perú, 1970, recuerda que un terremoto sí puede desencadenar una avalancha devastadora. La comparación es útil precisamente porque obliga a distinguir mecanismos: semejanza visual no significa igualdad causal.
Reconstrucción: necesidades estimadas, financiación todavía por completar
El 9 de septiembre, responsables nepalíes comunicaron a Reuters una petición de unos 5.000 millones de dólares para una primera fase de recuperación planteada sobre los próximos cinco meses, dirigida al Banco Mundial, al Banco Asiático de Desarrollo y a gobiernos donantes. Es una solicitud, no financiación concedida; su alcance temporal no debe equipararse automáticamente al de la evaluación posterior en rupias.
Existen aportaciones confirmadas, principalmente para la emergencia. El Banco Asiático de Desarrollo aprobó el 28 de agosto una subvención de cinco millones de dólares para rescate y asistencia. La Unión Europea comunicó el 3 de septiembre un total de 2,5 millones de euros de financiación humanitaria, que incorpora los dos millones iniciales. Aprobación y asignación tampoco equivalen necesariamente a desembolso íntegro.
El Fondo de Ayuda para Desastres del primer ministro disponía el 18 de septiembre de 14.560 millones de rupias: 10.900 millones en moneda nacional y 23,93 millones de dólares en cuentas de divisas. De ese total, 1.000 millones de rupias habían sido transferidos a la NDRRMA. El Gobierno ofrece a los hogares desplazados hasta seis meses de ayuda al alquiler: 15.000 rupias mensuales para familias de hasta cuatro miembros y 2.000 por cada integrante adicional. Es liquidez de emergencia, no financiación suficiente para la reconstrucción.
Estas ayudas sostienen la respuesta inmediata, pero no son por sí solas un fondo suficiente para reconstruir el territorio. Conviene separar subvenciones, préstamos, donaciones recibidas y solicitudes, y evitar sumar anuncios acumulativos o dinero ya incluido en fondos nacionales.
Como propuesta técnico-financiera, la recuperación debería articular tres programas. El primero: alojamiento, agua, saneamiento y accesos urgentes. El segundo: restitución de servicios e infraestructuras con proyectos evaluados y calendario público. El tercero: reubicaciones, vigilancia de glaciares y laderas, comunicaciones redundantes y alerta transfronteriza. Esta organización es una propuesta de análisis, no un programa gubernamental ya aprobado.
También debe distinguirse la capacidad de financiación de una central que recuperará ingresos de la de una comunidad desplazada. Los activos productivos pueden recurrir a financiación empresarial, seguros y crédito; la seguridad de las poblaciones y los bienes públicos necesita una financiación que no dependa de su rentabilidad comercial.
La pregunta no es solo cuánto dinero llegará. Es si permitirá reconstruir con menos riesgo en lugar de reponer las mismas instalaciones en los mismos puntos expuestos.
Monitorizar la montaña para que el peligro no sea una tragedia
La diferencia no reside únicamente en disponer de radares costosos, sino en tratar la inestabilidad de la montaña como una cadena de decisiones. La vigilancia remota debe identificar laderas colgantes con fracturas, pérdida de soporte glaciar, anomalías térmicas o deformación. Después, sensores in situ -GNSS, geófonos, cámaras, limnímetros, presión y acústica de flujo- deben confirmar cambios. Finalmente, umbrales claros tienen que activar cierres de carretera, parada segura de centrales, retirada de trabajadores y evacuación sin esperar a una reunión central.
La prioridad de reconstrucción debe ser, por tanto, revisar la cuenca completa antes de reponer piezas. Los proyectos necesitan modelar no solo la lluvia o la rotura de un lago, sino la secuencia ladera-glaciar-río-presa-rotura-transporte sólido. Los puentes deben comprobarse frente a impacto, obstrucción y socavación; las carreteras, frente a la pérdida de plataforma y rutas alternativas; las centrales, frente a colmatación instantánea, bloqueo de tomas, corte de accesos y caída de la red.
La última pieza es política y técnica a la vez. La cabecera está atravesada por la frontera entre China y Nepal, mientras que la onda se propaga hacia India. Sin telemetría compartida, imágenes en tiempo casi real, umbrales comunes y simulacros conjuntos, los minutos de ventaja se pierden en la frontera. La avenida del 26 de agosto no fue solamente un alud seguido de una inundación. Fue la demostración de que el Himalaya encadena peligros más deprisa de lo que sus instituciones y sus infraestructuras los separan.
La vigilancia debe combinar observación satelital de amplio alcance con instrumentación continua en los puntos prioritarios: desplazamiento GNSS, radar terrestre, geófonos, cámaras, temperatura del terreno, meteorología y niveles fluviales. No todas las laderas ofrecen precursores detectables; detectar un flujo ya iniciado puede proporcionar minutos útiles aguas abajo, pero requiere umbrales fiables y comunicaciones que sobrevivan al evento.
La última conexión es humana y operacional: sirenas, avisos redundantes, cierre de accesos y tomas, rutas señalizadas, refugios y simulacros. Un sensor no salva por sí solo. Salva una cadena ensayada que transforma una señal en una decisión y esa decisión en una evacuación. Donde el tiempo de llegada sea demasiado corto, la respuesta fundamental no será una alerta más rápida, sino reducir la exposición antes del siguiente colapso. ¿Puede hacer todo eso un país como Nepal? ¿Debe plantearse una acción internacional como la que planteamos, dada la naturaleza del Himalaya, de patrimonio natural de la humanidad, visitado anualmente por miles de personas de todas las procedencias? Nosotros creemos que sí.
