La inteligencia artificial en la universidad

La inteligencia artificial en la universidad

A estas alturas cualquier lector es consciente de que cuando se habla de la inteligencia artificial (IA) se está hablando de una tecnología disruptiva cuya importancia deriva de su capacidad para realizar tareas que tradicionalmente requieren inteligencia humana, pero con una velocidad y una potencia mucho mayores, lo cual va a suponer cambios radicales en nuestras formas de trabajar, estudiar e, incluso, de vivir.

El símil más gráfico con el que podemos imaginar lo que nos puede llegar a suponer la IA es un “exocerebro”, como un exoesqueleto, que nos puede ayudar de una forma exponencial, especialmente en los trabajos más intelectuales, y resolviéndonos aquellos más rutinarios.

Y, como toda herramienta, también tiene una serie de riesgos derivados de su mala o deficiente utilización pues, como cualquier dispositivo “exo”, lo que hace es potenciar lo que ya tenemos y su rendimiento y resultados dependen de nuestra destreza al utilizarlo.

La IA, concepto que surgió ya en los años cincuenta, es una tecnología que permite a las computadoras y a las máquinas imitar funciones cognitivas humanas como aprender, razonar, resolver problemas y tomar decisiones. Pero ello no significa que la inteligencia humana deba eximirse de realizar esas mismas funciones mientras usa dicha herramienta.

Para ello, esta tecnología se basa en el procesamiento de datos para cuyo análisis utiliza algoritmos que realizan tareas que, hasta ahora, requerían inteligencia humana, como entender el lenguaje, ver y analizar imágenes, y sacar conclusiones y realizar recomendaciones.

La IA tiene multitud de aplicaciones en asistentes virtuales, sistemas de recomendación, vehículos autónomos, ciberseguridad, etc., y seguirá experimentando un desarrollo durante los próximos años de tal forma que será difícil encontrar un dispositivo o actividad donde no esté implantada.

Como no podía ser de otra forma, la inteligencia artificial se está implantando en las universidades, convirtiéndose en una herramienta de apoyo para los estudiantes y con múltiples posibilidades para los profesores e investigadores. Y no pasará mucho tiempo antes de que tengamos que decir que esta herramienta habrá pasado de opcional a imprescindible.

Según el estudio “El impacto de la IA en la educación en España”, elaborado por Empantallados.com y GAD3, el 82% de los alumnos no universitarios ha utilizado ya alguna herramienta de IA, seguido del 73% de los profesores y del 69% en sus entornos familiares. Lógicamente, estos mismos alumnos son los que van a llegar a la universidad durante los próximos años, con lo que la extrapolación de estos datos solo puede ir en el sentido de un incremento en los porcentajes citados.

Con la información actual aún se desconocen cuáles puede llegar a ser todas sus posibilidades, así como el impacto que podrá llegar a tener en la sociedad y, más en concreto, en la universidad. Pero, lo que sí está claro es que ya presenta un grandísimo potencial para fortalecer los métodos de enseñanza e investigación que se tienen implantados en las escuelas de ingeniería, por citar nuestro ejemplo más cercano.

Sin embargo, como toda innovación tecnológica, y en este caso acelerada por la potencia que tiene, también presenta nuevos retos y desafíos durante este periodo de transición que vivimos.

Desde el punto de vista docente, la IA ayuda a innovar y acelerar en el proceso de enseñanza y aprendizaje, ayudando al profesor en la preparación de sus clases, pues supone un buen apoyo en la generación de contenidos y, además, ayuda en las tareas más administrativas, como puede ser el análisis de datos sobre el rendimiento académico de los estudiantes, realizar planificaciones semanales o controlar las asistencias, o calcular las calificaciones finales considerando toda una serie de criterios de evaluación. Todo ello de una forma más rápida, efectiva y objetiva de lo que lo puede hacer cualquier persona.

Desde el punto de vista del estudiante, también aporta numerosas ventajas, como es el caso de ayuda en la profundización de los conocimientos, el desarrollo de un pensamiento crítico y aumentando sus capacidades de búsqueda e investigación. La IA favorece un aprendizaje más personalizado que permite atender las necesidades del alumno al ritmo que necesita en cada momento.

En los trabajos de investigación, desarrollo e innovación la IA está suponiendo una aceleración brutal de todas las fases de cualquier proyecto, especialmente en las previas de búsquedas de información y en las de análisis de los datos manejados durante las fases más experimentales, permitiendo un alcance de los resultados de cualquier proyecto que hace unos años serían imposibles de imaginar.

Para que esta implantación se haga de forma correcta la universidad debe ser proactiva en la integración de la IA Generativa (IAG) en las aulas y así, en el caso de la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX), se han publicado, por ejemplo, guías dirigidas tanto a estudiantes como a profesores, con una orientación práctica que facilita la comprensión del potencial de esta tecnología en los nuevos modelos de enseñanza, además de ayudar a los docentes a promover entre los estudiantes el uso responsable y seguro de la herramienta.

El gran reto de los profesores en la universidad pasa por reducir el riesgo del empleo inadecuado de esta tecnología, controlando el uso excesivo, su empleo para el plagio y, lo que es más importante, el uso de la inteligencia artificial de manera poco inteligente, tal como viene pasando desde hace años con la búsqueda de datos y referencias a través de buscadores, sin una revisión crítica de los resultados obtenidos.

Este último aspecto es muy importante, pues los docentes deben incorporar, dentro de sus asignaturas, la enseñanza de las aplicaciones de la IA en los resultados de aprendizaje buscados, para que estos, cuando desarrollen su carrera profesional, sepan sacarle el mayor partido posible a la herramienta.

Es muy importante establecer normas y límites claros sobre su uso en las asignaturas y trabajos, estimular el pensamiento propio y espíritu crítico de los estudiantes, impulsar la creatividad e innovación, facilitar el entrenamiento con casos prácticos, y formar a los alumnos en los aspectos éticos para que hagan un uso seguro y responsable de la IA.

Como conclusión, se puede decir que la inteligencia artificial supone un recurso muy valioso en el entorno universitario, con unas posibilidades que todavía no alcanzamos a conocer del todo, pero que debe implementarse de una manera ética y reflexiva, siendo necesaria para formar a los estudiantes frente al mundo digital actual y futuro. Y para ello, los docentes deben formarse y formarles en su uso, ayudándoles a comprender tanto los beneficios como los riesgos de la IA.

Ángel Sampedro Rodríguez

Ángel Sampedro Rodríguez

Ángel Sampedro Rodríguez es Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos; y Máster en Dirección y Administración de Empresas. Actualmente compagina su labor de Director del Área de Ingeniería y Arquitectura en la Escuela Politécnica de la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX), con la de consultor en infraestructuras del transporte y sostenibilidad ambiental.

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