Invertir en los ingenieros del mañana para garantizar el progreso del país

Invertir en los ingenieros del mañana para garantizar el progreso del país

La Ingeniería siempre ha sido uno de los pilares fundamentales sobre los que se ha sustentado el progreso de nuestra sociedad. Sin ingenieros no habría infraestructuras, ni energía, ni industria, ni comunicaciones, ni seguridad técnica en los entornos en los que vivimos y trabajamos. Sin embargo, a pesar de su trascendencia, la Ingeniería española lleva demasiados años atrapada en un modelo profesional que no solo es anacrónico, sino que compromete nuestra competitividad, desorienta a los estudiantes y dificulta el futuro del propio país. Y mientras otros países consolidan modelos estables, sencillos y comprendidos por todos, nosotros continuamos atrapados en un sistema que ya no responde a las necesidades del presente y, mucho menos, a las del futuro.

Los datos del III Informe de Titulaciones Universitarias en Ingeniería del INGITE son el reflejo más claro de ese problema estructural. En las últimas dos décadas hemos perdido un 33% de vocaciones en Ingeniería. Hoy, apenas el 16,98% de los estudiantes universitarios cursan estos estudios frente al 24% que lo hacía en 2002-2003. Y lo más alarmante: solo el 7,54% de los egresados universitarios en España proceden de la Ingeniería, pese a que el país afronta una demanda creciente de perfiles STEM y una reindustrialización europea que exige más talento técnico del que estamos siendo capaces de formar.

Si los números ya resultan preocupantes, aún lo es más su explicación. Más de la mitad de las titulaciones de Grado en Ingeniería que hoy se ofrecen no son habilitantes. Esto significa que decenas de miles de estudiantes cursan grados que llevan por nombre “Ingeniería”, pero que no permiten ejercer las profesiones reguladas. Lo hemos visto repetidamente: jóvenes que finalizan sus estudios convencidos de que serán ingenieros y descubren, demasiado tarde, que necesitan completar un segundo grado habilitante o un máster generalista para poder firmar proyectos, dirigir obras, certificar instalaciones o acceder a numerosas plazas públicas. El desconcierto es enorme y la frustración, más aún.

No se trata de un problema menor. Es un fallo sistémico que se ha ido amplificando durante años y que se produce cuando el mercado académico se guía más por la lógica de la oferta, que por la recompensa profesional que tendrán sus egresados. Están proliferado grados “especialistas”, atractivos en su denominación pero que no cumplen las exigencias de las Órdenes CIN. Son títulos que rompen la secuencia natural que debería seguir cualquier sistema educativo eficiente: primero la formación generalista que habilita para una profesión y después, libremente, la especialización. En España, sin embargo, estamos invirtiendo ese orden, obligando a nuestros jóvenes a especializarse primero para luego generalizar, con un coste económico, personal y social que no podemos permitirnos.

Pero más allá de los datos, existe una reflexión que debemos afrontar sin reservas: todo este debate no va de los ingenieros que ya estamos en ejercicio. Va, sobre todo, de quienes vendrán. Debemos garantizar que los jóvenes que hoy escogen Ingeniería tengan un sistema claro, comprensible, competitivo y alineado con Europa. Un sistema que no les obligue a adivinar qué títulos son habilitantes y cuáles no, que no les penalice con itinerarios más largos que los europeos, que les permita evolucionar profesionalmente y que no mantenga barreras artificiosas entre “ingenieros” e “ingenieros técnicos” sin equivalente en el resto del mundo.

Además, es necesario unificar esfuerzos. La Ingeniería española no puede seguir fragmentada en múltiples corporaciones que compiten entre sí, debilitan su voz y dificultan la representación social ante la Administración y ante Europa. La falta de unidad solo favorece la inacción. Es imprescindible reforzar la cohesión entre las distintas ramas de la ingeniería, sumar voluntades y proyectar una imagen sólida y moderna de la profesión. La sociedad nos necesita unidos para defender cuestiones que afectan al interés general: la seguridad industrial, la sostenibilidad energética, la innovación tecnológica, la digitalización o la transición ecológica.

El país que queremos construir necesita ingenieros, pero sobre todo necesita un modelo que los respete, los proteja y les permita desarrollarse. No podemos seguir perdiendo vocaciones. No podemos seguir formando titulados que no podrán ejercer. No podemos permitirnos que la Ingeniería sea un laberinto burocrático ni una carrera de obstáculos. Y, por encima de todo, no podemos fallar a los jóvenes que hoy deciden orientar su vida profesional hacia una disciplina esencial para el progreso de la sociedad.

Porque este debate, en realidad, es un ejercicio de responsabilidad generacional. No hablamos de defender los intereses de quienes ya estamos dentro de la profesión: hablamos de construir un modelo mejor para quienes nos sucederán. Es a ellos a quienes debemos mirar. Son ellos quienes heredarán un país que necesitará más tecnología, más industria, más ingenieros. Y es nuestro deber garantizarles un camino claro y digno para serlo.

Apostando por los ingenieros del futuro lo hacemos por el progreso de todos.

José Antonio Galdón Ruiz

José Antonio Galdón Ruiz

Jose Antonio Galdón Ruiz, es Doctor por la Universidad Politécnica de Valencia, Graduado en Ingeniería Eléctrica e Ingeniero Técnico Industrial, Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de España (COGITI), y ocupa también los cargos de Vicepresidente de Unión Profesional, Decano del Colegio de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de Madrid (COGITIM), Presidente de la Fundación Técnica Industrial (FTI) y Director de la Cátedra internacional de Política Industrial y Energética de la UCAM, entre otros.

3 thoughts on “Invertir en los ingenieros del mañana para garantizar el progreso del país

  1. El Sr. Galdón además de estar en posesión de los Títulos que se indican es Máster Universitario en Prevención de Riesgos Laborales, titulación sin la cual no podría ser Doctor.

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