Demoler sin restaurar: el caso Puente Mesa y el fracaso de la gestión del agua

Demoler sin restaurar: el caso Puente Mesa y el fracaso de la gestión del agua
La demolición nocturna de una presa del siglo XVII en el río Cega reabre el debate sobre el papel de las infraestructuras hidráulicas, el patrimonio histórico y la seguridad de las personas.

La demolición del azud de Puente Mesa, en el río Cega, entre los municipios segovianos de Veganzones y Cabezuela, no es un episodio aislado ni un simple conflicto local. Es, una vez más, la expresión de una tendencia preocupante: llevar al extremo la aplicación de políticas europeas de “restauración fluvial” que, bajo un ecologismo simplificado y dogmático, ignoran la ingeniería, el patrimonio hidráulico y, sobre todo, la seguridad y el bienestar de las personas.

La actuación de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), dependiente de la Dirección General del Agua, se llevó a cabo de madrugada, sin aviso previo a los ayuntamientos ni a la población, y contraviniendo un compromiso político explícito adquirido en 2022 por el propio Gobierno de España: no demoler la presa y proceder a su restauración. El método elegido —la nocturnidad administrativa— es, cuando menos, incompatible con los principios de transparencia y lealtad institucional exigibles a una administración pública.

Una infraestructura histórica, no un “cacharro”

El azud de Puente Mesa no era una infraestructura cualquiera. Se trataba de una obra hidráulica con cerca de cinco siglos de antigüedad, integrada en el paisaje, en el ecosistema y en la memoria colectiva del valle del Cega. Reconocida por la propia CHD como infraestructura tradicional asociada a usos históricos, formaba parte del patrimonio hidráulico español, un patrimonio que la ingeniería ha construido, mantenido y adaptado durante siglos.

Reducir este tipo de infraestructuras a simples “obstáculos” o “barreras obsoletas” es una visión empobrecida de la historia técnica del país. España no es líder mundial en presas por casualidad: lo es porque supo gestionar el agua en un territorio complejo, irregular y vulnerable a extremos climáticos. Las presas, azudes y sistemas de derivación no solo almacenan agua: laminan avenidas, estabilizan cauces, controlan sedimentos y protegen poblaciones.

La promesa incumplida de 2022

En noviembre de 2022, la Delegación del Gobierno en Castilla y León anunció públicamente que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico no iba a derribar el azud de Puente Mesa, sino que asumiría su restauración. El acuerdo incluía soluciones técnicas para compatibilizar la conectividad fluvial con la conservación del patrimonio: escalas de peces, revegetación de riberas y posterior cesión a los ayuntamientos mediante concesión administrativa.

Tres años después, no hubo proyecto, ni obras, ni seguimiento. Y finalmente, hubo demolición.

El argumento esgrimido ahora por la CHD —la ausencia de solicitud formal de concesión por parte de los ayuntamientos— resulta, como mínimo, discutible. El compromiso público establecía una secuencia clara: primero la restauración, después la concesión. Invertir ese orden y utilizarlo como justificación para la demolición supone trasladar a pequeñas corporaciones locales una carga técnica y económica que el propio Estado había prometido asumir.

¿Bienestar de los peces o seguridad de las personas?

La CHD presume de haber demolido 95 estructuras similares, con un coste millonario, en nombre de la continuidad fluvial y del bienestar de las especies piscícolas. Nadie discute la necesidad de mejorar la conectividad de los ríos ni de cumplir la Directiva Marco del Agua. Lo que se cuestiona es la aplicación indiscriminada de esta política, sin análisis caso a caso, sin ponderación de riesgos y sin respeto al patrimonio.

Paradójicamente, mientras se invierten millones en eliminar pequeñas presas históricas, la Administración es incapaz de garantizar una gestión adecuada de la seguridad de las grandes presas, muchas de ellas con planes de emergencia incompletos o desactualizados.

Además, la demolición de azudes no siempre reduce el riesgo. En muchos tramos fluviales, estas estructuras estabilizan el lecho, reducen la erosión, controlan la velocidad del agua y mitigan avenidas. Su eliminación brusca puede provocar movilización de sedimentos, aumento de turbidez, afección a las riberas y riesgos aguas abajo, tal y como han advertido asociaciones técnicas y ambientales, incluida Aguaiuris, que ya ha llevado el caso a la vía penal.

Ingeniería frente a eslóganes

El discurso oficial habla de “ríos que vuelven a fluir”, pero la realidad es más compleja. Un río no deja de ser río por estar regulado, del mismo modo que una ciudad no deja de ser ciudad por tener alcantarillado. La ingeniería hidráulica no es el enemigo del medio ambiente; es su aliada cuando se aplica con criterio técnico y visión de largo plazo.

Existen soluciones intermedias, probadas y eficaces: permeabilización de presas, escalas de peces, gestión de sedimentos, mantenimiento selectivo de infraestructuras y adaptación a nuevos usos sociales y ambientales. El propio Estado ha ejecutado proyectos ejemplares en este sentido. Demoler por sistema no es restaurar: es simplificar.

Patrimonio, seguridad y desarrollo rural

Más allá del debate ambiental, la desaparición del azud de Puente Mesa supone un daño patrimonial irreparable, un impacto económico potencial sobre actividades agrarias y forestales, y una pérdida de oportunidades vinculadas al turismo rural y al uso social del río.

La Constitución obliga a los poderes públicos a proteger el patrimonio histórico y cultural, y el patrimonio hidráulico forma parte indiscutible de él. Preservarlo no es una nostalgia romántica, sino una apuesta por el desarrollo sostenible, la identidad territorial y la resiliencia frente al cambio climático.

Una pregunta incómoda

La demolición de Puente Mesa deja una pregunta que la ingeniería no puede eludir:
¿Hasta cuándo se va a anteponer un ecologismo mal entendido al bienestar, la seguridad y el patrimonio de la población?

La transición ecológica no puede construirse contra la ingeniería, sino con ella. Y tampoco puede hacerse de madrugada, sin diálogo, sin transparencia y sin respeto a los compromisos adquiridos.

Porque cuando cae una presa histórica, no solo cae una obra de fábrica: se erosiona la confianza en la Administración y se empobrece el legado técnico y cultural de todos.

Virginia Moreno Valverde

Virginia Moreno Valverde

Tengo experiencia en el ámbito del periodismo, tanto escrito como audiovisual, así como en el campo de la comunicación institucional y empresarial. Actualmente colaboro como contertulia en diferentes programas radiofónicos y escribo en diferentes soportes. También me encargo del gabinete de prensa y la comunicación institucional de diferentes entidades, labores que incluyen desde la consultoría de comunicación, la gestión de redes sociales, newsletter y web, la coordinación de eventos, la gestión, convocatorias de medios y relación con prensa.

3 thoughts on “Demoler sin restaurar: el caso Puente Mesa y el fracaso de la gestión del agua

  1. Un gran artículo, en la línea de los que pensamos que hay que proteger el patrimonio industrial y diferenciarlo de otros azudes que están destrozados. Además, en este caso se une que en el estío retenía agua y en las crecidas mitigaba la fuerza del agua sobre el puente que hay 100 m más abajo; por no hablar del valor estético y sentimental para los vecinos y para quienes hemos estado en ese paraje y visto desde la carretera. El problema es ese ecologismo de salón que tanto daño está haciendo. Gracias y enhorabuena.

  2. Me hubiera gustado que el artículo sobre el Azud de Puente Mesa acompañara fotografías de antes y después de la demolición. Aún así, es triste que algunas administraciones, e incluso políticos, te tomen tan a la ligera esa demolición que, al fin y al cabo, es un legado histórico de la ingeniería

  3. En este tipo de actuaciones se da la circunstancia de que lo que pretende el romanticismo ecologista, que se adueñado de buena parte de la población europea es más que dudoso, que lo consiga con estas actuaciones cerriles. Ocurre que estos azudes han generado ecosistemas propios que serán destruidos con la destrucción del azud; tiran piedras contra sus propias ilusiones; pongo un ejemplo de ello: caso del azud Cristinas (río Cabriel, Cuenca), con su destrucción se pretende, entre otras cosas, la recuperación del pez loina (o luina) cuya población fue numerosa aguas arriba y aguas abajo de ese azud y no se sabe por qué casi ha dejado de existir (la decadencia empezó en los años 80); si quedase alguna población de luina aguas arriba de ese azud, con la destrucción del mismo se facilita el acceso de la boga desde aguas abajo del azud y la boga es un competidor ventajoso con respecto a la luina que está colaborando en su extinción. Por otra parte, si quieren generar accesibilidad a lo largo del río, se pueden hacer obras para ello; con esto los ecosistemas generados por el azud se modificarían pero de manera más ligera. En todo caso, una obra de demolición de un azud requiere realizar un estudio de impacto ambiental que conlleva la destrucción del azud (parece que de eso se han olvidado en la UE).

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