Lápiz, piano y ecuaciones, la forma única de mirar el mundo de Francesc Solé Parellada

Lápiz, piano y ecuaciones, la forma única de mirar el mundo de Francesc Solé Parellada

Como escribí recientemente, elegir qué destacar de Paco es, con toda seguridad, equivocarse. Pero en esta ocasión —y aceptando la ficción de que podemos separar en esferas autocontenidas el perfil de una persona— espero que se comprenda que destaque el lado más ingenieril de nuestro siempre querido Francesc Solé Parellada. No porque fuese el único ni necesariamente el más importante, sino porque desde ahí supo articular como nadie una manera muy singular de mirar y estar en el mundo.

25 años del Programa Innova, una iniciativa pionera en Cataluña y España creada por Paco Solé.
25 años del Programa Innova, una iniciativa pionera en Cataluña y España creada por Paco Solé

Paco desarrolló una parte fundamental de su vida profesional en la Universitat Politècnica de Catalunya, institución en la que ejerció como profesor y desde la que dejó una huella profunda y duradera. Entendía la universidad no solo como un espacio de transmisión de conocimiento, sino como un entorno vivo que debía revisarse y mejorar de forma constante. De esa convicción nació el programa Innova, una iniciativa pionera que condensaba con enorme claridad su manera de pensar y actuar. Para Paco, la innovación no era un fin en sí mismo, ni un ejercicio de ruptura gratuita, sino una herramienta imprescindible para transformar realidades sin destruirlas. Innovar significaba comprender profundamente lo existente para poder preservarlo, hacerlo evolucionar y dotarlo de futuro. Esa mirada —radicalmente ingenieril y profundamente humana— atravesó toda su labor académica y dejó una impronta duradera en generaciones de estudiantes y colegas.

Desde ese mismo marco conceptual, y dando un paso más allá del perímetro estrictamente universitario, surgió posteriormente (2002) —junto a Francesc Santacana— la creación de la Fundación CYD. Ambos compartían la convicción de que la universidad necesitaba también espacios externos que, desde la independencia y el compromiso, contribuyeran a su mejora continua. Supieron convencer a Ana Patricia Botín de la necesidad de impulsar un lugar de diálogo, reflexión y construcción colectiva, situado fuera de la universidad, pero profundamente alineado con ella. Un espacio desde el que ayudar a las instituciones universitarias a mirarse críticamente, a evitar la autocomplacencia y a avanzar desde un enfoque propositivo y constructivo. Ese es también, sin duda, uno de los legados compartidos más valiosos de Paco.

Lo explicaba todo con especial lucidez en conversaciones largas, pausadas y siempre estimulantes, que etiqueté con ‘Aprender a pensar con Paco’. En una de esas interminables y deliciosas charlas que tuve la suerte de compartir con él, me insistía en algo que se me quedó grabado: la innovación es, muchas veces, absolutamente necesaria para conservar la tradición. Y no lo decía desde la teoría, sino desde la práctica. Él mismo lo demostró de forma ejemplar en el 7 Portes, establecimiento histórico y referente indiscutible de Barcelona. Allí supo aplicar innovación con un respeto exquisito por la tradición, modernizando procesos y formas de gestión sin alterar jamás el alma del lugar, con el único objetivo de preservar precisamente aquello que lo hacía único.

Pero Paco no solo pensaba y explicaba; además de tocar el piano, también dibujaba. Y lo hacía con una capacidad de síntesis extraordinaria. Sus ilustraciones —ya fuera en papel o en formato digital— eran una prolongación natural de su pensamiento: claras, intencionadas y profundamente pedagógicas. Fiel a ese espíritu innovador y respetuoso con la tradición, transitó del lápiz a la pantalla con absoluta naturalidad. Nunca llegué a concretar con él cuándo dibujó por primera vez en formato digital, pero me gusta pensar —sin ánimo de establecer comparación alguna— que lo hizo incluso antes que el propio David Hockney.

Todo lo anterior convivía, de manera armónica, en una persona profundamente buena. Generosa con los demás, pero sobre todo dialogante y paciente. Alguien que entendía que sobrerreaccionar era un gasto inútil de energía y que generar una crisis debía ser siempre la última opción, tras haber intentado —siempre— una aproximación constructiva. Nada de esto era debilidad: era lucidez, brillantez y una forma poco común de sabiduría, la sabiduría tranquila. Gracias, Paco, por el tiempo compartido, pero sobre todo por cómo lo compartiste. Por mostrarnos que la ingeniería también es una forma de servicio público, que innovar es, también, una manera de cuidar la tradición y que el diálogo honesto, desde la generosidad, es la forma más eficaz de transformar instituciones. Te echamos mucho de menos.

Manuel Cermerón Romero

Manuel Cermerón Romero

Ingeniero Industrial Creador de valor en el sector del agua, de la gestión a la innovación, siempre desde Veolia/Agbar, donde sigue siendo un ejecutivo inclasificable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *