Cero energético y cero responsabilidades

Cero energético y cero responsabilidades

Un año después del gran apagón, el Gobierno sigue sin haber hecho lo más elemental que debería hacer, es decir explicar con claridad qué ocurrió, quién tomó las decisiones, qué advertencias se ignoraron y asumir responsabilidades políticas, técnicas y regulatorias. La electricidad volvió, pero lo que no ha vuelto es la confianza, como demuestra un estudio publicado esta semana, según el cual el 86,7% de los ciudadanos consultados teme que en algún momento pueda repetirse un apagón similar. Y quizá por eso resulta tan irritante ver a Red Eléctrica empeñada en convertir el aniversario del “cero nacional” en una pieza de comunicación corporativa, como si el colapso de un sistema eléctrico pudiera despacharse con música de fondo, testimonios emocionados y la habitual liturgia de la autoexculpación.

Lo primero fue contarnos que todo indicaba a un ciberataque y luego, una vez agotado este camino, nos llevan por la senda del episodio inédito, imprevisible y multifactorial, la palabra mágica de nuestro tiempo. Que sirve, sobre todo, para no señalar a nadie, para diluir culpas, para envolver en niebla técnica una cadena de decisiones imprudentes. Porque lo que ha ido aflorando después no encaja demasiado bien con la versión de la fatalidad sobrevenida. Según los audios e informaciones publicados, en los meses, días y horas previas al apagón hubo alertas sobre oscilaciones de tensión, problemas vinculados a la penetración fotovoltaica y falta de recursos síncronos suficientes en el sistema. Los técnicos de operación describían una red tensionada por la solar, con pocos grupos con inercia y dificultades para corregir oscilaciones antes del colapso.

No se trata de demonizar las renovables. España necesita energía solar y eólica, necesita electrificación y necesita descarbonización. El problema es confundir un objetivo estratégico razonable con una religión política impermeable a las leyes de la física. Una red eléctrica no se gobierna con eslóganes, sino con inercia, tensión, reservas, potencia firme, almacenamiento, interconexiones, protecciones, control de frecuencia y un operador capaz de anteponer la seguridad del suministro a la foto verde del día. La energía renovable variable puede ser extraordinariamente valiosa, pero no se integra masivamente en un sistema sin respaldo, sin red suficiente y sin una operación prudente.

El dato más revelador es que, después del apagón, el sistema ha empezado a operarse de otra manera. Podemos para comprobarlo comparar el mix de generación a las 12.30 del 28 de abril de 2025, minutos antes del colapso, con el de la misma hora del 27 de abril de 2026. La solar seguía dominando e incluso aumentaba su peso, del 55% al 58%, pero la diferencia estaba en el colchón de respaldo. Los ciclos combinados pasan de 982 MW en 2025, a 2.234 MW, más del doble en 2026. Y la nuclear sube del 10% a más del 15%. Entre mayo y diciembre de 2025, la generación con ciclos combinados creció un 39% respecto al mismo periodo de 2024.

Es decir, el sistema que supuestamente no necesitaba más potencia firme ahora funciona con más gas y más nuclear. Lo llaman Operación Reforzada, pero también podría llamarse reconocimiento tácito del problema. Si antes no faltaba nada, ¿por qué ahora se mantiene más respaldo? Si el diseño previo era robusto, ¿por qué se ha encarecido la operación para sostener una red con más centrales firmes disponibles? Tras el apagón, Red Eléctrica opera con más margen de seguridad y con más tecnologías capaces de aportar estabilidad al sistema. Por algo será.

Porque, además, ese margen cuesta dinero. Los costes asociados a la operación del sistema y restricciones técnicas han pasado de 2.700 millones en 2024 a 3.500 millones en 2025, con 1.800 millones acumulados ya en los primeros meses de 2026. El impacto se nota incluso con precios mayoristas bajos, porque los sobrecostes de operación acaban filtrándose a la factura. Se prometió una transición barata y segura, y hemos terminado pagando más por corregir, de urgencia, los déficits de estabilidad de una transición vendida con demasiada propaganda y poca humildad técnica.

Lo más grave, sin embargo, no es solo el fallo. Los sistemas complejos fallan. Las redes eléctricas son organismos delicadísimos y ningún país está inmunizado contra incidentes severos. Lo verdaderamente corrosivo es la falta de responsabilidad. Un año después, no hay dimisiones de relieve, no hay una explicación política convincente, no hay asunción de culpa y la rendición de cuentas parece sustituida por expedientes administrativos, reproches cruzados y vídeos de reputación. Ese cero energético dividido por cero responsabilidades tiende a una infinita sensación de impunidad institucional en este aniversario.

Red Eléctrica tiene una responsabilidad central porque es el operador del sistema y porque su función no es contar después lo heroica que fue la reposición del servicio, sino impedir que el país entero se hunda en la oscuridad. El Gobierno también la tiene, porque la política energética no puede consistir en acelerar objetivos renovables mientras se minusvaloran los requisitos de red, respaldo y estabilidad. Y el regulador, es decir a CNMC debe explicar si vio venir el problema, si fue advertido y si actuó con la diligencia debida, en vez de ponerse, a toro pasado, a abrir expedientes a discreción, 56 creo que son los incoados a fecha de hoy.

La transición energética no puede fracasar por culpa de sus propagandistas. España necesita renovables, pero también necesita nuclear mientras sea necesaria, gas mientras haga falta, hidráulica, almacenamiento, redes, interconexiones y una conversación adulta sobre costes y seguridad de suministro. Lo infantil es fingir que no ha pasado nada y lo peligroso es descubrir, cuando se apaga el país, que todo pudo suceder por un afán absurdo de querer presumir de ser los primeros en generar toda la energía solo con renovables.

El apagón de 2025 debería haber sido una lección nacional. De momento, parece más bien una oportunidad perdida. Se ha reforzado la operación, se ha aumentado el respaldo, se ha encarecido el sistema y se ha maquillado el relato. Pero nadie da una explicación ni asume una sola responsabilidad. Y sin responsabilidad la oscuridad sigue envolviendo a las instituciones.

Diego Jalón Barroso

Diego Jalón Barroso

Periodista y consultor de comunicación

One thought on “Cero energético y cero responsabilidades

  1. Absolutamente de acuerdo. Además hay que señalar que no se entiende la apuesta por cerrar a corto plazo las nucleares: Mientras no haya sistemas alternativos de almacenamiento energético, ese cierre implicará un consumo mucho mayor de gas en los ciclos combinados , lo que además de ser bastante más caro implica un incremento de CO2 vertido a la atmósfera con su efecto invernadero añadido, lo que en principio se trata de evitar

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