Artemis II alcanza la órbita lunar y encara la fase crítica de retorno a la Tierra

Artemis II alcanza la órbita lunar y encara la fase crítica de retorno a la Tierra
La misión Artemis II, lanzada el pasado 1 de abril, es el primer vuelo tripulado más allá de la órbita baja terrestre desde 1972. pero además, en apenas diez días, la nave Orion y sus cuatro astronautas han completado hitos históricos alrededor de la Luna, en una misión diseñada para validar todos los sistemas clave que permitirán el regreso del ser humano a la superficie lunar en los próximos años.

La misión NASA Artemis II constituye el segundo gran paso del programa Artemis tras el vuelo no tripulado de 2022 y, sobre todo, el primero con tripulación a bordo del sistema completo formado por el cohete Space Launch System y la nave Orion. Se trata de una misión de tipo “flyby” lunar de diez días de duración, sin alunizaje, pero con un alto contenido tecnológico y operacional.

El lanzamiento tuvo lugar el 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy, tras semanas de ajustes técnicos y revisiones de preparación de vuelo, incluyendo problemas en el sistema de helio del cohete que obligaron a retrasar la misión. Desde ese momento, la misión ha seguido una secuencia cuidadosamente planificada que reproduce, con tecnología actual, el perfil de las misiones Apolo, pero con objetivos mucho más ambiciosos en términos de validación de sistemas para exploración profunda.

En las primeras horas tras el lanzamiento, la misión ejecutó con éxito la separación de etapas del SLS y la inserción en órbita terrestre, donde la tripulación, formada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, realizó pruebas iniciales de sistemas, incluidas maniobras manuales de pilotaje de la Orion, un aspecto clave para futuras misiones con mayor autonomía.

Maniobra de inyección translunar

El siguiente gran hito fue la maniobra de inyección translunar, que colocó la nave en trayectoria hacia la Luna mediante el módulo de servicio europeo. Esta maniobra no solo es crítica desde el punto de vista energético, sino que además establece la denominada trayectoria de “retorno libre”, en la que la gravedad lunar permite el regreso a la Tierra sin necesidad de grandes maniobras propulsivas adicionales.

Durante los días siguientes, la nave recorrió el espacio cislunar en un trayecto de aproximadamente cuatro días, alcanzando distancias superiores a los 400.000 kilómetros de la Tierra. En este punto, Artemis II ha batido registros históricos de distancia para una misión tripulada, superando el máximo alcanzado por el Apolo 13.

El momento culminante de la misión se ha producido con el sobrevuelo de la Luna, ejecutado a una altitud de entre 4.000 y 6.000 millas (aproximadamente 6.400 a 9.600 km). Durante esta fase, la nave ha pasado por la cara oculta del satélite, provocando un apagón de comunicaciones de unos 40 minutos debido a la imposibilidad de contacto con la red de espacio profundo.

Este paso ha permitido a la tripulación observar directamente regiones como la cuenca de Orientale y capturar imágenes de alta resolución, además de validar sistemas de navegación, comunicaciones y comportamiento térmico de la nave en condiciones reales de espacio profundo.

En paralelo, la misión ha servido para probar elementos críticos de cara a futuras expediciones: sistemas de soporte vital en entornos de alta radiación, comportamiento fisiológico de la tripulación, comunicaciones ópticas y protocolos operativos en escenarios de aislamiento prolongado.

Regreso a la Tierra

Con estos hitos, Artemis II ha completado la fase de ida y el sobrevuelo lunar, que constituye el núcleo experimental de la misión. Sin embargo, la fase más crítica desde el punto de vista técnico y de riesgo aún está por delante: el regreso a la Tierra.

El primer reto es la correcta ejecución de la trayectoria de retorno libre. Aunque está diseñada para requerir mínimas correcciones, cualquier desviación significativa obligaría a maniobras de ajuste que deben ejecutarse con extrema precisión para garantizar la reentrada en la ventana correcta.

El segundo gran desafío es el entorno de alta velocidad de reentrada. La cápsula Orion deberá penetrar en la atmósfera terrestre a velocidades superiores a los 40.000 km/h, sometiendo su escudo térmico a condiciones más exigentes que las de cualquier misión tripulada desde la era Apolo.

A ello se suma la validación del perfil de reentrada “skip”, una técnica que consiste en rebotar parcialmente en las capas altas de la atmósfera para reducir la carga térmica y controlar la trayectoria. Este procedimiento es clave para futuras misiones de mayor masa y velocidad.

Finalmente, la misión culminará con el despliegue de paracaídas y el amerizaje en el océano Pacífico, donde equipos de la Armada estadounidense deberán recuperar la cápsula y a la tripulación.

Si todo se desarrolla según lo previsto, el regreso se producirá en torno al décimo día de misión, cerrando así un ciclo completo de ida y vuelta al entorno lunar que no se realizaba con astronautas desde 1972.

Más allá de su dimensión simbólica, Artemis II es, sobre todo, una misión de validación sistémica. Cada uno de sus hitos, desde el lanzamiento hasta la reentrada, está diseñado para certificar que Estados Unidos dispone nuevamente de una arquitectura completa de transporte humano al espacio profundo. El éxito de esta misión condiciona directamente la siguiente fase del programa, Artemis III, que prevé el regreso de astronautas a la superficie lunar en los próximos años.

Redacción

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