Aguayo II recibe el impulso definitivo para convertirse en una de las grandes baterías hidroeléctricas de España
El Ministerio para la Transición Ecológica ha autorizado la construcción de la ampliación de la central hidroeléctrica reversible de Aguayo, en Cantabria, un proyecto de Repsol con una inversión de unos 720 millones de euros y 180 millones de financiación europea. La instalación alcanzará 1.014 MW de potencia de turbinación y 1.181 MW de bombeo, y está llamada a reforzar el almacenamiento energético en un sistema eléctrico cada vez más dependiente de la generación renovable.
El Gobierno ha dado un paso decisivo para desbloquear Aguayo II, uno de los proyectos de almacenamiento hidroeléctrico por bombeo más relevantes previstos en España. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha firmado la autorización administrativa previa de modificaciones y la autorización administrativa de construcción de la ampliación de la central hidroeléctrica reversible de Aguayo, en Cantabria, y ha declarado además la utilidad pública del proyecto y de sus infraestructuras de evacuación. La actuación, promovida por Repsol Generación Eléctrica, supone una inversión estimada en torno a 720 millones de euros, de los que 180 millones procederán de fondos europeos.
Aguayo II ampliará la central reversible existente en San Miguel de Aguayo y multiplicará por casi cuatro la capacidad actual de la instalación, que ronda los 360 MW. La nueva central alcanzará 1.014 MW de potencia de turbinación y 1.181 MW de potencia de bombeo, con cuatro grupos reversibles de tipo Francis vertical de 253,5 MW cada uno. La infraestructura se concibe como una gran batería hidráulica capaz de absorber electricidad en horas de excedente renovable, bombeando agua al embalse superior, y devolverla al sistema en momentos de mayor demanda mediante turbinación.
El proyecto tiene una lectura estratégica evidente para el sistema eléctrico español. La rápida entrada de nueva potencia solar y eólica está aumentando la necesidad de tecnologías de almacenamiento de larga duración, capaces de desplazar energía entre horas y de aportar flexibilidad, inercia operativa y potencia firme. Frente a las baterías electroquímicas, especialmente útiles para servicios rápidos y almacenamiento de corta duración, el bombeo reversible permite gestionar grandes volúmenes de energía durante varias horas y con una vida útil asociada a infraestructuras hidráulicas de muy largo plazo.
La ampliación se desarrollará mediante una central subterránea conectada con los embalses existentes de Alsa, Torina y Mediajo, sin necesidad de construir nuevos vasos. El esquema hidráulico autorizado prevé un salto bruto máximo de 341 metros, un volumen de 10 hm³ en la balsa superior y 23 hm³ en el embalse inferior. El caudal máximo en turbinación será de 360 metros cúbicos por segundo y el caudal en bombeo de 280 metros cúbicos por segundo. La conexión hidráulica se resolverá mediante dos tuberías de impulsión de seis metros de diámetro interior y dos tuberías de aspiración de 7,5 metros.
Infraestructura eléctrica de evacuación
El proyecto incluye además una infraestructura eléctrica de evacuación de alta tensión. La autorización contempla una subestación a 400 kV tipo GIS en caverna, formada por cuatro transformadores de 300 MVA, una línea subterránea de evacuación a 400 kV de un kilómetro de longitud en doble circuito dúplex y una línea aérea de 400 kV de 3,3 kilómetros hasta la subestación de Aguayo 400 kV de Red Eléctrica. También se prevé una línea de 12 kV procedente de Aguayo I para el suministro auxiliar en momentos de inactividad. Las infraestructuras asociadas se desplegarán en los municipios cántabros de San Miguel de Aguayo, Bárcena de Pie de Concha y Molledo.
Repsol sitúa la puesta en marcha del proyecto a finales de 2030. La compañía calcula que Aguayo II permitirá disponer de una capacidad de almacenamiento diario de 6.000 MWh y una producción anual total de 2.000 GWh. También estima que la instalación reducirá en 1.438 GWh al año las limitaciones a la producción renovable, una cifra relevante en un contexto en el que los vertidos de energía solar y eólica empiezan a convertirse en uno de los grandes retos técnicos y económicos del sistema eléctrico. La empresa atribuye además al proyecto una reducción de 566.000 toneladas de CO₂ al año al desplazar generación fósil de respaldo.
La magnitud de Aguayo II lo sitúa entre las infraestructuras energéticas más importantes en tramitación en el norte de España. No se trata de añadir potencia renovable primaria, sino de construir capacidad de gestión para que esa generación renovable pueda integrarse con más seguridad y menos desaprovechamiento. En términos eléctricos, este tipo de centrales permite absorber energía en momentos de baja demanda o precios deprimidos y entregarla cuando el sistema necesita potencia gestionable, especialmente en las rampas de la tarde y la noche, cuando cae la producción fotovoltaica.
Dimensión industrial
La dimensión industrial también es significativa. La Delegación del Gobierno en Cantabria ha defendido que Aguayo II será una de las mayores inversiones industriales y energéticas previstas en la comunidad autónoma. La fase de construcción podría generar más de un millar de empleos en los picos de actividad y movilizar una cadena de suministro vinculada a obra subterránea, electromecánica, conducciones forzadas, equipos hidráulicos, transformadores, subestaciones y líneas de evacuación.
La autorización no elimina todos los condicionantes técnicos, ambientales y territoriales. Como ocurre en las grandes infraestructuras hidráulicas y eléctricas, el proyecto deberá cumplir las exigencias derivadas de la declaración de impacto ambiental, de los permisos sectoriales y de las condiciones impuestas durante la tramitación. La declaración de utilidad pública facilita el desarrollo administrativo de la infraestructura, pero no reduce la complejidad de una obra que combina excavación subterránea, grandes conducciones, equipos reversibles de alta potencia y conexión a la red de transporte.
Aguayo II llega, además, en un momento crítico para la planificación energética española. El sistema necesita almacenamiento a gran escala para acompasar la expansión renovable, evitar vertidos, reducir la dependencia de ciclos combinados en horas de respaldo y mejorar la seguridad de suministro. La central cántabra no resolverá por sí sola ese desafío, pero representa una de las piezas más importantes de la nueva generación de infraestructuras de flexibilidad que España tendrá que desplegar si quiere sostener un mix eléctrico cada vez más descarbonizado sin comprometer la estabilidad de la red.
