Obras nuevas, problemas viejos: la ausencia del mantenimiento en Cuba

La planificación presupuestaria en Cuba ha estado tradicionalmente enfocada en la fase de construcción o ejecución inicial de los proyectos, mientras que el mantenimiento posterior suele quedar en un segundo plano. Este enfoque genera una debilidad estructural: muchas obras se entregan sin un plan financiero estable para su conservación a largo plazo, trayendo como resultado que infraestructuras relativamente nuevas comienzan a deteriorarse pocos años después de su inauguración. El problema no radica únicamente en la falta de recursos, sino también en la ausencia de mecanismos presupuestarios que aseguren cuotas periódicas de mantenimiento, lo cual termina afectando la eficiencia de la inversión pública.
Un ejemplo frecuente se observa en las edificaciones construidas por el estado cubano, las cuales se inauguran y entregan sin que exista un fondo organizado para cubrir reparaciones futuras; y, con el paso del tiempo, pequeños desperfectos con necesidades de inversión mínima se convierten en problemas estructurales altamente costosos y finalmente irresolubles. La falta de mantenimiento preventivo acelera el desgaste de las mismas y, en consecuencia, el valor funcional de estos proyectos disminuye rápidamente.
La raíz del problema se relaciona con una cultura administrativa populista, centrada en completar proyectos visibles a corto plazo, muchas veces para cumplir metas institucionales o planes anuales. Esta falta de sostenibilidad en los proyectos crea un efecto “bola de nieve”; más proyectos y menos mantenimiento, llevando a un masivo deterioro palpable a lo largo del tiempo.
Para los ingenieros involucrados en estos proyectos, esta realidad se traduce en una limitación significativa de su ejercicio profesional; a pesar de contar con los conocimientos técnicos necesarios para diseñar planes de mantenimiento preventivo y proponer soluciones sostenibles, muchas veces no se les permite incorporar estos elementos dentro del presupuesto inicial. Las decisiones quedan subordinadas a lineamientos administrativos rígidos que priorizan la finalización de la obra sobre su durabilidad, lo que reduce el papel del ingeniero a un ejecutor técnico sin capacidad de incidir en la vida útil real de la infraestructura.
Esta restricción no solo afecta la calidad de las obras, sino que también genera un conflicto ético y profesional a aquellos que son conscientes de que una estructura sin mantenimiento planificado inevitablemente se deteriorará de forma prematura, pero carece de herramientas institucionales para evitarlo. En muchos casos, las recomendaciones técnicas quedan documentadas y sin implementar; creando una brecha entre la buena práctica ingenieril y la realidad operativa, debilitando la responsabilidad técnica y sustituyendo la cultura de prevención por una lógica reactiva basada en reparaciones urgentes y costosas.
A largo plazo, esta dinámica desincentiva la innovación y la mejora continua dentro de cualquier sector. Los ingenieros dejan de proponer soluciones integrales al percibir que no serán aprobadas, lo que perpetúa un ciclo de baja eficiencia en la inversión pública. La imposibilidad de integrar políticas de mantenimiento desde la fase de diseño no solo compromete la sostenibilidad de los proyectos, sino que también limita el desarrollo profesional del propio ingeniero, quien se ve obligado a operar dentro de un sistema que no valora su conocimiento ni su profesionalidad.
De este modo, la ausencia de una estrategia sostenida de mantenimiento no es únicamente un problema técnico o presupuestario, sino una manifestación de un modelo que subestima la importancia de preservar lo ya construido, comprometiendo tanto la eficiencia del sistema como el bienestar colectivo.

El mantenimiento preventivo es un costo que no genera impacto espectacular y los directivos en una aristocracia como la cubana necesitan visibilidad ante sus jefes. Prefieren empezar obras nuevas, hacer reparaciones capitales. Eso genera espectáculo y visibilidad, ademas de movilizar mas recursos críticos que en gran parte no llegan a pie de obra.