Lo que hay que hacer se llama ingeniería
Día mundial del agua
El día mundial del agua se propuso en un encuentro festivo en Rio de Janeiro en 1992, y se celebró por primera vez en 1993. Aunque sea bien sabido, no está de más recordar que el objetivo de tal celebración era, y sigue siendo, que todos los habitantes de la tierra tuvieran acceso a agua potable y saneamiento de una forma segura. Entonces la población de la Tierra era de 5.400 millones de personas de las que 1.300 no tenían acceso a agua potable, y 2.600 no tenían acceso a saneamiento, es decir un 24% y un 48% respectivamente.
Hoy la población de la Tierra es de 8.300 millones de personas, de las que el 26,5%, 2.200 millones no tienen acceso a agua segura. Es posible que hoy seamos más exigentes pero el número es terriblemente descorazonador. En el saneamiento, por el contrario, la situación ha mejorado, al menos en términos relativos, pues los 3.500 millones de personas sin acceso a saneamiento suponen el 42% del total. Una barbaridad, en cualquier caso.
Era una lacra con la que se quería acabar en 2030. Obviamente no será. Y es que el agua cae del cielo, pero para que se pueda beber, en general, hay que recogerla, embalsarla, tratarla y trasladarla hasta donde viven las personas. Cuando no ocurre eso, las personas mueren de sed o de hambre, o de enfermedades, porque hay agua, pero no está en condiciones. O emigran a otras tierras con sus dramas a cuestas, y con los que recogen por el camino.
Porque sin agua no hay nada. ¿Y que me dicen de 3.500 millones de personas que no disponen de saneamiento? Muchos estarán pensando en que se alejan por el campo de la casa a hacer sus necesidades. Esa es la mejor parte de algo intrínsecamente horrible y deshumanizador, porque hay áreas enormes de muchas ciudades donde no hay saneamiento ni campo al que apartarse. Recuerdo Puerto Principe, en Haití, pero también los barrios más periféricos, millones de personas, de las megaciudades de Iberoamérica o África, o la India.
Pero hay mucha gente que todavía no ha entendido que el agua y el saneamiento no son conceptos abstractos, sino realidades físicas que hay que hacer disponibles para las personas, que son lo más importante. Sí, lo siento, las personas son lo más importante. Y no solo en los países poco desarrollados, también en nuestro país. En España. Porque sin el formidable sistema de presas y embalses de nuestro país, no podríamos vivir en él más de diez millones de personas en condiciones, y además moriríamos con cierta frecuencia, como paso durante la DANA valenciana, porque en Valencia no se construyeron en su momento unas cuantas presas y otras obras hidráulicas necesarias. Pero no se puede hablar de eso porque está feo.
Por eso, en el día mundial del agua, hay que reivindicar esa actividad humana que se llama ingeniería hidráulica que no siempre, pero muchas veces, puede convertir una tierra inhóspita en un lugar habitable con dignidad. Porque por una vida digna para las personas es lo mejor por lo que podemos trabajar. Y evitar la emigración forzosa, volviendo los territorios habitables, es hacer posible la dignidad y la felicidad. Se llama adaptación, ahora más necesaria que nunca.
Sin agua no hay vida, no hay nada. No solamente hay que cuidarla, hay que llevarla hasta las personas, porque a veces no cae del cielo, o cae demasiada y de golpe, y luego nada, o todas esas variantes inciertas que suponen la vida.
Por todo eso en el día mundial del agua, hay que pensar en que hacer para que deje de haber miles de millones de personas que tienen que emigrar de su tierra por que no hay agua disponible, o peor aún, tienen que morir por ello. Y lo que hay que hacer se llama ingeniería.
