Madrid abre la exploración de geotermia profunda para producir electricidad con calor del subsuelo

Madrid abre la exploración de geotermia profunda para producir electricidad con calor del subsuelo
La Comunidad de Madrid ha firmado los dos primeros permisos del proyecto Cibeles, una iniciativa de investigación geotérmica de alta entalpía promovida por Technology Metals Europe que pretende comprobar si la cuenca sedimentaria madrileña puede albergar recursos térmicos profundos aprovechables para generación eléctrica. La apuesta es técnicamente singular en la Península porque no parte de un contexto volcánico, como Canarias, sino de una cuenca profunda donde las temperaturas elevadas se alcanzarían por el espesor sedimentario y el contacto con el basamento granítico.

La Comunidad de Madrid ha iniciado una de las líneas de investigación energética más singulares de los últimos años en España, la exploración de recursos de geotermia de alta entalpía para producir electricidad a partir del calor del subsuelo. El Gobierno regional ha anunciado la firma de los dos primeros permisos del proyecto Cibeles, una iniciativa que aspira a evaluar la viabilidad técnica y económica de yacimientos geotérmicos profundos en el norte y el entorno metropolitano de Madrid. La Comunidad presenta la actuación como la primera investigación de este tipo en una región peninsular para generación eléctrica, ya que hasta ahora la exploración española de alta entalpía se había concentrado en Canarias, donde el vulcanismo activo ofrece un contexto geológico mucho más favorable.

El proyecto no debe confundirse con la geotermia somera que ya empieza a implantarse en edificios públicos, redes térmicas o instalaciones de climatización mediante bombas de calor. La geotermia de alta entalpía busca temperaturas superiores a 150 ºC, suficientes para alimentar ciclos de generación eléctrica. En un sistema hidrotermal convencional, el fluido caliente o el vapor se extrae mediante pozos profundos, cede energía térmica a una turbina o a un ciclo binario, y después se reinyecta en el reservorio para mantener la presión y cerrar el balance hidráulico del sistema. En tecnologías de ciclo binario, habituales cuando la temperatura del fluido no permite un ciclo de vapor directo eficiente o cuando el fluido primario presenta salinidad o composición compleja, el calor se transfiere a un fluido secundario de bajo punto de ebullición que mueve la turbina, normalmente dentro de un ciclo orgánico de Rankine.

La iniciativa Cibeles ha sido autorizada inicialmente mediante dos de los cinco permisos previstos. Según la nota oficial, el ámbito del proyecto abarca los términos municipales de Madrid, Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Colmenar Viejo, Tres Cantos y San Agustín del Guadalix, y las autorizaciones se han concedido a Technology Metals Europe, filial española de la australiana Energy Transition Minerals. El objetivo no es todavía construir una central, sino investigar si existen condiciones geológicas, térmicas, hidráulicas y económicas suficientes para plantear una explotación futura. El salto de un permiso de investigación a una planta comercial depende de variables críticas como temperatura real en fondo, permeabilidad del reservorio, caudal explotable, química del fluido, capacidad de reinyección, coste de perforación, riesgo sísmico inducido, conexión a red y demanda térmica o eléctrica próxima.

Cuenca sedimentaria profunda

La singularidad técnica de Madrid está precisamente en su geología. No se trata de aprovechar una anomalía volcánica superficial, sino una cuenca sedimentaria profunda en la que el calor se acumula por el espesor de los sedimentos y por la presencia de elementos radiogénicos en el basamento granítico. Los documentos ambientales del permiso Cibeles Centro Sur recuerdan que el potencial geotérmico de la cuenca madrileña se identificó ya en 1980, cuando un pozo exploratorio de Shell-Campsa, el Pradillo-1, registró temperaturas de 88 ºC a 1.700 metros y 156 ºC a 3.400 metros de profundidad. Aquellos datos apuntaban a dos posibles niveles de interés, un reservorio de menor temperatura, alojado en areniscas terciarias entre unos 1.500 y 2.150 metros, apto para usos térmicos, y un reservorio de media-alta entalpía en el contacto entre calizas mesozoicas cretácicas y basamento granítico fracturado, en torno a 3.400 metros, con potencial para producción combinada de electricidad y calor.

Las memorias técnicas consultadas describen campañas de sísmica de reflexión, caracterización geológica, análisis de formaciones objetivo, perforación de pozos someros y profundos, control direccional, cementación, gestión de lodos, control de surgencia y registros geológicos durante la perforación. Cibeles prevé sondeos y perforaciones someras de unos 1.500 metros y pozos profundos de 3.500 a 3.800 metros, además de una eventual planta piloto de producción eléctrica y varias plataformas. El ámbito conjunto del proyecto alcanzaría 621 cuadrículas mineras y unas 15.897 hectáreas, aunque la Comunidad de Madrid no ha precisado todavía un calendario público para las siguientes fases.

Ventajas de la geotermia

Desde el punto de vista energético, la ventaja principal de la geotermia de alta entalpía es su gestionabilidad. A diferencia de la fotovoltaica o la eólica, no depende de la radiación solar ni del viento, y puede producir de forma continua durante las 24 horas del día. La Agencia Internacional de la Energía subrayó en su informe sobre el futuro de la geotermia que esta fuente puede aportar electricidad renovable gestionable, calor, frío y almacenamiento térmico, y que la capacidad geotérmica mundial tuvo en 2023 un factor medio de utilización superior al 75%, frente a valores inferiores al 30% en eólica y al 15% en solar fotovoltaica. Esa característica es especialmente valiosa en sistemas eléctricos con alta penetración renovable variable, porque permite estabilizar generación, reducir necesidades de respaldo fósil y aportar potencia firme.

Para una región como Madrid, altamente consumidora de electricidad y con limitada generación renovable propia por restricciones territoriales, urbanas y ambientales, el interés estratégico es evidente. Una geotermia profunda viable permitiría introducir una fuente autóctona, constante y de baja ocupación superficial, con producción eléctrica y suministro térmico a redes de calefacción urbana, procesos industriales o grandes consumidores metropolitanos. La Estrategia de Energía, Clima y Aire de la Comunidad de Madrid 2023-2030 ya incluía expresamente el apoyo a la implantación de geotermia de media-alta entalpía, con actuaciones como la revisión del estado del arte, estudios de viabilidad, apoyo a proyectos piloto de producción eléctrica y adaptación normativa para favorecer esta tecnología.

La tecnología, sin embargo, no está exenta de incertidumbres. Que un pozo histórico haya medido 156 ºC a 3.400 metros demuestra temperatura, pero no basta para acreditar un yacimiento explotable. Para producir electricidad hacen falta simultáneamente calor, fluido y permeabilidad. Si el reservorio natural no ofrece caudales suficientes, entran en juego los sistemas geotérmicos estimulados, conocidos como EGS, que buscan crear o mejorar la permeabilidad mediante ingeniería de reservorios. Un sistema hidrotermal natural necesita calor, fluido y permeabilidad, mientras que un EGS se plantea cuando existe calor, pero la permeabilidad o el fluido no son suficientes de forma natural. En estos casos, la ingeniería puede ampliar el potencial geotérmico, pero también eleva la complejidad técnica, ambiental, regulatoria y social.

Investigación minera y geotérmica

Esa es una de las claves del caso madrileño. El potencial profundo de la zona norte de la cuenca ha sido estimado en documentos técnicos con cifras muy elevadas, pero los mismos documentos advierten de que, aunque se confirmen temperaturas superiores a 150 ºC, queda por estudiar y definir los caudales de producción que podrían obtenerse de manera natural en los materiales cretácicos o de forma estimulada en el basamento granítico fracturado. Dicho de otro modo, Madrid no está anunciando todavía una nueva central renovable, sino el inicio de una investigación minera y geotérmica que debe demostrar si la temperatura profunda puede transformarse en potencia útil, constante y económicamente competitiva.

Cibeles puede funcionar como proyecto de frontera entre varias disciplinas, como geología estructural, geofísica, perforación profunda, ingeniería de reservorios, hidrogeología, turbomáquinas, ciclos ORC, integración eléctrica, evaluación ambiental y regulación minera. También puede abrir una línea de conocimiento relevante para otras cuencas sedimentarias españolas, donde el potencial geotérmico no depende de volcanes sino de gradientes térmicos normales, profundidad, litología, fracturación y disponibilidad de acuíferos confinados. La propia Agencia Internacional de la Energía ha señalado que las tecnologías procedentes de la industria del petróleo y del gas, como la perforación profunda, la perforación direccional y la estimulación de reservorios, están ampliando el horizonte técnico de la geotermia más allá de los emplazamientos volcánicos tradicionales.

La oportunidad madrileña es especialmente atractiva porque, si se confirma el recurso, podría aportar energía constante cerca de grandes centros de consumo. Esa proximidad reduce pérdidas, facilita el aprovechamiento térmico residual y abre la puerta a esquemas de cogeneración renovable, con electricidad y calor útil. En términos de sistema eléctrico, una planta geotérmica profunda bien diseñada no competiría con la solar o la eólica, sino que las complementaría. Produciría cuando no hay sol ni viento, ayudaría a reducir vertidos renovables si se integra con almacenamiento térmico o demanda flexible, y aportaría estabilidad a una red cada vez más dependiente de generación variable.

Pero la prudencia es obligada. La exploración geotérmica profunda es cara, técnicamente incierta y sensible a la aceptación social. Las plataformas de perforación, los sondeos a más de tres kilómetros, la gestión de fluidos, la posible mineralización de las aguas, la reinyección, la protección de acuíferos, el ruido temporal de obra, la restauración ambiental y la sismicidad inducida deben evaluarse con rigor. La Comunidad asegura que la concesión de los permisos se ha realizado conforme a la legislación minera y que los trabajos estarán sometidos a los controles y autorizaciones preceptivos en materia de seguridad, medio ambiente y ordenación del territorio. Ese control será determinante para evitar que una tecnología prometedora quede asociada a conflictos ambientales o a expectativas sobredimensionadas.

Redacción

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