La economía europea avanza hacia una producción más limpia, pero el transporte sigue rezagado
La Unión Europea ha reducido de forma notable la intensidad de sus emisiones de gases de efecto invernadero en la última década, al tiempo que su economía ha seguido creciendo. No obstante, las diferencias entre países y el aumento de las emisiones en el transporte siguen marcando los principales retos de la transición climática. España se sitúa por debajo de la media de la UE en fuente de emisiones, pero por encima de países como Portugal y Suecia. En nuestro país las principales fuentes de emisiones son la actividad de los hogares y la industria.
La Unión Europea ha logrado reducir de forma notable la intensidad de sus emisiones de gases de efecto invernadero en la última década, una señal de mayor eficiencia climática. Sin embargo, no todos los sectores ni todos los países avanzan al mismo ritmo tal y como se desprende de la información recien publicada por Eurostat.
La intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero, un indicador que mide cuántas emisiones de CO₂ equivalente se generan por cada euro de valor añadido bruto, se ha reducido un 34 % en la Unión Europea entre 2013 y 2024. Este dato refleja una mejora significativa en la eficiencia climática de la economía comunitaria: hoy se produce más valor económico con menos emisiones contaminantes.
Este avance ha sido posible gracias a una doble tendencia. Por un lado, las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la economía europea han disminuido de forma sostenida. Por otro, el valor añadido bruto de la UE ha crecido un 20 % en el mismo periodo, lo que indica que el crecimiento económico no ha ido acompañado de un aumento proporcional de la contaminación.
Las reducciones más pronunciadas en la intensidad de emisiones se registraron en Estonia, con una caída del 64 %, seguida de Irlanda (-50 %) y Finlandia (-44 %). Estos países destacan por haber transformado de manera profunda sus modelos productivos, apostando por tecnologías más limpias y una mayor eficiencia energética. En el extremo opuesto se sitúa Malta, el único Estado miembro donde la intensidad de las emisiones aumentó desde 2013, con un incremento del 17 %.
El análisis por sectores económicos revela una tendencia igualmente positiva, aunque desigual. Entre 2013 y 2024, casi todas las actividades económicas de la Unión Europea lograron reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Industria, energía y servicios muestran avances consistentes en la descarbonización de sus procesos.
No obstante, el sector del transporte y el almacenamiento rompe esta dinámica. En estas actividades, las emisiones aumentaron alrededor de un 14 % en el periodo analizado, lo que pone de relieve uno de los principales desafíos de la transición ecológica europea. El crecimiento del transporte de mercancías y pasajeros, junto con la dependencia de combustibles fósiles, sigue siendo un obstáculo para alcanzar los objetivos climáticos.

La evolución de las emisiones no ha sido uniforme en todo el territorio comunitario. En los países de la Unión Europea, la magnitud de los gases de efecto invernadero emitidos por las distintas actividades económicas —incluidos los hogares— varía de forma considerable. Estas diferencias responden, en gran medida, a la estructura productiva de cada país, al grado de eficiencia en el suministro y consumo de energía y al peso que tienen las fuentes renovables en sus sistemas energéticos.

En 2024, los principales focos de emisión reflejaron esta diversidad económica. En Letonia, por ejemplo, el sector agrícola fue la mayor fuente de emisiones, con cerca del 30 % del total nacional. En otros nueve Estados miembros, la industria manufacturera encabezó el ranking de sectores más contaminantes, evidenciando el impacto que aún tiene la producción industrial en la huella climática europea.
El suministro de electricidad y gas continuó siendo la principal fuente de emisiones en seis países. En casos como Chipre y Estonia, este sector llegó a representar más del 40 % de las emisiones totales, a pesar de los avances registrados en la descarbonización del sistema energético. Por su parte, el transporte y el almacenamiento se situaron como el sector más emisor en seis países; en tres de ellos —Dinamarca, Malta y Luxemburgo—, esta actividad concentró más de la mitad de todas las emisiones nacionales.
En los cinco países restantes, las emisiones procedentes de los hogares superaron a las de cualquier otro sector, lo que pone de relieve el papel del consumo doméstico de energía y calefacción en el balance climático.
El mapa de las principales fuentes de emisiones se ha vuelto más heterogéneo en comparación con 2013, cuando el suministro de electricidad y gas era el principal emisor en doce países de la UE. Este cambio se explica por las importantes reducciones logradas en este sector a lo largo de la última década, fruto de la expansión de las energías renovables y de una mayor eficiencia en la producción eléctrica.
El análisis per cápita ofrece una perspectiva complementaria. En 2024, Dinamarca, Luxemburgo, Irlanda y Malta registraron las mayores emisiones de gases de efecto invernadero por habitante en la Unión Europea. En Dinamarca, Luxemburgo y Malta, el transporte fue la actividad emisora clave, debido principalmente al peso del transporte aéreo y marítimo. Estas emisiones están vinculadas a empresas dedicadas al transporte internacional de mercancías que tienen su sede en estos países y que, por normativa estadística, se contabilizan dentro de sus emisiones nacionales.
Irlanda presenta un perfil distinto: allí, la agricultura fue la principal fuente de emisiones, especialmente la producción ganadera y láctea. La fuerte orientación exportadora del país en carne de vacuno, ovino y productos lácteos explica este elevado impacto climático. En el extremo opuesto se sitúan Portugal y Suecia, que registraron las emisiones per cápita más bajas de la UE, respaldadas por una mayor presencia de energías limpias y patrones de consumo menos intensivos en carbono. En cuanto a España, tal y como se desprende del gráfico, se situa por debajo de la media de la UE en fuente de emisiones, pero se situa por encima de Portugal y Suecia, siendo la principal fuente de emisiones, la actividad de los hogares y la industria, seguidos de la agricultura.
Los datos confirman que la Unión Europea avanza hacia una economía más eficiente y menos contaminante, pero también subrayan la necesidad de acelerar la transformación en aquellos sectores que aún no han logrado reducir su huella ambiental. El reto ahora es claro: mantener el crecimiento económico sin comprometer los compromisos climáticos.
