Francia y Marruecos proyectan un cable eléctrico submarino entre Nador y Marsella que eludiría a España en el mapa energético mediterráneo

Francia y Marruecos proyectan un cable eléctrico submarino entre Nador y Marsella que eludiría a España en el mapa energético mediterráneo
Francia y Marruecos están explorando un proyecto de interconexión eléctrica mediante cable submarino que conectaría el norte marroquí con la costa francesa sin pasar por la red española, una ruta directa en el Mediterráneo occidental que, de materializarse, alteraría el esquema tradicional de entrada de energía desde el Magreb hacia Europa a través de la Península Ibérica.

La iniciativa, conocida como Qantara Med, se vincula a la reorientación de la compañía británica Xlinks, tras el bloqueo político en Reino Unido a su anterior megacable, y sitúa como extremos preliminares del enlace la región de Nador (Marruecos) y el entorno de Marsella (Francia), aún sin calendario oficial y en fase de desarrollo preliminar.

En los términos que se han publicado hasta ahora, el planteamiento consiste en tender un cable submarino de alta tensión que permita transportar electricidad, principalmente de origen renovable, desde el sistema marroquí hasta el sistema francés, donde Marsella actuaría como punto de entrada al mallado europeo, reforzando el papel energético del gran puerto mediterráneo y desplazando el “hub” natural que durante décadas ha sido España por pura geografía.

El trazado, por tanto, no discurre por el Estrecho ni por corredores que obliguen a inyectar energía en la red peninsular para “subir” hacia Francia, sino que haría un salto directo Magreb–Provenza, con las complejidades propias de un enlace submarino de larga distancia en el Mediterráneo (batimetría, ventanas meteorológicas de tendido, servidumbres marítimas, zonas protegidas y la necesidad de infraestructuras de llegada a tierra y evacuación hacia la red de transporte).

Aunque los promotores no han divulgado una ficha técnica cerrada, los análisis que han trascendido en el ámbito franco-marroquí apuntan a que una interconexión de este tipo, para ser operativa a gran distancia y con control fino de flujos, tendería a materializarse como HVDC (corriente continua en alta tensión), con capacidad que en escenarios estudiados podría situarse en el entorno de hasta 2.000 MW. Esa arquitectura permitiría regular intercambios de forma más estable que un enlace en alterna en tramos muy largos, reduciendo pérdidas y evitando limitaciones de sincronismo, a costa de incorporar estaciones convertidoras en ambos extremos (AC/DC y DC/AC) de elevada potencia y complejidad.

La lectura para España es inequívoca ya que un “bypass” Marruecos–Francia debilitaría el argumento estratégico de la Península como pasarela obligada entre África y la Europa continental, justo cuando el debate sobre la insuficiente interconexión eléctrica de España con el resto de Europa sigue abierto. A día de hoy, el incremento de capacidad con Francia depende de proyectos como la interconexión por el Golfo de Bizkaia, que elevará el intercambio de 2.800 a 5.000 MW cuando entre en servicio y que persigue reducir la condición de “isla energética” ibérica frente a los objetivos europeos de interconexión.

El contexto marroquí también es relevante. Marruecos acelera su despliegue renovable, pero su mix eléctrico continúa muy condicionado por la generación térmica, con el carbón todavía como pilar del sistema, mientras Rabat mantiene objetivos de elevar el peso de las renovables hacia 2030. Esa combinación de renovables en expansión y térmica como respaldo explica tanto el interés por exportar excedentes verdes cuando existan como la necesidad de robustecer las autopistas eléctricas hacia Europa.

En paralelo, Marruecos ya está interconectado con España mediante enlaces a 400 kV en corriente alterna a través del Estrecho, que constituyen hoy la puerta física entre ambos sistemas. Un eventual salto directo a Francia no los sustituiría necesariamente, pero sí podría reordenar flujos y prioridades. Si la energía marroquí encuentra un acceso directo a un gran nodo francés, España perdería capacidad de “intermediación” y, sobre todo, margen para convertir esa posición geográfica en influencia regulatoria, inversiones asociadas (nodos, refuerzos de red, almacenamiento, servicios de ajuste) y una narrativa europea de seguridad de suministro con la Península como pieza central.

Dicho esto, Qantara Med está aún en el terreno donde se decide lo verdaderamente determinante para una obra de esta naturaleza que es la viabilidad técnico-económica, permisos, trazado definitivo, punto de aterrizaje exacto en Francia, compatibilidad con la red de transporte francesa y encaje en la planificación europea. Pero el simple hecho de que se estudie un corredor Nador–Marsella manda un mensaje al sector: la transición energética no solo se juega en megavatios renovables, sino en quién controla, y dónde, los puntos de entrada de la electricidad hacia la Europa continental.

Redacción

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