Fe de ratas: ingeniería a consignas y tornillos a discursos

Fe de ratas: ingeniería a consignas y tornillos a discursos

La ingeniería es, por definición, el arte de someter la materia a la razón. Cuando ocurre lo contrario la infraestructura deja de ser sistema y pasa a ser escenografía. Desde 1959 hasta la actualidad, Cuba ofrece una secuencia particularmente didáctica de episodios donde la planificación técnica ha sido subordinada al relato político, produciendo resultados cuya factura aún sigue abierta.

Asimismo, requiere incertidumbre controlada, y la política revolucionaria ha exigido certezas narrativas. Entre ambas tensiones se ha escrito una historia donde demasiados proyectos nacieron como promesa antes que como cálculo. Quizá por eso, más que errores aislados, lo que aparece al revisar seis décadas de infraestructura cubana es un patrón: cuando el plano lo firma la ideología, el terreno termina firmando la corrección.

El primer gran laboratorio de este fenómeno fue la “Zafra de los Diez Millones” (1970), la cual no fue solo un fracaso agrícola, también fue una desviación sistémica de recursos humanos, maquinaria ferroviaria, logística portuaria y capacidad energética hacia un objetivo simbólico. Ingenieros azucareros, transportistas y técnicos industriales fueron convertidos en ejecutores de una meta numérica, dando como resultado un doble fracaso: no se alcanzó el volumen previsto y se desarticuló el resto del aparato productivo, incluyendo sectores industriales completos cuya recuperación tardó décadas.

El segundo episodio paradigmático fue la Central Electronuclear de Juraguá, un proyecto técnicamente ambicioso, pero políticamente sobredimensionado. Iniciado en 1983 con tecnología soviética VVER-440, el complejo quedó inconcluso tras la caída de la URSS, dejando una ciudad nuclear parcialmente construida y un sistema energético que nunca recibió la base estable que justificó su diseño estratégico, aunque tuvo su éxito político, dado que el proyecto fue concebido como símbolo de modernidad y no como pieza integrada en un modelo energético sostenible.

Y junto a lo anterior, tenemos la arquitectura del sistema electroenergético nacional (SEN). El Gobierno apostó por una red altamente centralizada basada en termoeléctricas alimentadas por petróleo soviético, lo cual fue coherente en el contexto político, pero arriesgada en términos técnicos. Décadas después, esa estructura sigue operando con centrales envejecidas, escaso mantenimiento estructural y una fragilidad de interconexión que permite que la caída de una unidad provoque apagones en cascada. No es casual que en los últimos años se hayan producido múltiples colapsos totales del sistema eléctrico, dejando sin servicio a millones de personas en repetidas ocasiones.

Otro episodio digno del manual “Cómo no adaptar tecnología al terreno”, fue la mecanización agrícola impulsada en los años setenta y ochenta. Se decidió que, si las llanuras soviéticas funcionaban con maquinaria gigantesca, entonces los suelos tropicales cubanos, con su diversidad, humedad y fragilidad estructural, debían obedecer disciplinadamente al mismo criterio. El resultado fue previsible para cualquiera con botas embarradas y no solo con discursos: suelos compactados, rendimientos menguantes y una elegante dependencia crónica de repuestos importados que llegaban cuando podían… o cuando no. La ingeniería agrónoma, mientras tanto, quedó cordialmente invitada a abandonar la sala para que la planificación administrativa pudiera trabajar sin interrupciones.

Más tarde llegó el “período especial”, donde la ingeniería sobrevivió gracias a la creatividad de los verdaderos profesionales: los ingenieros. Pero incluso entonces persistió la tendencia a privilegiar soluciones simbólicas sobre soluciones factibles, como programas energéticos fragmentarios, microgeneración improvisada, importación discontinua de equipos sin integración tecnológica homogénea, entre otros.

Al final, tras décadas de planes grandilocuentes y soluciones provisionales convertidas en permanentes por agotamiento administrativo, queda una enseñanza técnica bastante simple: la infraestructura no entiende de consignas ni de aniversarios redondos. Los sistemas eléctricos no funcionan por entusiasmo, los suelos no aumentan su fertilidad por decreto y los edificios no se mantienen en pie por intención estratégica.

La ingeniería, paciente pero implacable, termina siempre presentando su informe final, aunque nadie lo haya solicitado, y cuando durante demasiado tiempo se confunde planificación con narrativa, ocurre lo inevitable: no es el país el que avanza hacia el futuro, es el futuro el que pasa de largo dejando las instalaciones encendidas a medias y los manuales todavía sin abrir.

El Ingeniero Cubano

El Ingeniero Cubano

Ingeniero superior, ha ejercido durante más de 30 años su profesión en Cuba y está actualmente exiliado en España.

4 thoughts on “Fe de ratas: ingeniería a consignas y tornillos a discursos

  1. Sólo te faltó decir lo poco que escuchan los jefes ante las soluciones que presentan los que saben con la frase: Si compañero, se analizó su opinión pero… Se va a hacer de ésta manera pq el Jefe soy YO

  2. Te faltó una larguísima sarta de estupideces del mismo cariz. El cinturón de café de las ciudades, la siembra de casuarinas en las playas sustituyendo la uva caleta, la campaña de siembra de pangola, que a veces buldozeaba para sembrar pangola campos que ya tenían pangola. Estupideces a todos los niveles. Desde las ordenadas por el estúpido en jefe hasta las que ordenaban los tarugos intermedios que eran más papistas que el papa. Buen tema para recordar. Bien artículo, ingeniero. Algún día en La Habana habrá que hacer un museo con todas estas cosas para que el mundo sepa todo lo que NO se debe hacer cuando se gobierna un país.

  3. Yo conocí el caso de un farmacéutico que resolvió la escasez de combustible para la maquinaria agrícola.
    Inventó con sus conocimientos de química un compuesto que permitía funcionar a los tractores.
    Naturalmente, el comité local (incluso en los pueblos alejados de LH había uno o varios) le prohibió continuar con ese invento.
    Eso sí, admitieron que fue útil por lo que no le mandaron a la cárcel.
    Era “el periodo especial”. Ese hombre logró emigrar a Miami

    1. Así querido Ramiro, muchos han sido los ejemplos en los cuales me basé para escribir este artículo, si los citáramos a todos sería una tormenta de barbaries. Tengo constancia de al menos 10 “desaparecidos” por oponerse con razón a “tu sabes quién” con su pasión.

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