Aznalcóllar perfora 26.000 metros para definir el subsuelo antes de poner en marcha la nueva mina
Minera Los Frailes invierte 5,5 millones de euros en una nueva campaña de investigación geológica y geotécnica que alcanza profundidades de hasta 730 metros. Los sondeos servirán para ajustar el modelo tridimensional del yacimiento, diseñar las futuras galerías y estudiar si las reservas permiten prolongar una explotación prevista inicialmente para al menos dos décadas.
Minera Los Frailes ha iniciado una campaña de investigación geológica y geotécnica de 5,5 millones de euros en Aznalcóllar, Sevilla, como uno de los principales trabajos de ingeniería previos al desarrollo de la nueva explotación minera. El programa contempla la ejecución de 26.000 metros de sondeos con recuperación de testigo, tanto en el área de Mina Santiago como en los flancos este y oeste de Los Frailes, y permitirá precisar las características del yacimiento, diseñar las futuras labores subterráneas y determinar si existe margen para ampliar la vida útil inicialmente prevista para el proyecto.
Los trabajos están siendo desarrollados por la empresa andaluza Insersa junto con Geoplanning y Edasu y movilizan a alrededor de 50 profesionales. Las perforaciones permiten extraer testigos cilíndricos de roca de unos 65 milímetros de diámetro y ya han alcanzado en algunos puntos profundidades de hasta 730 metros. Las muestras obtenidas serán sometidas a análisis geológicos y geotécnicos para conocer con mayor precisión la distribución de los minerales, la geometría de los cuerpos mineralizados y el comportamiento mecánico del macizo rocoso.
Esta información resulta esencial en una explotación subterránea. A partir de los testigos y de los datos obtenidos en las perforaciones puede construirse un modelo tridimensional del subsuelo que permita decidir la posición de rampas, galerías, accesos y cámaras de explotación y, al mismo tiempo, identificar zonas fracturadas, discontinuidades o materiales con características geomecánicas que obliguen a reforzar sostenimientos o modificar el diseño inicialmente previsto. El objetivo es reducir la incertidumbre antes de acometer las obras de mayor coste y mejorar tanto la seguridad como la eficiencia de la extracción.
La campaña servirá igualmente para actualizar el cálculo de recursos y reservas. La Junta de Andalucía atribuye al proyecto unas reservas de aproximadamente 45 millones de toneladas de sulfuros polimetálicos, fundamentalmente zinc, plomo y cobre, y una producción media prevista de alrededor de 2,7 millones de toneladas anuales. La vida útil autorizada es de al menos 20 años, incluyendo las labores preparatorias, aunque los nuevos trabajos pretenden determinar si existe mineralización adicional que permita prolongarla.
Inversión de 450 millones de euros
La nueva investigación se desarrolla cuando el proyecto ha superado ya su larga fase administrativa. La Junta de Andalucía autorizó en mayo de 2025 tanto el proyecto de explotación como su plan de restauración, último gran trámite autonómico necesario para iniciar la construcción. Minera Los Frailes, filial de Grupo México y titular de los derechos mineros, maneja actualmente una inversión inicial de unos 450 millones de euros y sitúa el comienzo de la producción entre 2028 y 2029.
La futura explotación será técnicamente muy distinta de la antigua mina de Aznalcóllar. El proyecto aprobado abandona el modelo de minería a cielo abierto y plantea una mina subterránea, una decisión que condiciona toda su ingeniería: desde el sistema de accesos y ventilación hasta el sostenimiento de galerías, bombeo, transporte del mineral y relleno de los huecos generados durante la extracción.
Uno de los elementos más significativos es que la nueva mina no dispondrá de una presa convencional de lodos mineros. Parte de los residuos procedentes del tratamiento del mineral se transformará en material de relleno para los huecos subterráneos y otra parte se utilizará en actuaciones de restauración sobre antiguas zonas mineras. La Junta señala que el empleo de residuos como relleno constituye una de las mejores técnicas disponibles reconocidas en el ámbito europeo.
Catástrofe de 1998
Esta característica adquiere una importancia particular en Aznalcóllar por el antecedente de la catástrofe de 1998, cuando la rotura de la balsa de residuos de la explotación entonces gestionada por Boliden-Apirsa provocó el vertido de millones de metros cúbicos de aguas ácidas y lodos contaminados hacia la cuenca del Guadiamar, amenazando el entorno de Doñana. La eliminación de una gran presa de residuos en superficie es, por ello, uno de los cambios fundamentales entre el antiguo complejo y el proyecto actualmente autorizado.
La gestión del agua constituye el otro gran desafío de ingeniería. El proyecto contempla tratar las aguas almacenadas en las antiguas cortas y construir una nueva infraestructura específica de depuración. Según la compañía y la Administración andaluza, más del 80% del agua empleada en el tratamiento del mineral será recirculada dentro del propio proceso, reduciendo la necesidad de aportaciones externas y el volumen de vertido.
La planta de tratamiento de aguas representa por sí sola una de las infraestructuras más importantes de la fase inicial. Los trabajos incluyen las conducciones asociadas, sistemas de bombeo y tratamiento y las instalaciones necesarias para gestionar tanto las aguas procedentes de las antiguas explotaciones como las que se generen durante la futura operación minera. La inversión prevista para esta instalación se ha situado en torno a 50 millones de euros.
Rehabilitación medioambiental
El proyecto incorpora además un programa de rehabilitación de los pasivos ambientales que permanecen en la zona como consecuencia de la minería histórica. La autorización incluye actuaciones sobre antiguas escombreras y terrenos alterados, así como trabajos de restauración geomorfológica y seguimiento de las aguas y del medio receptor. La Junta cifró en 42,5 millones de euros el presupuesto destinado específicamente a rehabilitación ambiental y señaló que la compañía añadirá una garantía voluntaria de responsabilidad ambiental de 20 millones.
En la actualidad ya hay más de 200 profesionales vinculados a las distintas actuaciones del proyecto, entre investigación geológica y geotécnica, ingeniería, obras preparatorias, seguridad, restauración ambiental y servicios auxiliares. Durante la fase de construcción se prevé superar el millar de empleos, mientras que las estimaciones de la Junta elevan a alrededor de 2.000 los puestos directos, indirectos e inducidos durante la fase de explotación.
La campaña de 26 kilómetros de perforaciones representa, sin embargo, una fase menos visible pero determinante. Antes de excavar kilómetros de galerías y acometer instalaciones industriales por cientos de millones de euros, la ingeniería minera necesita reducir al máximo la incertidumbre sobre aquello que no puede observarse desde la superficie. Cada testigo extraído aporta información sobre leyes minerales, fracturas, resistencia de la roca y geometría del yacimiento que acabará condicionando el diseño de las excavaciones, los sistemas de sostenimiento y la secuencia de explotación.
Aznalcóllar entra así en una fase en la que el desarrollo del proyecto depende cada vez menos de la tramitación administrativa y más de la ingeniería de detalle. Los resultados de esta campaña servirán no sólo para determinar cuánto mineral puede recuperarse, sino también cómo debe construirse y explotarse una mina subterránea que tendrá que demostrar, precisamente por el precedente de 1998, que puede combinar una producción de varios millones de toneladas anuales con unas exigencias de seguridad geotécnica, gestión del agua y tratamiento de residuos muy superiores a las de la antigua explotación.
