Récord de beneficios y fuga de clientes, el giro de las eléctricas hacia el negocio regulado y la gran demanda industrial
Las grandes energéticas han cerrado 2025 con resultados al alza y mensajes de confianza al mercado, pero con una lectura incómoda en el escaparate minorista: varias de las históricas líderes de la luz han perdido clientes particulares a un ritmo inusual, incluso mientras mejoran beneficios y anuncian los mayores planes inversores de la última década.
La paradoja se entiende mirando dónde se está creando el valor, cada vez más en redes y peajes regulados y cada vez menos en la venta al cliente final, y también observando hacia dónde se reorienta el crecimiento, con el foco puesto en inversión en distribución, en contratos estables y en nueva demanda intensiva como centros de datos y electrificación industrial.
En el caso de Iberdrola, el grupo presentó un beneficio neto récord de 6.285 millones de euros en 2025, un 12% más, con una inversión total de 14.460 millones, y dejó claro que el motor de crecimiento se está desplazando hacia las infraestructuras de red en sus geografías reguladas.
En su propia presentación reconoce que el EBITDA de Redes crece con fuerza, mientras que el negocio agregado de Generación Renovable y Clientes retrocede en términos ajustados, con un EBITDA ajustado de 7.872 millones, un 10,3% menos que en 2024, por el efecto de precios y costes no recurrentes asociados a la operación del sistema en la Península Ibérica.
En paralelo, la cartera de contratos gestionada en España alcanza 23,6 millones a cierre de 2025, con 9,719 millones de contratos de electricidad y un peso ya mayoritario de “Smart Solutions”, una señal de que el perímetro comercial también se está reinterpretando como venta de servicios y soluciones más que como simple kilovatio minorista.
Clientes / contratos (cierre 2024 vs cierre 2025, según cifras públicas)
| Empresa | 2024 | 2025 | Variación |
|---|---|---|---|
| Endesa (clientes de luz) | 10,217 M | 9,590 M | -0,627 M |
| Iberdrola (contratos de luz en España) | 10,277 M* | 9,719 M | -0,558 M* |
| Naturgy (contratos minoristas España) | 6,809 M | 6,523 M | -0,286 M |
| Repsol (clientes luz+gas España y Portugal) | 2,5 M | >3,0 M | +0,5 M aprox. |
Endesa ofrece un ejemplo aún más directo de la disociación entre cuenta de resultados y base minorista. La compañía comunicó para 2025 un EBITDA de 5.756 millones, un 9% más, y un resultado ordinario neto de 2.351 millones, un 18% más, al mismo tiempo que su número de clientes de electricidad baja desde 10,217 millones en 2024 a 9,590 millones en 2025, un recorte de 627.000.
Es difícil encontrar un contraste más nítido entre fortaleza financiera y erosión en el mercado minorista. La explicación que la propia empresa pone encima de la mesa se apoya en la “visibilidad” del negocio regulado y contratado, estimando que alrededor del 85% del EBITDA esperado a tres años está regulado o comprometido, y en un nuevo plan inversor 2026-2028 de 10.600 millones, con el 80% dirigido a redes de distribución y renovables, lo que dibuja una Endesa cada vez más “utility de red” y menos “comercializadora de masas”.
En ese mismo marco, la compañía introduce ya el argumento de los centros de datos como vector de demanda, apuntando que podrían absorber en torno al 5% de la demanda total en 2030, unos 15 TWh, un dato que anticipa hacia dónde se está moviendo la batalla comercial de mayor valor, lejos del cliente doméstico más sensible al precio.
Naturgy también cerró 2025 con cifras históricas, con un beneficio neto de 2.023 millones, un 6,4% más, y un EBITDA de 5.334 millones, prácticamente en línea con el récord de 2024. Sin embargo, su reporte muestra un descenso en los contratos minoristas en España, que pasan de 6,809 millones en 2024 a 6,523 millones en 2025, mientras que el conjunto de contratos de pymes e industria crece, una fotografía coherente con el giro de producto hacia clientes de mayor tamaño y mayor estabilidad contractual.
En inversión, la compañía señala además un capex de crecimiento de 1.233 millones en 2025 y un capex de mantenimiento de 909 millones, cifras que apuntalan el mensaje sectorial de que la red, la digitalización y la capacidad de conexión se convierten en el principal “cuello de botella” y, por tanto, en el principal destino del capital.
Mientras tanto, el trasvase minorista está beneficiando a compañías con estrategias agresivas de captación y ofertas multienergía. Repsol, por ejemplo, comunicó que en 2024 cerró con 2,5 millones de clientes de electricidad y gas en España y Portugal, y que en 2025 aumentó su cartera en más de 500.000 clientes, superando los 3 millones, consolidándose como cuarto operador del mercado eléctrico español.
Su crecimiento funciona como el reverso del fenómeno de las incumbentes: en un mercado donde el precio y el servicio están hiperexpuestos a comparadores y campañas, la comercialización se ha convertido en un terreno de rotación rápida donde el tamaño ya no garantiza retención, y donde el margen por cliente tiende a comprimirse justo cuando la parte regulada del negocio gana peso relativo en el beneficio total del grupo.
Redes y peajes regulados
La consecuencia estructural es que la venta de energía al cliente final, aun siendo el rostro visible, está perdiendo centralidad económica en favor del negocio de redes y del cobro de peajes regulados, que aportan estabilidad, retornos previsibles y una narrativa clara para el mercado financiero.
En Iberdrola, la propia presentación del ejercicio refleja que la inversión de 2025 se concentra mayoritariamente en redes, y en Endesa el plan 2026-2028 profundiza en la misma lógica con una asignación dominante a distribución y renovables, es decir, a activos con remuneración regulada o con ingresos de largo plazo más defendibles que el margen minorista.
En paralelo, la “comercialización” deja de medirse sólo por número de contratos domésticos y empieza a medirse por capacidad de firmar PPAs, atraer carga industrial, dar servicios energéticos y, sobre todo, asegurar puntos de conexión y calidad de suministro, porque el activo escaso pasa a ser la red y no el kilovatio.
Auge de los centros de datos
El auge de los centros de datos, impulsado por el crecimiento de la inteligencia artificial, el cómputo en la nube y los servicios digitales de alto rendimiento, está llamado a convertirse en un vector estructural de demanda eléctrica en los próximos años y décadas.
Según proyecciones de la consultora DNV, la capacidad instalada de centros de datos en España podría pasar de unos 900 MW en la actualidad a alrededor de 1 350 MW en 2030 y escalar hasta 4 000 MW hacia 2050, con un consumo anual que se expandiría desde más de 6 TWh en 2024 hasta cerca de 12 TWh en 2030 y potencialmente 26 TWh en 2050.
Esto significaría que estos centros, junto con las operaciones de IA, representarían una parte cada vez más significativa del consumo eléctrico nacional, con estimaciones que sitúan su participación en el sector de edificios entre el 4 % actual y hasta el 15 % en 2050, y en el consumo de equipos comerciales de un 13 % actual a un 44 % en medio siglo.
Para las grandes compañías eléctricas, este crecimiento energéticamente intensivo supone una oportunidad estratégica para compensar la contracción del mercado minorista doméstico y redirigir su capacidad de inversión hacia clientes de mayor tamaño y contratos de largo plazo. Más allá de suministrar kilovatios, las utilities están explorando acuerdos, inversiones y asociaciones directamente en la infraestructura digital: por ejemplo, Iberdrola ha creado una joint venture con la operadora de centros de datos Echelon para desarrollar y gestionar instalaciones que consuman cientos de megavatios, con conexiones eléctricas previstas de hasta 230 MW y demandas cercanas a 1 TWh anuales, integradas con nuevas fuentes renovables.
Este tipo de iniciativas refleja una transición del modelo de negocio de las eléctricas hacia la provisión de capacidad, estabilidad de red y servicios energéticos avanzados para la nueva economía digital, en la que la demanda creciente de centros de datos y de cargas intensivas podría convertirse en un pilar de ingresos más sólido que la venta tradicional a minoristas.
