Necesitamos explicaciones, señora, del apagón

Necesitamos explicaciones, señora, del apagón

Casi un año después del apagón del 28 de abril de 2025 seguimos a oscuras. El cero eléctrico que dejó sin suministro a toda la Península Ibérica, incluido Portugal, a las 12.33 de aquel día, continúa sin una explicación oficial sobre sus causas y, sobre todo, sin una sola asunción de responsabilidades por parte del Gobierno ni de Red Eléctrica. Once meses después seguimos en las tinieblas de los informes multifactoriales, las conclusiones cuidadosamente deshilachadas y las comparecencias defensivas. Seguimos sin una explicación comprensible, técnica y políticamente responsable de por qué se cayó el sistema y de quién no hizo lo que debía hacer.

La Audiencia Nacional archivó en enero la vía abierta para investigar un eventual sabotaje terrorista o ciberataque, al que apuntó Sánchez en un primer momento, en un intento de introducir todavía más confusión si cabe, al concluir que no existía “ni un mínimo indicio” de esa hipótesis. Así que, despejado el cómodo fantasma del enemigo exterior, lo que queda es inevitablemente que el origen del colapso está en el funcionamiento del sistema eléctrico. Y a partir de ahí la vía judicial tendrá que avanzar en el ámbito civil y mercantil con las acciones iniciadas por Iberdrola contra Red Eléctrica y el Gobierno, valga la redundancia. En el sector eléctrico dan por hecho que la decisión definitiva sobre causas y responsabilidades tardará mucho, pero que será finalmente la justicia quien las determine, precisamente porque los informes conocidos hasta ahora rehúyen señalar culpables.

Los informes de ENTSO-E y de la CNMC, útiles para describir un paisaje de inestabilidad, lagunas de control de tensión, oscilaciones y fallos de coordinación, resultan sin embargo extraordinariamente ambiguos a la hora de repartir responsabilidades. ENTSO-E concluye que el apagón fue resultado de “muchos factores interactuando”, entre ellos oscilaciones, carencias en el control de tensión y de potencia reactiva, reducciones rápidas de generación y desconexiones en cascada en España. La CNMC, por su parte, ha venido a decir dos cosas que conviven mal entre sí: que no concreta responsables, pero también que el sistema disponía en aquel momento de “herramientas normativas y regulatorias” y de “mecanismos para garantizar el suministro”. Vamos que no se atreve a poner nombres ni apellidos, pero que el apagón era evitable. Y si era evitable, alguien no evitó lo que debía evitar.

Por eso resultó tan reveladora la comparecencia en el Senado de Beatriz Corredor sobre las causas, señora, del apagón. No porque aclarase nada, sino porque confirmó su estrategia de la huida hacia adelante. La presidenta de Redeia, exministra socialista, no compareció para rectificar, ni para introducir autocrítica, ni para ordenar de una vez un relato técnico coherente de lo ocurrido. Repitió, eso sí, que Red Eléctrica no falló, que los problemas fueron ajenos, que la complejidad del sistema lo explica todo y que la operadora del sistema eléctrico español pasaba por ahí y a mí que me registren. Lo mismo que en su primera comparecencia en el mes de septiembre.

Pero ahora ya no estamos en septiembre de 2025. Ahora conocemos los audios. Y los audios tienen el estruendo propio de la realidad cuando irrumpe en el relato. Las conversaciones entre técnicos de Red Eléctrica y de las compañías muestran que la mañana del apagón el sistema venía acumulando una inestabilidad creciente, con oscilaciones repetidas, picos y vaivenes de tensión y avisos insistentes desde distintas instalaciones. A las 11.04 ya se hablaba de oscilaciones en una línea de 400 kV en Olmedilla. A las 11.31 se reconocía que toda Andalucía estaba muy afectada “por el tema de la solar”. A las 11.51 un técnico de REE admitía que “no nos da tiempo a regular”. A las 12.13 se hablaba de “variaciones muy grandes de fotovoltaica”, de “pocos grupos con inercia en el sistema” y de que “está jodida la cosa”. Y a las 12.32 llegó el derrumbe.

Los audios confirman que Red Eléctrica conocía en tiempo real el deterioro de la situación y, además, identificaba ya en esas conversaciones dos elementos decisivos: la escasez de generación síncrona con inercia suficiente y la brusca entrada y salida de fotovoltaica, incapaz por sí sola de estabilizar la tensión en una red sometida a intensas oscilaciones. El 16 de abril, según los audios entregados al Senado, desde REE se llegaba a decir: “Es porque apenas hay nuclear en el sistema”. El 26 de abril se atribuían nuevas oscilaciones a “problemas de la fotovoltaica”. Y el propio 28 de abril se hablaba de “pocos grupos con inercia en el sistema”.

Hay, además, un aspecto políticamente demoledor. La comisión del Senado había solicitado esos audios en julio del año pasado y Red Eléctrica respondió que no podía remitirlos por la presencia de terceros implicados. Eso consta en el Diario de Sesiones. Es decir, la empresa, a la que Sánchez llamo “privada” pese a ser un monopolio participado por un Gobierno que nombra directamente a su presidenta, tenía ese material, sabía lo que contenía y se negó a entregarlo. La oscuridad no era un accidente, era una estrategia. Y cuando una empresa que opera una infraestructura crítica retiene información esencial sobre el mayor colapso eléctrico de la historia reciente, estamos ante un blindaje corporativo incompatible con cualquier cultura seria de rendición de cuentas.

Frente a todo esto, Corredor se ha refugiado en una frase que retrata mejor que ninguna otra el problema de fondo. Sostuvo que “el sector eléctrico se mide por 20 milisegundos. Media hora son años”, y añadió que remontarse a días anteriores carecía de relevancia. La frase quiere parecer técnica, pero es una mala coartada. Porque nadie discute que la física del sistema opere a velocidades extremas. Lo que se discute es precisamente si había señales previas de fragilidad, si se estaban ignorando avisos y si la operación del sistema se estaba llevando al límite con un mix decidido en las esferas políticas. Podríamos decir, utilizando la medida del espacio tiempo de la señora Corredor, que Red Eléctrica sabía hace milenios que había problemas y que tuvo siglos para solucionarlos, pero que no hizo nada.

También resulta insostenible que Red Eléctrica siga parapetándose detrás del informe de ENTSO-E como si fuera un certificado de absolución. No lo es. El panel europeo habla de deficiencias en el control de tensión y potencia reactiva, de diferencias en las prácticas de regulación, de desconexiones rápidas de generación y de capacidades de estabilización desiguales. Es decir, dibuja un fallo sistémico en el que la operación y la preparación del sistema aparecen en el centro del problema, no en su periferia. Y, por si fuera poco, las recomendaciones posteriores del propio panel se orientan a reforzar prácticas operativas, monitorización y coordinación, precisamente porque ahí vio debilidades. Ampararse en ese informe para negar toda responsabilidad no es leerlo, es instrumentalizarlo.

También el Gobierno intenta escudarse en otro informe ambiguo, el de la CNMC. Pero aunque el informe de Competencia no concreta causas ni responsables con la claridad que exigiría un episodio de esta magnitud, deja una frase que parece un intento de blindarse a sí misma y al Gobierno, pero que deja, con perdón, con el culo al aire a la señora Corredor y a Red Eléctrica. La CNMC dice textualmente que “había herramientas suficientes para garantizar el suministro”. Si había herramientas suficientes, entonces el problema no era la ausencia de medios, sino su programación, su uso, su activación o su coordinación. Y todo eso remite, inevitablemente, a decisiones regulatorias, operativas y políticas.

El apagón del 28 de abril amenaza con convertirse en otra derrota del sistema institucional español. Porque un país serio puede sufrir un colapso técnico, pero no puede convertirlo en una ceremonia del escaqueo. Mientras el Gobierno y Red Eléctrica persistan en esa estrategia de evasión, no sólo seguirán sin cerrar la herida del 28 de abril. Estarán confirmando la sospecha de que, en España, como tantas otras catástrofes, un apagón histórico puede también acabar ocultándose en la penumbra burocrática sin que nadie pague por haber dejado al país a oscuras. Solo nos queda la justicia.

Diego Jalón Barroso

Diego Jalón Barroso

Periodista y consultor de comunicación

One thought on “Necesitamos explicaciones, señora, del apagón

  1. A mí no me parece que «señora del apagón» sea manera de dirigirse a nadie, y mucho menos desde una publicación que pretende ser el «periódico de la ingeniería ». Para leer titulares como este no hace falta formar parte de ninguna asociación de ingenieros.

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