La sequía vacía los grandes ríos europeos y golpea al transporte, la electricidad y la industria

La sequía vacía los grandes ríos europeos y golpea al transporte, la electricidad y la industria
El Rin y el Danubio han registrado este verano caudales próximos o inferiores a sus mínimos históricos, mientras la sequía se extiende también por el Sena, la cuenca del Po y buena parte de Europa occidental y central. Las consecuencias han dejado de limitarse al abastecimiento de agua y la agricultura: las barcazas navegan con apenas una fracción de su carga habitual, centrales hidroeléctricas y nucleares han tenido que reducir o detener su producción y la industria europea soporta mayores costes logísticos y energéticos. Sólo las restricciones al transporte por el Rin podrían restar tres décimas al PIB alemán este año.

Europa atraviesa uno de los veranos hidrológicamente más difíciles de las últimas décadas. La combinación de precipitaciones excepcionalmente escasas, sucesivas olas de calor y suelos secos desde la primavera ha reducido los caudales de algunos de los principales ríos del continente hasta niveles récord o próximos a ellos y está empezando a trasladar la sequía desde el ámbito medioambiental hacia el funcionamiento ordinario de la economía.

Los datos de Copernicus muestran la amplitud del fenómeno. En julio, los caudales estuvieron muy por debajo de la media en gran parte de Europa occidental, central y oriental, incluidos Francia, Alemania, Suiza, Austria, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Polonia y buena parte de Reino Unido e Irlanda. El Rin registró en Alemania y Países Bajos su menor caudal para un mes de julio desde que existen registros comparables y el Danubio alcanzó mínimos históricos o próximos a ellos en varios de sus tramos. También el Sena y numerosos cursos franceses presentaron niveles excepcionalmente bajos.

El dato resulta especialmente significativo porque la humedad superficial del suelo en buena parte de Europa occidental fue incluso inferior a la del verano de 2022, hasta ahora uno de los grandes episodios recientes de sequía del continente. Francia registró su tercer julio más seco desde 1959, con un déficit de precipitaciones del 67%. En Francia, 67 departamentos se encontraban a mediados de agosto en situación de crisis por sequía y una cuarta parte de las estaciones de control fluvial mostraba caudales inferiores a los correspondientes a una sequía con un periodo de retorno de diez años.

El Rin sin apenas calado para el transporte

El Rin representa probablemente el ejemplo más visible de cómo un problema hidrológico termina convirtiéndose en un problema industrial. La gran arteria que conecta los centros industriales de Alemania y Suiza con los puertos de Rotterdam y Amberes mueve combustibles, minerales, carbón, productos químicos, cereales y contenedores. Pero las barcazas necesitan calado para aprovechar su capacidad y cada centímetro que pierde el río reduce las toneladas que pueden transportar.

En el paso de Kaub, uno de los grandes cuellos de botella de la navegación por el Rin, el indicador llegó a situarse este mes en apenas 5 centímetros y el 19 de agosto únicamente había recuperado hasta 14 centímetros. Estas cifras no significan que sólo haya esa profundidad de agua —el canal navegable conserva alrededor de un metro adicional—, pero sí determinan el calado disponible para los barcos. A finales de julio, cuando la situación todavía era algo mejor, muchas embarcaciones navegaban cargadas sólo al 10% o al 20% de su capacidad habitual.

Mover la misma cantidad de mercancía obliga, por tanto, a utilizar varias barcazas donde normalmente bastaría una. El efecto sobre los costes ha sido inmediato. El transporte de productos petrolíferos en barcaza desde Rotterdam hasta Karlsruhe pasó de unos 45 euros por tonelada a finales de junio a entre 150 y 155 euros a finales de julio, más del triple. Empresas químicas, siderúrgicas y energéticas han comenzado a desplazar parte de las mercancías hacia el ferrocarril y la carretera, pero el aumento simultáneo de la demanda de transporte terrestre encarece también esas alternativas.

El problema sigue siendo visible casi un mes después. CMA CGM anunció el pasado viernes un recargo extraordinario por los niveles excepcionalmente bajos del Rin y de otros ríos europeos. La naviera aplicará 50 euros adicionales por contenedor a los tráficos interiores relacionados con Bélgica y Países Bajos y 75 euros por TEU en Alemania, Suiza y Francia. La compañía justifica la medida por la reducción de capacidad de las barcazas, la congestión de las terminales, el aumento de los tiempos de espera y los mayores costes de las soluciones alternativas.

El Danubio y la producción eléctrica

La situación del Danubio es todavía más delicada porque a la navegación se añade el impacto directo sobre la producción eléctrica. El río atraviesa o sirve de frontera a diez países y constituye simultáneamente una gran vía de transporte, una fuente de refrigeración para centrales térmicas y nucleares y uno de los principales recursos hidroeléctricos del sureste europeo.

En Serbia, la central de Djerdap 1, la mayor hidroeléctrica del país, llegó a producir apenas el 20% de su capacidad debido a la falta de caudal. El descenso del Danubio también dificultó la refrigeración de las centrales térmicas de carbón de Kostolac, que tuvieron que reducir generación. Serbia se ha visto así obligada a recurrir a importaciones de electricidad precisamente durante semanas de temperaturas extremas y elevada demanda.

Más espectacular ha sido el efecto sobre la energía nuclear. La central húngara de Paks, que habitualmente genera aproximadamente la mitad de la electricidad del país, llegó a operar este mes con apenas el 25% de su capacidad. Su producción media durante agosto cayó más de un 80% respecto a julio debido a la insuficiencia de agua para refrigeración. El Gobierno tuvo que realizar intervenciones de emergencia en el propio río, incluida la construcción de una estructura transversal en el lecho y el hundimiento controlado de dos barcazas, para elevar entre 10 y 15 centímetros el nivel junto a las tomas de la planta y evitar el cierre completo.

La generación solar ha evitado una crisis eléctrica mayor en Hungría. Mientras la producción nuclear se desplomaba, la fotovoltaica alcanzó durante agosto una media de 1.418 MWh por hora, cerca de un 20% más que un año antes, y llegó a representar en determinados momentos más del 55% de toda la generación nacional. Aun así, la situación de Paks muestra hasta qué punto una sequía puede afectar también a tecnologías que aparentemente no dependen de la lluvia para producir electricidad: las centrales térmicas necesitan enormes cantidades de agua para refrigerar sus sistemas.

Rumanía ha llegado más lejos. La central nuclear de Cernavoda tuvo que detener completamente sus dos reactores después de que el Danubio descendiera por debajo de los niveles necesarios para mantener la refrigeración. La instalación aporta normalmente alrededor del 20% de la electricidad rumana, por lo que el Gobierno declaró una situación de emergencia energética durante agosto, aumentó las importaciones y puso en marcha medidas extraordinarias destinadas a elevar el nivel del río junto a la central.

Bulgaria tampoco ha quedado al margen. La central de Kozloduy, responsable de alrededor del 35% de la electricidad del país, decidió reducir en 120 MW la potencia de uno de sus dos reactores de 1.000 MW. Era la primera vez en sus 52 años de funcionamiento que tenía que disminuir producción como consecuencia de unas condiciones hidrológicas extremas en el Danubio.

Problemas para la nuclear en Francia

También Francia, el mayor productor nuclear de Europa, ha tenido que reducir generación en varios reactores por la combinación de bajo caudal y elevada temperatura del agua. El problema tiene una doble vertiente: cuanto menos agua circula por los ríos, menor es la capacidad disponible para refrigerar las centrales y mayor es el riesgo de que el agua devuelta por las instalaciones eleve excesivamente la temperatura de los ecosistemas fluviales.

La sequía afecta igualmente a la generación hidroeléctrica de los Alpes y de Europa central. La austriaca Verbund, que obtiene alrededor del 85% de su electricidad de centrales hidroeléctricas, calculó que las malas condiciones hidrológicas habían reducido sus resultados del primer semestre en unos 370 millones de euros respecto a lo que habría obtenido en un año con aportaciones normales. En Italia, la cuenca del Po se encuentra en un nivel alto de escasez y la eléctrica A2A prevé producir este año unos 3,9 TWh hidroeléctricos frente a una media histórica de 4,1 TWh.

Problemas para la agricultura

El Po incorpora además otra dimensión económica. Su cuenca concentra una parte sustancial de la agricultura y la industria del norte de Italia. En Cremona, el río cayó este verano hasta un mínimo histórico para estas fechas y el lago Maggiore entró en situación de sequía extrema. Más del 80% del arroz italiano —Italia es el primer productor de la Unión Europea— se cultiva precisamente en las provincias septentrionales alimentadas tradicionalmente por este sistema hidrográfico.

El Danubio está trasladando de forma similar la sequía hacia el mercado agrícola. En Rumanía, varios puertos fluviales dejaron de ser utilizables para las barcazas que transportan cereal hacia el mar Negro. Los agricultores tienen entonces que vender a compradores que descuentan el coste adicional del transporte por carretera o esperar a que regrese el agua. La escasez de camiones introduce además un segundo cuello de botella logístico.

La suma de estas perturbaciones empieza a adquirir dimensiones macroeconómicas. El instituto alemán IfW calcula que, cuando el indicador de Kaub permanece por debajo de 78 centímetros durante 30 días consecutivos, la producción industrial alemana se reduce alrededor de un 1%. El Bundesbank ha advertido este mes de que los problemas de navegación del Rin y el fuerte aumento de los costes de transporte limitarán la producción industrial y las exportaciones durante el tercer trimestre.

ING calcula que las restricciones al tráfico por el Rin podrían restar por sí solas alrededor de 0,3 puntos porcentuales al PIB alemán de 2026. En Hungría, MBH Bank estima que cada semana en la que la principal central nuclear permanece fuera de servicio puede reducir en aproximadamente una décima el crecimiento anual. Son cifras particularmente relevantes en una economía europea cuya expansión prevista para este ejercicio apenas ronda el 1%. A ello se añaden los efectos agrícolas. Las estimaciones de producción de cultivos europeos de ciclo tardío como el maíz y el girasol ya habían sido rebajadas entre un 6% y un 7% en julio. Menos cosecha, transporte más caro y mayor coste energético terminan trasladándose conjuntamente a los precios industriales y alimentarios.

Durante décadas, una parte de la industria europea se ha asentado junto a estos grandes ríos precisamente porque proporcionaban agua, energía y transporte barato. El problema es que esa ventaja competitiva presupone unos caudales razonablemente previsibles. Este verano esa premisa ha dejado de cumplirse. Europa se encuentra con centrales que tienen combustible pero no suficiente agua para refrigerarse, hidroeléctricas que tienen turbinas pero no caudal para moverlas y barcazas que tienen capacidad de carga pero no profundidad suficiente para navegar llenas.

Redacción

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