El encarecimiento del aluminio y el cemento agrava la crisis de la vivienda y amenaza con frenar la construcción en Europa
El sector de la construcción atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas. La combinación de tensiones geopolíticas, encarecimiento energético y escasez de materias primas está disparando los costes de la obra nueva y las reformas, profundizando la crisis de vivienda en España y el conjunto de Europa.
El precio del aluminio, material clave en ventanas, fachadas y estructuras, se ha disparado hasta rozar los 3.500 dólares por tonelada en la London Metal Exchange, niveles no vistos en casi cuatro años. Este repunte responde, en gran medida, a la escalada del conflicto en Oriente Medio, especialmente tras los ataques a infraestructuras industriales en países del Golfo como Bahréin y Emiratos Árabes Unidos.
La situación se ha agravado con las restricciones en el estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más estratégicas del mundo. El bloqueo parcial ha dificultado tanto la exportación de aluminio como la importación de materias primas esenciales como la bauxita y la alúmina. Compañías como Aluminum Bahrain han reducido su producción, tensionando aún más la oferta global.
Energía cara, materiales más caros
El encarecimiento del aluminio no es un fenómeno aislado. El cemento, otro pilar básico de la construcción, también está sufriendo fuertes presiones alcistas. Aunque no cotiza en mercados internacionales como los metales, su precio depende en gran medida de la energía. Con el petróleo acumulando subidas cercanas al 50% y el gas natural duplicando su precio en Europa en los últimos meses, los costes de producción se han disparado.
Este doble impacto —energía cara y materiales escasos— está repercutiendo directamente en el precio final de las obras. Según estimaciones recientes del sector, construir una vivienda es hoy más de un 32% más caro que en 2020, una tendencia que podría intensificarse si persisten las tensiones internacionales.
Paralización de proyectos y reformas
El encarecimiento no solo afecta a las grandes promociones inmobiliarias. Las reformas domésticas, desde el cambio de ventanas hasta la rehabilitación estructural de edificios, también se están viendo afectadas. Muchas de estas actuaciones dependen del aluminio y el cemento, cuyos precios al alza están reduciendo márgenes y provocando retrasos o cancelaciones.
Asociaciones de constructores y promotores alertan de un riesgo creciente de paralización de proyectos si no se adoptan medidas urgentes. La incertidumbre sobre los costes dificulta la planificación y pone en jaque la rentabilidad de nuevas inversiones.
Más presión sobre la vivienda
El impacto trasciende el sector de la construcción. En países como España, donde ya existe un déficit estructural de vivienda, el encarecimiento de la obra nueva agrava el problema de acceso. La menor oferta, unida a costes más elevados, presiona los precios al alza y desplaza la demanda hacia la vivienda usada, que tampoco escapa a la subida de costes por la necesidad de reformas.
Además, el aumento de los precios energéticos y de los materiales está alimentando la inflación, lo que a su vez repercute en el coste de las hipotecas. Este efecto combinado amenaza con enfriar aún más la demanda y ralentizar la actividad inmobiliaria en los próximos meses.
Perspectivas inciertas
Los analistas coinciden en que el futuro del sector dependerá en gran medida de la evolución del conflicto en Oriente Medio y de los mercados energéticos. Si las tensiones persisten, el encarecimiento de materiales podría consolidarse, añadiendo hasta un 10% adicional al coste de la construcción en el corto plazo.
Mientras tanto, el sector reclama medidas como incentivos fiscales, ayudas a la rehabilitación y políticas que faciliten el acceso a financiación para evitar un frenazo mayor en la actividad. Sin ellas, advierten, la crisis de la vivienda podría intensificarse en un contexto económico ya de por sí frágil.
