Dificultades financieras azotan a los fabricantes chinos de vehículos eléctricos
La industria china de vehículos eléctricos (VE) —que hace solo unos años parecía invencible— está afrontando una fase de grandes tensiones financieras y estructurales. Varias compañías están sufriendo pérdidas crecientes, retrasos en los pagos a proveedores, guerra de precios y exceso de capacidad productiva en un mercado nacional que empieza a mostrar signos de saturación.
Por ejemplo, NIO reportó para el primer trimestre de 2025 una pérdida neta de 6.89 mil millones de yuanes (957 millones USD), frente a los 5.26 mil millones del mismo periodo del año anterior. Aunque sus ingresos subieron un 21%, la presión sobre los costes operativos y la baja rentabilidad del negocio eléctrico han amplificado el riesgo financiero.
Por su parte, BYD —el líder del sector en China— vio cómo su beneficio neto cayó casi un 30 % en el segundo trimestre de 2025. La empresa obtuvo unos 6.4 mil millones de yuanes de beneficio, muy por debajo de los 10.7 mil millones esperados por los analistas. Su margen bruto bajó del 18.7 % al 16.3 % año a año. Este deterioro financiero se atribuye a la intensa guerra de precios, descuentos agresivos y cambios regulatorios que afectan la cadena de suministro.
Liquidez comprometida y cadena de suministro afectada
Más allá de las pérdidas contables, hay señales claras de estrés en la liquidez de muchas empresas. Un indicador relevante es el retraso creciente en los pagos a proveedores: según datos del sector, en 2023 Xpeng Inc tardó 221 días de media en saldar pagos, NIO 295 días y BYD 275 días. Este tipo de demoras revela que algunas compañías recurren a extender los plazos de pago para mantener el flujo de caja, una práctica que genera riesgos sistémicos para la cadena de proveedores y subcontratistas.
Además, un reporte de la consultora AlixPartners estima que, de las más de 120 marcas de VE activas en China, solo entre 15 y 20 estarán financieramente viables hacia 2030. Esto da una perspectiva de consolidación masiva dentro del sector.
La competencia feroz está generando un círculo vicioso. Para captar clientes, muchas marcas se lanzan a recortar precios, lo que erosiona los márgenes y obliga a otras a hacer lo mismo para no quedar fuera del mercado. Según la prensa especializada, el margen neto medio de los fabricantes chinos de VE cayó a aproximadamente el 4,3% en 2024, frente al 6,5% en 2023. A su vez, la utilización de la capacidad de producción es históricamente baja. Para finales de 2023, la capacidad instalada era de cerca de 17 millones de vehículos al año mientras que la tasa de utilización apenas llega al 54 %.
Factores estructurales que agravan la situación
La demanda doméstica se ralentiza. Aunque China es aún el mercado de VE más grande del mundo, ya no crece al ritmo anterior. Su saturación y el cambio en incentivos públicos reducen el empuje interno. Además, los apoyos estatales se están encogiendo: incentivos y subsidios han disminuido, lo que afecta especialmente a las marcas que confiaban en estímulos para sostener el crecimiento.
También los mercados de exportación presentan barreras crecientes con aranceles, competencia global y costes logísticos que hacen más difícil la expansión rentable. Y la cadena de costes (baterías, materias primas, I + D) sigue siendo elevada, lo que exige economía de escala para alcanzar rentabilidad. Pero muchas marcas aún no la han conseguido.
La tensión financiera de los fabricantes se transmite a los proveedores que tienen que prolongar pagos, reducir pedidos o cancelar acuerdos y pone en riesgo la viabilidad de muchas empresas subcontratadas. Un informe señalaba que al cierre de 2024 la suma de activos corrientes de BYD (371 mil millones de yuanes) fue superada por pasivos corrientes (496 mil millones de yuanes). Es decir que el déficit de capital circulante es de unos 125 mil millones de yuanes.
Este desequilibrio es indicativo de un uso intensivo del capital de trabajo para sostener operaciones, en lugar de endeudamiento tradicional, lo que introduce vulnerabilidad ante cualquier contracción de la demanda o interrupción de la cadena de suministro.
El sector de vehículos eléctricos en China, que alguna vez pareció invulnerable, enfrenta ahora una fase de “reajuste brutal”. Muchas marcas pequeñas o emergentes se encuentran al borde del colapso, mientras que incluso los gigantes del sector muestran síntomas de estrés financiero. La combinación de guerra de precios, saturación interior, necesidad intensa de I + D y problemas de liquidez crea un escenario muy desafiante. Para los inversores, proveedores y gobiernos locales la lección es clara: solo podrán sobrevivir aquellos que alcancen escala, controlen costes y diversifiquen mercados. El resto quedará fuera del juego.
Este panorama no solo es importante para China, dado que muchas de estas compañías tienen ambiciones globales. Y sus dificultades financieras podrían repercutir en las cadenas de suministro mundiales de baterías, en la competencia en Europa y en la estrategia de transición energética global.
