Del campo eres, y al campo volverás: la frustración de la ingeniería agropecuaria cubana

Del campo eres, y al campo volverás: la frustración de la ingeniería agropecuaria cubana

La agricultura y la ganadería fueron por muchos años el corazón económico y cultural de Cuba. Sin embargo, en los últimos tiempos, el campo cubano se ha convertido en un símbolo de abandono, ineficiencia y frustración para quienes intentan trabajar la tierra desde una perspectiva técnica y moderna. Ingenieros agrónomos, técnicos agrícolas y especialistas del sector agropecuario se enfrentan hoy a un escenario donde el conocimiento científico y la planificación racional chocan constantemente con decisiones burocráticas, regulaciones rígidas y una gestión centralizada que limita cualquier intento de mejora real.

En muchos sistemas agrícolas modernos, los ingenieros agropecuarios tienen la capacidad de ajustar planes de cultivo, introducir nuevas tecnologías, optimizar el uso del agua o modificar calendarios de siembra según condiciones climáticas y del suelo. En cambio, en el sistema agrícola cubano estas decisiones suelen estar sujetas a autorizaciones administrativas incompetentes (puestos a dedo), planes estatales rígidos o metas productivas definidas desde estructuras fantasiosas que nunca conocen la realidad específica de cada región. El resultado es una desconexión entre la teoría agronómica y la práctica diaria en el campo.

Los ingenieros están preparados para enfrentar todo tipo de retos: escases, clima o plagas. Para eso estudiaron (y siguen estudiando), para eso pasaron noches de desvelo, fiestas a las que no asistieron y hasta romances que no empezaron. Sin embargo, muchos ingenieros en el sector estatal cubano deben diseñar planes productivos sabiendo que probablemente no contarán con el apoyo, o el entendimiento, de los encargados de tomar las decisiones. Este fenómeno ha generado lo que algunos profesionales describen como “ingeniería sobre el papel”: proyectos bien diseñados que nunca llegan a implementarse de forma adecuada debido a limitaciones impuestas por el propio sistema de gestión.

Otro obstáculo importante es la estructura de incentivos. En la mayoría de países con sistemas agrícolas productivos, la innovación técnica suele estar ligada a resultados medibles como mayores rendimientos, reducción de pérdidas o mejoras en la eficiencia energética. En el contexto cubano, muchos ingenieros trabajan dentro de empresas estatales donde el salario y el reconocimiento profesional no dependen directamente del éxito de las soluciones técnicas propuestas, sino de que los proyectos sean “políticamente correctos”. Esto desincentiva la creatividad y favorece una cultura administrativa, donde cumplir con el plan formal puede ser más importante que resolver los problemas reales del campo.

Las regulaciones sobre la comercialización de productos agrícolas también afectan directamente el trabajo técnico. Un ingeniero agropecuario puede identificar cultivos más rentables o adecuados para determinadas condiciones de suelo y clima, pero la planificación centralizada y las restricciones en la distribución o venta limitan la capacidad de aplicar esas recomendaciones. En algunos casos, se mantienen cultivos poco eficientes simplemente porque forman parte de los planes estatales establecidos desde hace años, y son estos planes los que generan frustración entre los profesionales que conocen alternativas mejores, pero no tienen margen para implementarlas.

La aprobación de proyectos, la adquisición de equipamiento o la modificación de métodos de producción puede requerir múltiples niveles de autorización, en un sector donde el tiempo es fundamental (las temporadas agrícolas no esperan a los trámites administrativos), estas demoras pueden provocar pérdidas de cosechas o la cancelación de mejoras técnicas que habrían aumentado la productividad. Para un ingeniero formado en planificación y eficiencia, trabajar en un entorno donde las decisiones tardan meses en concretarse representa un obstáculo constante, y de nuevo, más frustración.

Además, la emigración de profesionales ha agravado la situación. Muchos ingenieros agropecuarios jóvenes han decidido abandonar el país o cambiar de sector debido a la falta de oportunidades reales para aplicar sus conocimientos. Esto ha provocado un envejecimiento del personal técnico en el campo y una pérdida gradual de capital humano especializado. Cuando un sistema pierde a quienes deberían modernizarlo, el deterioro se vuelve cada vez más difícil de revertir.

Entonces: ¿Cómo es posible que la “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”, en palabras de Colón, se haya convertido en plantaciones interminables de malezas? ¿Cómo se convierte en el mayor desafío de un ingeniero sortear los hercúleos procesos burocráticos del régimen cubano para que, como en la parábola de Jesús, “la semilla caiga en tierra buena”? ¿Cómo hacer entender que “la política no cabe en la azucarera”, que cantaba Carlos Varela? ¿Cómo podrán luchar la tradición agrícola y los profesionales capacitados contra el control estatal y la rigidez del sistema?

El Ingeniero Cubano

El Ingeniero Cubano

Ingeniero superior, ha ejercido durante más de 30 años su profesión en Cuba y está actualmente exiliado en España.

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