El Gobierno retrasa el cierre de Almaraz hasta 2030 y admite que mantenerla abierta reduce el consumo de gas
El Ministerio para la Transición Ecológica prolonga entre 19 y 31 meses la vida de los dos reactores extremeños y asegura que la decisión no modifica el objetivo de cerrar todo el parque nuclear en 2035. La propia orden ministerial reconoce, sin embargo, que mantener Almaraz en funcionamiento reducirá un 7% la generación eléctrica con gas respecto al escenario previsto, lo que implica que su cierre en las fechas inicialmente programadas habría obligado a recurrir en mayor medida a los ciclos combinados y, por tanto, a una fuente de generación con emisiones de gases de efecto invernadero.
El Gobierno ha decidido retrasar el cierre de la central nuclear de Almaraz y permitir que sus dos reactores continúen funcionando hasta el 8 de junio de 2030. La Orden TED/864/2026, publicada este viernes en el Boletín Oficial del Estado, sustituye las autorizaciones que establecían el cese de explotación de Almaraz I el 1 de noviembre de 2027 y de Almaraz II el 31 de octubre de 2028. La prolongación supone, por tanto, aproximadamente 31 meses adicionales para el primer reactor y 19 para el segundo.
La decisión culmina el procedimiento iniciado por Centrales Nucleares Almaraz-Trillo (CNAT) el 30 de octubre de 2025, cuando solicitó ampliar la autorización de ambas unidades hasta junio de 2030. El Consejo de Seguridad Nuclear emitió el pasado 16 de julio un informe favorable a la renovación, condicionado al cumplimiento de los límites y requisitos de seguridad nuclear y protección radiológica establecidos por el regulador. La central dispone además de una Revisión Periódica de Seguridad vigente precisamente hasta junio de 2030.
Pero, más allá de las cuestiones estrictamente técnicas y de seguridad, la orden incorpora una extensa justificación de política energética para explicar un cambio que afecta a la primera instalación que debía iniciar el calendario de cierre nuclear español. El Ejecutivo insiste en que se trata de una medida “limitada y acotada” y asegura que no supone una rectificación de su estrategia nuclear. Según el Ministerio, la prórroga representa una fracción reducida de la vida prevista del parque y “no altera” ni el calendario de cierre del resto de las centrales ni la fecha de 2035 fijada para el cese definitivo del conjunto del parque nuclear.
El Gobierno mantiene la hoja de ruta
El Gobierno mantiene así formalmente la hoja de ruta que prevé la desaparición progresiva de los siete reactores actualmente en explotación y presenta Almaraz como una excepción temporal provocada por circunstancias sobrevenidas. La razón principal que ofrece para justificarla es el deterioro del contexto energético internacional. La orden señala expresamente que la crisis en Oriente Medio ha incrementado de manera significativa los precios y la volatilidad de los combustibles fósiles, especialmente del gas natural, y advierte de que el contexto geopolítico y los daños sufridos por infraestructuras de producción y exportación prolongan la incertidumbre para los próximos años.
Es precisamente esta argumentación la que introduce una cuestión especialmente relevante para el debate sobre el cierre nuclear. El propio Ministerio ha calculado qué ocurriría en el sistema eléctrico si Almaraz permanece operativa hasta 2030 y reconoce que la nuclear sustituirá, en parte, producción que de otro modo procederá de centrales de ciclo combinado.
El análisis de sensibilidad incluido en la orden estima que la prolongación de Almaraz reducirá en 2030 un 1,4% la generación renovable respecto al escenario contemplado por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, pero, al mismo tiempo, disminuirá un 7% la generación procedente de gas natural en ciclos combinados. El Gobierno considera que la afección sobre las renovables es pequeña y no compromete los objetivos europeos de España, pero el segundo dato resulta particularmente significativo: el escenario oficial reconoce que, sin la aportación de Almaraz, el sistema eléctrico necesitaría producir más electricidad quemando gas.
Consecuencias para la lucha contra el cambio climático
La conclusión tiene también una consecuencia climática. Las centrales de ciclo combinado utilizan un combustible fósil y generan emisiones directas de dióxido de carbono, mientras que la producción eléctrica nuclear no requiere combustión durante la operación. La Agencia Europea de Medio Ambiente identifica precisamente la reducción del peso de la generación térmica fósil y el aumento de las fuentes bajas en carbono entre los factores fundamentales que han permitido disminuir la intensidad de emisiones de la electricidad europea.
La orden no cuantifica cuántas toneladas adicionales de CO₂ habría supuesto cerrar Almaraz en 2027 y 2028, ni utiliza este argumento para revisar la política nuclear hasta 2035. Sin embargo, los propios números empleados para justificar la prórroga constituyen un reconocimiento de que, al menos durante esta fase de la transición energética, retirar capacidad nuclear antes de disponer de suficiente generación renovable, almacenamiento, redes e interconexiones puede provocar que una parte de esa producción sea sustituida por gas y no exclusivamente por energías renovables. Mantener Almaraz reduce en un 7% el uso previsto de los ciclos combinados; su ausencia implica, por definición dentro del mismo escenario de cálculo, una mayor utilización de estas centrales.
El Ministerio utiliza además este efecto para justificar la prórroga desde el punto de vista económico. Según la orden, mantener Almaraz hasta 2030 permitirá moderar temporalmente la exposición de los consumidores españoles a posibles picos de precios internacionales del gas mientras continúan desarrollándose las renovables y el almacenamiento, que el Ejecutivo sigue considerando las soluciones estructurales para reducir la dependencia exterior de los combustibles fósiles.
La argumentación supone un cambio relevante respecto a un debate que durante años se había planteado fundamentalmente en términos de sustitución progresiva de la nuclear por renovables. La resolución introduce ahora de manera explícita un tercer elemento: el gas. El Gobierno no renuncia al cierre nuclear, pero admite que el ritmo al que se retiren los reactores tiene consecuencias sobre cuánto deberán funcionar las centrales térmicas mientras no exista suficiente capacidad alternativa disponible.
Estabilidad del suministro
También Red Eléctrica ha informado al Ejecutivo de que mantener Almaraz disponible hasta junio de 2030 realiza una aportación positiva al sistema eléctrico, aunque limitada en determinados aspectos, y que su importancia aumenta en el actual escenario de incertidumbre sobre la evolución futura del sistema. El operador advierte, no obstante, de que la prórroga no elimina la necesidad de continuar con las actuaciones destinadas a reforzar la seguridad y estabilidad del suministro.
El Ejecutivo subraya asimismo que la extensión no provocará un incremento significativo de los costes asociados a los residuos radiactivos. Enresa considera que el aumento del inventario derivado de estos meses adicionales de funcionamiento será reducido y no obligará a ampliar las instalaciones de almacenamiento existentes o previstas, por lo que no espera que se trasladen costes adicionales ni a los consumidores ni a los Presupuestos Generales del Estado.
La prórroga de Almaraz no equivale, por sí sola, a demostrar que el cierre completo del parque nuclear en 2035 vaya necesariamente a incrementar las emisiones: para entonces el resultado dependerá del grado real de despliegue de renovables, almacenamiento, redes, interconexiones y gestión de la demanda. Pero la decisión adoptada ahora sí introduce un precedente importante. El Gobierno mantiene que 2035 continúa siendo el final de la energía nuclear en España al mismo tiempo que reconoce, para el primer cierre que debía ejecutarse, que retrasarlo reduce el consumo de gas, limita la exposición a sus precios internacionales y disminuye la necesidad de generación fósil. Es, en definitiva, la propia justificación oficial de la prórroga la que admite que el calendario de retirada nuclear y la utilización de los combustibles fósiles están directamente relacionados.
